Política independiente de Taiwan
Tras haberse confirmado el triunfo de Chen Shui-bian en las elecciones presidenciales, enlazadas con la legitimidad republicana iniciada en el continente en 1912 por Sun Yat-sen, el líder de la Revolución anti-imperial de 1911, concluyó el momento más peligroso del prolongado drama político en Taiwan.
Los departamentos oficiales del gobierno de la China Popular, ocupados de los asuntos de Taiwan, caracterizaron el referéndum del 20 de marzo sobre la compra de más misiles para la defensa del país, como un intento de "escindir la Patria".
Sin embargo, cualquiera que fuera la táctica de Beijing, no se puede olvidar que su objetivo estratégico consiste en reunificar Taiwan con la República Popular bajo sus condiciones, sin importar si lo desean los habitantes de la isla o no. Precisamente por eso, los poderes de China continental han instalado en las provincias vecinas con la isla, aproximadamente quinientos misiles "tierra-tierra".
Tal intensificación de estos armamentos ofensivos se puede considerar si no como una etapa en los preparativos para el asalto de Taiwan, al menos como un abierto chantaje.
La paradoja consiste en que amenazando abiertamente con desatar la guerra, en caso de que Taiwan se separe de la RPCH, Beijing entra (por sí solo) en un círculo vicioso.
Si las autoridades continentales no hubieran recurrido al lenguaje de la fuerza y hubieran reconocido el derecho del pueblo taiwanes a la libertad de elección, posiblemente habrían podido inclinar a la mayoría de los ciudadanos de la República China, en Taiwan, a la reunificación con la República Popular China.
De hecho tal posición significaría la renuncia a la coacción y la presión sobre los taiwaneses.
Pero justamente de eso se trata, de que Beijing reacciona, como el toro a la muleta roja (ese rectángulo de franela con el cual el matador se enfrenta al toro en el último tercio de la lidia) incluso, a la menor alusión de Taipei sobre la posibilidad de proclamar la independencia.
Es decir, China continental impone su voluntad a la gente, a la cual había prometido la autonomía y el status especial -sobre la base de la fórmula "un país, dos sistemas ".
Además, esta fórmula inventada por el arquitecto de las reformas chinas, Deng Xiao ping, en la práctica resultó dudosa debido a la conducta de los dirigentes de Beijing en Hong Kong.
La República Popular China declaró, todavía antes del traspaso del poder en ese territorio de la Gran Bretaña a China, que no intervendría en sus asuntos internos.
Sin embargo, el año pasado la situación política en la ex colonia comenzaba a desarrollarse según un guión no programado por Beijing.
Al principio, durante la manifestación de masas, y después, durante las elecciones locales, sus habitantes se han expresado en contra del jefe de la administración de Hong Kong designado por Beijing y por la ampliación de los derechos democráticos.
La experiencia de Hong Kong y sus conocimientos legales, le han servido al presidente Chen para incrementar, después del 20 de mayo, día de su investidura, los esfuerzos de buena fe de Taiwan en mejorar las relaciones con el continente; ya que durante su campaña electoral prometió crear un marco de paz y estabilidad para la interacción a través del Estrecho como medida para regular los contactos entre ambos lados hasta que se encuentre una solución final a la disputa política.
El deseo del presidente Chen Shui-bian y de la mayoría de los taiwaneses es lograr una paz duradera con China continental a través del diálogo y la cooperación.
Para eso, hay que iniciar negociaciones inmediatas sobre asuntos relacionados con los enlaces de transporte directos, el turismo, la lucha contra el crimen organizado a través del Estrecho y la protección a las inversiones.
Al fin y al cabo, los taiwaneses tienen ya la experiencia de conciliar sus divergencias por la vía democrática. Y la democracia, como bromeaba Winston Churchill, es el modo malo de dirigir el Estado. Pero los otros son aún peores...
Los departamentos oficiales del gobierno de la China Popular, ocupados de los asuntos de Taiwan, caracterizaron el referéndum del 20 de marzo sobre la compra de más misiles para la defensa del país, como un intento de "escindir la Patria".
Sin embargo, cualquiera que fuera la táctica de Beijing, no se puede olvidar que su objetivo estratégico consiste en reunificar Taiwan con la República Popular bajo sus condiciones, sin importar si lo desean los habitantes de la isla o no. Precisamente por eso, los poderes de China continental han instalado en las provincias vecinas con la isla, aproximadamente quinientos misiles "tierra-tierra".
Tal intensificación de estos armamentos ofensivos se puede considerar si no como una etapa en los preparativos para el asalto de Taiwan, al menos como un abierto chantaje.
La paradoja consiste en que amenazando abiertamente con desatar la guerra, en caso de que Taiwan se separe de la RPCH, Beijing entra (por sí solo) en un círculo vicioso.
Si las autoridades continentales no hubieran recurrido al lenguaje de la fuerza y hubieran reconocido el derecho del pueblo taiwanes a la libertad de elección, posiblemente habrían podido inclinar a la mayoría de los ciudadanos de la República China, en Taiwan, a la reunificación con la República Popular China.
De hecho tal posición significaría la renuncia a la coacción y la presión sobre los taiwaneses.
Pero justamente de eso se trata, de que Beijing reacciona, como el toro a la muleta roja (ese rectángulo de franela con el cual el matador se enfrenta al toro en el último tercio de la lidia) incluso, a la menor alusión de Taipei sobre la posibilidad de proclamar la independencia.
Es decir, China continental impone su voluntad a la gente, a la cual había prometido la autonomía y el status especial -sobre la base de la fórmula "un país, dos sistemas ".
Además, esta fórmula inventada por el arquitecto de las reformas chinas, Deng Xiao ping, en la práctica resultó dudosa debido a la conducta de los dirigentes de Beijing en Hong Kong.
La República Popular China declaró, todavía antes del traspaso del poder en ese territorio de la Gran Bretaña a China, que no intervendría en sus asuntos internos.
Sin embargo, el año pasado la situación política en la ex colonia comenzaba a desarrollarse según un guión no programado por Beijing.
Al principio, durante la manifestación de masas, y después, durante las elecciones locales, sus habitantes se han expresado en contra del jefe de la administración de Hong Kong designado por Beijing y por la ampliación de los derechos democráticos.
La experiencia de Hong Kong y sus conocimientos legales, le han servido al presidente Chen para incrementar, después del 20 de mayo, día de su investidura, los esfuerzos de buena fe de Taiwan en mejorar las relaciones con el continente; ya que durante su campaña electoral prometió crear un marco de paz y estabilidad para la interacción a través del Estrecho como medida para regular los contactos entre ambos lados hasta que se encuentre una solución final a la disputa política.
El deseo del presidente Chen Shui-bian y de la mayoría de los taiwaneses es lograr una paz duradera con China continental a través del diálogo y la cooperación.
Para eso, hay que iniciar negociaciones inmediatas sobre asuntos relacionados con los enlaces de transporte directos, el turismo, la lucha contra el crimen organizado a través del Estrecho y la protección a las inversiones.
Al fin y al cabo, los taiwaneses tienen ya la experiencia de conciliar sus divergencias por la vía democrática. Y la democracia, como bromeaba Winston Churchill, es el modo malo de dirigir el Estado. Pero los otros son aún peores...