Política económica
La ausencia de cambios institucionales y de políticas económicas y sociales más apropiadas y eficaces, ha acentuado las desigualdades y contribuido a la discriminación y el conflicto social, a los comportamientos delictivos, al enfrentamiento político y, en general, a la insatisfacción, la inestabilidad, la inseguridad y la violencia social. Esto explica la dificultad de lograr consensos políticos y económicos básicos y de recuperación de un indispensable crecimiento económico a tasas satisfactorias.
Las tensiones y conflictos sociales están presentes. No sólo hay que superar el problema de la deuda externa, sino enfrentar una profunda reorganización del Estado y sus relaciones con la sociedad civil. Además, rearticular un modelo dinámico de acumulación, crecimiento y desarrollo capaz de regenerar un excedente sustancial y en expansión que pueda satisfacer las agudas demandas sociales.
La propuesta impulsada por los organismos internacionales encargados de ejecutar las políticas de ajuste y reestructuración, por los gobiernos de los países industrializados, por la banca internacional y por los sectores empresariales y tecnocráticos internacionalizados de la sociedad panameña, continúa siendo la ideología y el programa neoliberal. Ello, a pesar de que las limitaciones sociales y dinámicas han quedado en evidencia y sus costos políticos están resultando intolerables en muchos casos.
Es indispensable que un proceso renovado de desarrollo requiera de nuevas dinámicas de inserción internacional, de la elevación de la productividad, la eficiencia y la competitividad; del aumento del ahorro y la inversión; de la reducción, racionalización, flexibilización y mayor eficiencia en el aparato estatal; del logro y manutención de un grado razonable de equilibrio en los balances macroeconómicos, y del perfeccionamiento del rol del mercado y los agentes económicos privados, nacionales y extranjeros.
Hay un alto grado de convergencia en estos objetivos y orientaciones generales, pero también hay profundas divergencias de enfoque, así como de diagnóstico y respecto a las políticas económicas y sociales específicas. El neoestructuralismo considera esencial adoptar modalidades de política económica que se puedan conjugar con una acción política no sólo compatible sino que, ojalá, fuera fortalecedora de la democracia, de tal forma que compartan razonablemente los inevitables costos sociales de las reformas.
La supervivencia de los procesos de democratización requiere programas políticos y económicos profundamente realistas pero, a la vez, claramente progresistas, en el sentido de tener prioritariamente presente el bienestar de las mayorías populares. No se trata de resucitar populismos añejos, lo que es materialmente imposible. Hay que tener plena conciencia de las nuevas realidades y exigencias, y las restricciones que entrañan. Pero hay que desarrollar también la capacidad de concertar políticamente la realización de reformas imprescindibles para que se compartan los sacrificios sociales que entrañan y se distribuyan con mayor justicia los frutos de la recuperación del desarrollo.
Se trata, entre otras políticas concretas, de impulsar la inaplazable mejora de los deteriorados niveles de vida de, al menos, los sectores más postergados durante estas décadas y más perjudicados por las políticas de ajuste y reestructuración; de procurar el aumento y la diversificación de las exportaciones por medio del aumento de la productividad y no sólo por la reducción indiscriminada de aranceles aduaneros y la rebaja de salarios; de adoptar medidas concretas y prácticas de concertación e integración regional y de negociación externa conjunta en materia de deuda, acceso a mercados y financiación; de fortalecer la empresa privada tanto grande como, sobre todo, mediana, pequeña y cooperativa; de robustecer, no obstante, las funciones básicas del Estado y su capacidad para orientar el desarrollo económico, especialmente en materia social, ambiental y de control de los monopolios públicos y privados, nacionales y extranjeros.
Y es que la charla imprimía amenidad a una ruta cargada de aventura. Para Alleyna hasta el susurro de las ramas al moverse y la variedad del bosque que se deja ver a lo lejos, eran motivo de fotografía.
Delgada y en buena forma, el sendero no representaba mayores impedimentos. "Camino mucho en mi pueblo y eso me fascina", relató en inglés, dejando escapar una que otra palabra en español con dificultad.
