Política, gobierno y bloque dominante
Uno de los graves y serios problemas que enfrenta el gobierno de Doña Mireya Moscoso, es que se encuentra atrapado en una red o malla de contradicciones, que da cuenta que el Estado sigue siendo de manera importante, permeado por políticas de factura neoliberales, que en esencia fue la tónica del gobierno anterior que presidió el Dr. Ernesto Pérez Balladares.
En consecuencia, tenemos un gobierno definido con fuertes rasgos populistas, que procura hacerse de una base de sustentación caracterizada por los sectores que se articulan a la pequeña empresa y al sector empresarial que se vincula a la actividad fundamentalmente agrícola. Es evidente que algunas de las políticas económicas fundamentales del gobierno actual han estado dirigidas a privilegiar a estos sectores. Lo anterior genera un cuadro de contradicciones con los sectores económicos que se nuclean y acumulan en torno al esquema o modelo neoliberal. Se trata fundamentalmente de los grandes comerciantes importadores y grupos económicos que se dedican al negocio búrsatil, bancario y financiero.
Estos últimos en el gobierno pasado, constituían el bloque dominante en el Estado y permeaban a todo el Estado de esta lógica de pensamiento y acción neoliberal. Había una correspondencia entre Estado y Gobierno. Los términos de las correlaciones y contradicciones señaladas se han alterado sensiblemente, generando una especie de equilibrio inestable que pudiera tender a agravarse. El bloque dominante, si bien perdió el poder político, permea de manera importante las actuaciones del Estado, sin llegar a ser plenamente hegemónico, dado que encuentra en el gobierno una especie antípoda, dado que este intenta inclinar la balanza al interior del Estado, hacia soluciones que no estan necesariamente en las coordenadas del modelo neoliberal y de los grupos económicos, que han visto ampliar sus capitales dentro de este contexto económico. Todo el anterior correlato social y político-económico, se relaciona con un escenario donde estan presentes las luchas sociales populares y democrácticas de las grandes mayorías que integran ese polo que se identifica como el pueblo panameño. Sus luchas y movilizaciones, trascienden en el comportamiento del Estado. Dentro de ese mosaico, se destaca por su peso orgánico, la clase trabajadora, que tiene como voceros, al movimiento sindical. Debe obrar con mucho cuidado, ya que su protagonismo social, teniendo como eje solamente el tema reinvindicativo, pudiera inclinar correlaciones de fuerza, que no se advienen con los intereses del pueblo panameño.
La realidad arriba descrita, mantiene al país y a la sociedad en un estado de orilla a la confrontación y eventualmente el caos político, sobre todo, cuando el gobierno no logra constituir o hacer una sólida base social orgánica de sustentación, en tanto que en el propio seno de la actividad agropecuaria encuentra detractores, en tanto que como grupos empresariales, todavía no se sienten interpretados.
Es decir de este contexto, que no se puede analizar a la ligera las pasadas declaraciones del Presidente de la Cámara de Comercio en contra del gobierno. Aunque después se retractó, fueron virtualmente insurreccionales, tal vez con el cálculo de que se podían montar sobre la cresta de una ola de masas, dirigida por el movimiento sindical y en circunstancias de que éste, se ha venido distanciando de los sectores que se vinculan a la pequeña empresa. Evidentemente, se trató de un intento de capitalizar la coyuntura actual. No tengo dudas de que seguiran en su empeño, a fin de revertir la situación actual para privilegiar sus intereses.
Como podemos observar, en el escenario descrito, estan todos los interlocutores sociales, jugando a ganar. El resultado dependerá de las alianzas y correlaciones que se logren fraguar (fuerzas orgánicas) o sencillamente, operara el fenómeno de la balcanización caótica, que demandará de salidas mesiánicas, cesaristas, enarbolados por aventureros políticos, salidos de la bolsa o de la canalla, sin verdaderos y reales propósitos democráticos. O bien, se pudiera conjurar esto último con una salida negociada, tipo concertación, donde los actores del drama descrito, sellen un pacto nacional con un punto o eje de equilibrio, trabajado a base de concesiones recíprocas. Amanecerá y veremos.
