Política en Panamá, sociedad anónima
A pesar que la actividad política es el ente principal en la vida y el destino de la nación, la misma se encuentra en poder de los grandes imperios económicos y sociales, que la manejan directa e indirecta o de manera diplomática. Los poderes económicos, sociales y los políticos de apellidos tradicionales manejan esa actividad y a la nación a su antojo como si fuera una finca privada y social, devengando de ella sus mejores frutos.
Es evidente, aún más en las campañas electorales, el mecanismo que usan los políticos tradicionales apoyados de sus imperios económicos y sociales para que se haga lo que ellos dicen. Aunque se trate tapar el sol con las manos, sus capitales y sus poderes sociales manejan esa actividad al extremo que, al instalarse los gobiernos, se cobran sus aportes abusando de ellos con los privilegios y posiciones de relevancia dentro de los poderes del Estado y en el cuerpo diplomático.
Esta actividad no la manejan como un patrimonio jurídico igual que sus empresas, porque aún le pertenece a la nación, según la Constitución Nacional, pero sí la manejan con diplomacia, como una especie de sociedad anónima. Es lamentable para la patria y los panameños marginados que la política, tan imprescindible para el bienestar y el desarrollo de la nación, sea explotada para el beneficio de ciertos sectores económicos y sociales del país, muy a pesar de existir una pesada y elevada taza de desempleo, enfermedades, desnutrición y caminos de penetración en regiones rurales en condiciones intransitables.
Es inhumano el comportamiento de algunos sectores económicos, sociales y políticos de servirse de la nación de manera egoísta e inmoral, haciendo la brecha más grande entre pobres y ricos, sobretodo cuando la historia nos ha dicho la causa de las explosiones sociales, revoluciones y guerras civiles. Ojalá se cambie el sistema político en Panamá distribuyendo de manera patriótica y humana los beneficios que a cada cual le pertenece por igual y no el monopolio de unos cuantos.
Es evidente, aún más en las campañas electorales, el mecanismo que usan los políticos tradicionales apoyados de sus imperios económicos y sociales para que se haga lo que ellos dicen. Aunque se trate tapar el sol con las manos, sus capitales y sus poderes sociales manejan esa actividad al extremo que, al instalarse los gobiernos, se cobran sus aportes abusando de ellos con los privilegios y posiciones de relevancia dentro de los poderes del Estado y en el cuerpo diplomático.
Esta actividad no la manejan como un patrimonio jurídico igual que sus empresas, porque aún le pertenece a la nación, según la Constitución Nacional, pero sí la manejan con diplomacia, como una especie de sociedad anónima. Es lamentable para la patria y los panameños marginados que la política, tan imprescindible para el bienestar y el desarrollo de la nación, sea explotada para el beneficio de ciertos sectores económicos y sociales del país, muy a pesar de existir una pesada y elevada taza de desempleo, enfermedades, desnutrición y caminos de penetración en regiones rurales en condiciones intransitables.
Es inhumano el comportamiento de algunos sectores económicos, sociales y políticos de servirse de la nación de manera egoísta e inmoral, haciendo la brecha más grande entre pobres y ricos, sobretodo cuando la historia nos ha dicho la causa de las explosiones sociales, revoluciones y guerras civiles. Ojalá se cambie el sistema político en Panamá distribuyendo de manera patriótica y humana los beneficios que a cada cual le pertenece por igual y no el monopolio de unos cuantos.