Sus seis meses de vacaciones a las que se acogió desde octubre los ha dedicado a explorar sitios ecológicos con la sola información que le facilita el Internet.
Al terminar esta gira por Boquete viajaría a Bocas del Toro "que me han dicho que es precioso".
En medio de aquella grandeza natural un comedor ha sido instalado estratégicamente en una planicie. Estábamos cerca, nos aseguró Ezequiel, pero antes un mirador desde donde se aprecian majestuosamente ambos océanos no podía pasar desapercibido.
Varias mesas de madera nos recibieron luego. Arribamos pasado el mediodía. Más de la mitad de la travesía hacía falta aún, pero recuperar fuerzas con una comida ligera se había convertido en prioridad unos minutos antes.
Fue entonces cuando se acercó una pareja de holandeses que iban rumbo a Boquete. "Nos gusta mucho este lugar porque te hace olvidarte del ajetreo de la ciudad", manifestó de inmediato la dama, mientras su esposo mencionó casi de inmediato que no han viajado siquiera a la capital porque "prefieren la naturaleza".
Minutos más tarde se emprendió nuevamente la caminata. Ahora, con baterías recargadas, se apreciaba una vegetación más abundante y el silbido de los quetzales nos avisaba que estaban cerca, al menos eso parecía.
Poco después de las 2:00 de la tarde penetramos "un bosque nuboso", como lo describió Ezequiel. El sitio se distingue de lo que hasta ahora se había observado. El espesor de las hojas de los árboles lo hacía diferente.
La tarde avanzaba y el sendero continuaba ofreciendo lo mejor de la naturaleza muy cerca del modernismo citadino.
Precisamente al humo de los autobuses y la congestión vehicular le huyó un australiano que encontramos antes de finalizar.
"Vine buscando la tranquilidad de la naturaleza y este es el lugar ideal", precisó antes de avanzar y de perder el ritmo alcanzado hasta entonces.
Aún nos faltaba mucho por ver. Casi a las 5:00 de la tarde fuimos recogidos en el sector de Bajo Mono de Boquete.
Atrás habían quedado "la loma de los lamentos" (una empinada que hace honor a su nombre) y el resto de aquel camino que seguía siendo atravesado por propios y extranjeros en busca del secreto ecológico que oxigena las grandes ciudades.
Las tensiones y conflictos sociales están presentes. No sólo hay que superar el problema de la deuda externa, sino enfrentar una profunda reorganización del Estado y sus relaciones con la sociedad civil. Además, rearticular un modelo dinámico de acumulación, crecimiento y desarrollo capaz de regenerar un excedente sustancial y en expansión que pueda satisfacer las agudas demandas sociales.
La propuesta impulsada por los organismos internacionales encargados de ejecutar las políticas de ajuste y reestructuración, por los gobiernos de los países industrializados, por la banca internacional y por los sectores empresariales y tecnocráticos internacionalizados de la sociedad panameña, continúa siendo la ideología y el programa neoliberal. Ello, a pesar de que las limitaciones sociales y dinámicas han quedado en evidencia y sus costos políticos están resultando intolerables en muchos casos.
Es indispensable que un proceso renovado de desarrollo requiera de nuevas dinámicas de inserción internacional, de la elevación de la productividad, la eficiencia y la competitividad; del aumento del ahorro y la inversión; de la reducción, racionalización, flexibilización y mayor eficiencia en el aparato estatal; del logro y manutención de un grado razonable de equilibrio en los balances macroeconómicos, y del perfeccionamiento del rol del mercado y los agentes económicos privados, nacionales y extranjeros.
Hay un alto grado de convergencia en estos objetivos y orientaciones generales, pero también hay profundas divergencias de enfoque, así como de diagnóstico y respecto a las políticas económicas y sociales específicas. El neoestructuralismo considera esencial adoptar modalidades de política económica que se puedan conjugar con una acción política no sólo compatible sino que, ojalá, fuera fortalecedora de la democracia, de tal forma que compartan razonablemente los inevitables costos sociales de las reformas.