En consecuencia, tenemos un gobierno definido con fuertes rasgos populistas, que procura hacerse de una base de sustentación caracterizada por los sectores que se articulan a la pequeña empresa y al sector empresarial que se vincula a la actividad fundamentalmente agrícola. Es evidente que algunas de las políticas económicas fundamentales del gobierno actual han estado dirigidas a privilegiar a estos sectores. Lo anterior genera un cuadro de contradicciones con los sectores económicos que se nuclean y acumulan en torno al esquema o modelo neoliberal. Se trata fundamentalmente de los grandes comerciantes importadores y grupos económicos que se dedican al negocio búrsatil, bancario y financiero.
Estos últimos en el gobierno pasado, constituían el bloque dominante en el Estado y permeaban a todo el Estado de esta lógica de pensamiento y acción neoliberal. Había una correspondencia entre Estado y Gobierno. Los términos de las correlaciones y contradicciones señaladas se han alterado sensiblemente, generando una especie de equilibrio inestable que pudiera tender a agravarse. El bloque dominante, si bien perdió el poder político, permea de manera importante las actuaciones del Estado, sin llegar a ser plenamente hegemónico, dado que encuentra en el gobierno una especie antípoda, dado que este intenta inclinar la balanza al interior del Estado, hacia soluciones que no estan necesariamente en las coordenadas del modelo neoliberal y de los grupos económicos, que han visto ampliar sus capitales dentro de este contexto económico. Todo el anterior correlato social y político-económico, se relaciona con un escenario donde estan presentes las luchas sociales populares y democrácticas de las grandes mayorías que integran ese polo que se identifica como el pueblo panameño. Sus luchas y movilizaciones, trascienden en el comportamiento del Estado. Dentro de ese mosaico, se destaca por su peso orgánico, la clase trabajadora, que tiene como voceros, al movimiento sindical. Debe obrar con mucho cuidado, ya que su protagonismo social, teniendo como eje solamente el tema reinvindicativo, pudiera inclinar correlaciones de fuerza, que no se advienen con los intereses del pueblo panameño.
La realidad arriba descrita, mantiene al país y a la sociedad en un estado de orilla a la confrontación y eventualmente el caos político, sobre todo, cuando el gobierno no logra constituir o hacer una sólida base social orgánica de sustentación, en tanto que en el propio seno de la actividad agropecuaria encuentra detractores, en tanto que como grupos empresariales, todavía no se sienten interpretados.
Es decir de este contexto, que no se puede analizar a la ligera las pasadas declaraciones del Presidente de la Cámara de Comercio en contra del gobierno. Aunque después se retractó, fueron virtualmente insurreccionales, tal vez con el cálculo de que se podían montar sobre la cresta de una ola de masas, dirigida por el movimiento sindical y en circunstancias de que éste, se ha venido distanciando de los sectores que se vinculan a la pequeña empresa. Evidentemente, se trató de un intento de capitalizar la coyuntura actual. No tengo dudas de que seguiran en su empeño, a fin de revertir la situación actual para privilegiar sus intereses.
Como podemos observar, en el escenario descrito, estan todos los interlocutores sociales, jugando a ganar. El resultado dependerá de las alianzas y correlaciones que se logren fraguar (fuerzas orgánicas) o sencillamente, operara el fenómeno de la balcanización caótica, que demandará de salidas mesiánicas, cesaristas, enarbolados por aventureros políticos, salidos de la bolsa o de la canalla, sin verdaderos y reales propósitos democráticos. O bien, se pudiera conjurar esto último con una salida negociada, tipo concertación, donde los actores del drama descrito, sellen un pacto nacional con un punto o eje de equilibrio, trabajado a base de concesiones recíprocas. Amanecerá y veremos.