default

Política


Érase una tierra tendida sobre un istmo, donde era más claro el cielo y más brillante el sol. En ella se escuchaba danzar el dinero, al igual que en las grandes capitales envueltas en los caracoles de concreto, vidrio y alcohol. Las gentes revolvían la mirada y a veces sentían espanto ante la abundante riqueza, la cual no encontraban el camino para poder alcanzar. El destino había dispuesto arrancarle todo aquello que alguna vez creyeron suyo. Sólo le quedaban los recuerdos, los pedazos de la vida envueltos en jirones de desesperación y de dolor. La resignación, la angustia ante el futuro eran sentimientos que se apoderaban de los viejos senderos retorcidos donde nacieron los sueños y las esperanzas de una patria igual para todos.

Parecía no haber esperanza donde el hombre cansado pudiese desmayar, no habían viejos troncos donde volver a soñar. Esos vetustos tiempos, queridos y lejanos sólo eran nostalgias.

En medio del repicar de los recuerdos se acercó el tiempo en que aparecieron como siempre hombres y mujeres que prometían, como aquel cuento sabido y mal contado, rescatar las esperanzas de las gentes y devolverle su dignidad. Prometían cualquier cosa. Acabar con el hambre y que cada quien podría llevar el pan a la mesa, no habría delincuencia y la riqueza se repartiría entre todos. Aquellos utilizarían todo medio a su disposición para intentar convencer que sus propuestas eran insustituibles y que sin ellos, la patria no podría volver a soñar. Se escucharían interminablemente en la radio, la televisión, los periódicos. Inventarían cuanto se les ocurría para saturar a las gentes hasta el desquiciamiento.

Lo que aquellos ignoraban era que quizás sería posible creerles, sino fuera porque esos hombres y mujeres no podían descubrir quiénes eran las palmas bondadosas que les proporcionaban los recursos interminables para convencernos.

Y nuevamente las gentes no podrían confiar de todo aquel que no pudiese abrir sus libros para escudriñar que sus esperanzas no estuviesen hipotecas por aquellos que estaban dejando una patria tan chica que cabía toda entera debajo de la sombra de nuestro pabellón.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América