La supervivencia de los procesos de democratización requiere programas políticos y económicos profundamente realistas pero, a la vez, claramente progresistas, en el sentido de tener prioritariamente presente el bienestar de las mayorías populares. No se trata de resucitar populismos añejos, lo que es materialmente imposible. Hay que tener plena conciencia de las nuevas realidades y exigencias, y las restricciones que entrañan. Pero hay que desarrollar también la capacidad de concertar políticamente la realización de reformas imprescindibles para que se compartan los sacrificios sociales que entrañan y se distribuyan con mayor justicia los frutos de la recuperación del desarrollo.
Se trata, entre otras políticas concretas, de impulsar la inaplazable mejora de los deteriorados niveles de vida de, al menos, los sectores más postergados durante estas décadas y más perjudicados por las políticas de ajuste y reestructuración; de procurar el aumento y la diversificación de las exportaciones por medio del aumento de la productividad y no sólo por la reducción indiscriminada de aranceles aduaneros y la rebaja de salarios; de adoptar medidas concretas y prácticas de concertación e integración regional y de negociación externa conjunta en materia de deuda, acceso a mercados y financiación; de fortalecer la empresa privada tanto grande como, sobre todo, mediana, pequeña y cooperativa; de robustecer, no obstante, las funciones básicas del Estado y su capacidad para orientar el desarrollo económico, especialmente en materia social, ambiental y de control de los monopolios públicos y privados, nacionales y extranjeros.
Y es que la charla imprimía amenidad a una ruta cargada de aventura. Para Alleyna hasta el susurro de las ramas al moverse y la variedad del bosque que se deja ver a lo lejos, eran motivo de fotografía.
Delgada y en buena forma, el sendero no representaba mayores impedimentos. "Camino mucho en mi pueblo y eso me fascina", relató en inglés, dejando escapar una que otra palabra en español con dificultad.
Sus seis meses de vacaciones a las que se acogió desde octubre los ha dedicado a explorar sitios ecológicos con la sola información que le facilita el Internet.
Al terminar esta gira por Boquete viajaría a Bocas del Toro "que me han dicho que es precioso".
En medio de aquella grandeza natural un comedor ha sido instalado estratégicamente en una planicie. Estábamos cerca, nos aseguró Ezequiel, pero antes un mirador desde donde se aprecian majestuosamente ambos océanos no podía pasar desapercibido.
Varias mesas de madera nos recibieron luego. Arribamos pasado el mediodía. Más de la mitad de la travesía hacía falta aún, pero recuperar fuerzas con una comida ligera se había convertido en prioridad unos minutos antes.
Fue entonces cuando se acercó una pareja de holandeses que iban rumbo a Boquete. "Nos gusta mucho este lugar porque te hace olvidarte del ajetreo de la ciudad", manifestó de inmediato la dama, mientras su esposo mencionó casi de inmediato que no han viajado siquiera a la capital porque "prefieren la naturaleza".
Minutos más tarde se emprendió nuevamente la caminata. Ahora, con baterías recargadas, se apreciaba una vegetación más abundante y el silbido de los quetzales nos avisaba que estaban cerca, al menos eso parecía.
Poco después de las 2:00 de la tarde penetramos "un bosque nuboso", como lo describió Ezequiel. El sitio se distingue de lo que hasta ahora se había observado. El espesor de las hojas de los árboles lo hacía diferente.
La tarde avanzaba y el sendero continuaba ofreciendo lo mejor de la naturaleza muy cerca del modernismo citadino.
Precisamente al humo de los autobuses y la congestión vehicular le huyó un australiano que encontramos antes de finalizar.
"Vine buscando la tranquilidad de la naturaleza y este es el lugar ideal", precisó antes de avanzar y de perder el ritmo alcanzado hasta entonces.
Aún nos faltaba mucho por ver. Casi a las 5:00 de la tarde fuimos recogidos en el sector de Bajo Mono de Boquete.
Atrás habían quedado "la loma de los lamentos" (una empinada que hace honor a su nombre) y el resto de aquel camino que seguía siendo atravesado por propios y extranjeros en busca del secreto ecológico que oxigena las grandes ciudades.