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Política exterior de fronteras


A nte los desafíos de la globalización, la estabilidad política nacional depende del adecuado balance de la gobernabilidad democrática para promover la prosperidad económica sin traumas sociales y en el diseño de una política exterior, cuyos temas de Estado trasciendan los períodos presidenciales. Ello dará continuidad y coherencia a la proyección del país, como han sido el Canal, la defensa de los derechos humanos, las negociaciones de apertura económica en el marco de la OMC, los tratados de libre comercio y el sistema multimodal de transporte interoceánico.
Sin embargo, sorteados los factores internos, nos enfrentamos a un aspecto básico que no podemos seguir soslayando: garantizar la estabilidad política de Panamá en los próximos años y con esto la imperiosa necesidad de diseñar una política de fronteras con Colombia y Costa Rica, países vecinos con grandes contrastes y una dimensión de sus economías que, por lo demás, comparten una serie de rasgos políticos y económicos. Ambos disfrutan de derechos gratuitos de tránsito por el Canal sustentados en tratados bilaterales, cuentan con sistemas democráticos, promoción de los derechos humanos, economías de mercado y procesos de apertura y liberalización, así como el interés en los procesos de integración. Al igual que Panamá, además, enfrentan retos como la globalización o la revolución tecnológica, la lucha contra el narcotráfico, el contrabando de indocumentados y armas, etc.
Colombia, por ejemplo, es el segundo productor mundial de café y tiene el 95% de la producción mundial de esmeraldas; produce oro, plata, platino, cobre, uranio y otros minerales; posee las mayores reservas carboníferas y yacimientos petrolíferos. Sin duda, es un país rico que se encuentra inmerso en una inestabilidad política durante los últimos 70 años. Comparte fronteras con Panamá.
Con una extensión de 1,141,748 km2, Colombia es el cuarto país más grande de América del Sur, cuenta con 40,349,388 de habitantes, tiene economía estable y diversificada pese a la violencia desencadenada por el tráfico de drogas y la guerrilla. Durante varias décadas ha disfrutado del más consistente crecimiento de toda la América Latina. Su economía creció 3.94% en el 2003, el más alto índice de los últimos seis años, aunque los ingresos por remesas del exterior y del tráfico de drogas podrían superar los del café y el petróleo. Representa un mercado más grande que los 30 millones de habitantes de Centroamérica y después de 100 años de separación, nos enfrentamos a la disyuntiva de incurrir en ostensibles gastos militares para fortificar nuestras fronteras o delegar las funciones jurisdiccionales de custodia a fuerzas militares extranjeras bajo el riesgo de involucrarnos en el conflicto interno colombiano o bien invertimos en su desarrollo sostenible.
Por consiguiente, la Cancillería precisa modificar el tradicional enfoque de sus relaciones bajo el esquema de seguridad a una diplomacia comercial, porque durante los últimos años, Panamá ha absorbido inversión extranjera directa de este vecino país, por lo que se impone promover el desarrollo de programas de cooperación en el ámbito fronterizo, aduanero y de migración, al punto de aproximarnos al diseño de una política de fronteras cuyos resultados garantizarían la estabilidad social y la prosperidad económica en poblaciones limítrofes y, por tanto, frenaría las tendencias de los desplazados que huyen hacia la frontera panameña en busca de oportunidades.
Por su parte, Costa Rica, con el que compartimos una frontera estable, aunque se presentan problemas relativos al tráfico de armas, drogas e indocumentados. El año pasado tuvo un crecimiento en el PIB de 5.6%, ligeramente superior al 5.3% proyectado en agosto de acuerdo con estimaciones del Banco Central de Costa Rica (BCCR). El crecimiento económico depende de que logre firmar este año el tratado de libre comercio con Estados Unidos. Por tanto, podemos considerar que su economía dependiente del turismo y la exportación de plátano, café y otros productos agrícolas se ha mantenido estable y con signos de crecimiento.
Los principales temas de la agenda bilateral con estos países pasan por la complementariedad económica e integración comercial, así como la integración energética, la cooperación e integración fronteriza, el control de los flujos migratorios y la cooperación en el desarrollo fronterizo a través de la reactivación de las comisiones mixtas entre estas naciones. De allí la importancia de diseñar una política de interrelación con los nuestros vecinos, que seguramente contribuirá a consolidar la posición de Panamá en su articulación con los procesos de complementación económica, de integración energética y comercial que experimentan tanto Centroamérica como Colombia, a tal punto que a mediano plazo podríamos convertir al país en un centro del equilibrio regional y vecinal.
Panamá, entonces, precisa intensificar su agenda bilateral fronteriza, ejecutando instrumentos de cooperación judicial para erradicar las drogas y delitos conexos, la cooperación económica y los programas de desarrollo fronterizo. Colombia y Costa Rica están llamados a ser importantes socios privilegiados del desarrollo panameño y, por ello, debemos promover una diplomacia preventiva, porque la estabilidad social y política del país requiere de un enfoque que garantice una eficaz administración de nuestras fronteras como salvaguarda del funcionamiento óptimo del Canal.
Agregó que quienes protestaron son gente común y corriente de las bananeras que lucha por el mandato de las Asambleas, consideradas por las bases como la máxima autoridad, donde solicitaron la renuncia de Morris y nombraron una nueva junta.

101 años de Panamá América

 
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