Política fiscal y calificación de riesgo
La semana pasada, el presidente de la Asociación Bancaria, Luis Navarro, refiriéndose al último descenso de la calificación riesgo-país de Panamá, estimado por la evaluadora internacional Standard & Poor´s, opinó que ello se debía a varios factores, entre los que citó la merma del nivel de ingresos del gobierno y el incremento de sus gastos, así como el alto endeudamiento público y privado.
Una señal en ese sentido, es que las recaudaciones de impuestos disminuyeron durante el primer trimestre del año en B/.15 millones en comparación con el mismo período del año pasado. Este detalle es más grave por el hecho de que, en el mismo lapso, venció el plazo para acogerse a una moratoria de tributos adeudados, con el incentivo para los contribuyentes de poder ahorrarse pesados recargos e intereses. En otras palabras, ni el extraordinario esfuerzo de recaudación de la moratoria pudo evitar la significativa merma de los ingresos fiscales.
Panamá, pues, continúa por debajo del rango de inversión, lo cual encarece los préstamos y el flujo de capitales extranjeros. Los intereses que paga el país por sus deudas son altos y oscilan entre 8 y 9%. Bueno es tener presente que no se trata de un imposible pues, El Salvador, por ejemplo, ostenta grado de inversión.
Según Navarro, entre las fórmulas para avanzar en pos del preciado grado, estaría la aplicación de un control del gasto, con el fin de suprimir el déficit fiscal que arrastra el Estado en incumplimiento de las metas acordadas con sus acreedores internacionales. También mencionó la necesidad de una "reforma fiscal más allá de una reforma tributaria", advirtiendo que en este país no es posible, lo que han hecho otros, "reducir la carga impositiva".
Tres son los temas, a saber, la deuda, el déficit fiscal y los impuestos. Todos están íntimamente relacionados pues algunos estiman que si se incrementan los ingresos del gobierno, vía el aumento de impuestos, habría más dinero para afrontar los gastos causantes del déficit y para elevar los pagos a la deuda para su eventual reducción. Se trata, pues, de un problema de política fiscal, esto es, de cómo manejar los ingresos, la deuda y los gastos.
Concordamos en la necesidad de una reforma fiscal que introduzca mecanismos de control del gasto y la deuda pública. Hay que parar el drenaje de fondos y buscar un gobierno más eficiente. Nos oponemos además a cualquier reforma tributaria que implique aumento de impuestos, por su efecto recesivo y porque invita a gastar más. Coincidimos con lo planteado por el presidente de la Cámara de Comercio, José Javier Rivera, y por el titular del Consejo Nacional de la Empresa Privada (CoNEP), en que es preferible reducir los impuestos, además de podar la maleza de 50 impuestos nacionales, de los cuales sólo cuatro representan el 80% de todas las recaudaciones.
Todavía quedan muchas más interrogantes, por lo cual solicitamos se suspenda el debate sobre este proyecto de ley 44 o en todo caso, que la excelentísima Sra. Presidenta lo vete.
Una señal en ese sentido, es que las recaudaciones de impuestos disminuyeron durante el primer trimestre del año en B/.15 millones en comparación con el mismo período del año pasado. Este detalle es más grave por el hecho de que, en el mismo lapso, venció el plazo para acogerse a una moratoria de tributos adeudados, con el incentivo para los contribuyentes de poder ahorrarse pesados recargos e intereses. En otras palabras, ni el extraordinario esfuerzo de recaudación de la moratoria pudo evitar la significativa merma de los ingresos fiscales.
Panamá, pues, continúa por debajo del rango de inversión, lo cual encarece los préstamos y el flujo de capitales extranjeros. Los intereses que paga el país por sus deudas son altos y oscilan entre 8 y 9%. Bueno es tener presente que no se trata de un imposible pues, El Salvador, por ejemplo, ostenta grado de inversión.
Según Navarro, entre las fórmulas para avanzar en pos del preciado grado, estaría la aplicación de un control del gasto, con el fin de suprimir el déficit fiscal que arrastra el Estado en incumplimiento de las metas acordadas con sus acreedores internacionales. También mencionó la necesidad de una "reforma fiscal más allá de una reforma tributaria", advirtiendo que en este país no es posible, lo que han hecho otros, "reducir la carga impositiva".
Tres son los temas, a saber, la deuda, el déficit fiscal y los impuestos. Todos están íntimamente relacionados pues algunos estiman que si se incrementan los ingresos del gobierno, vía el aumento de impuestos, habría más dinero para afrontar los gastos causantes del déficit y para elevar los pagos a la deuda para su eventual reducción. Se trata, pues, de un problema de política fiscal, esto es, de cómo manejar los ingresos, la deuda y los gastos.
Concordamos en la necesidad de una reforma fiscal que introduzca mecanismos de control del gasto y la deuda pública. Hay que parar el drenaje de fondos y buscar un gobierno más eficiente. Nos oponemos además a cualquier reforma tributaria que implique aumento de impuestos, por su efecto recesivo y porque invita a gastar más. Coincidimos con lo planteado por el presidente de la Cámara de Comercio, José Javier Rivera, y por el titular del Consejo Nacional de la Empresa Privada (CoNEP), en que es preferible reducir los impuestos, además de podar la maleza de 50 impuestos nacionales, de los cuales sólo cuatro representan el 80% de todas las recaudaciones.
Todavía quedan muchas más interrogantes, por lo cual solicitamos se suspenda el debate sobre este proyecto de ley 44 o en todo caso, que la excelentísima Sra. Presidenta lo vete.