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Política partidista estadounidense en Panamá


El Martes de Carnaval fue una fecha especial por diversas razones: además de ser el último día de nuestra diversión bacanal oficializada, fue la escaramuza definitiva en la aclaración del panorama electoral estadounidense. La hora cero había llegado para las campañas proselitistas de George W. Bush, John McCain, Bill Bradley y Al Gore cuando una decena de estados auspiciaron primarias para elegir los candidatos presidenciales del partido demócrata y del partido republicano.
El resultado no fue asombroso... Los favoritos, el actual gobernador de Texas George W. Bush y el vice presidente de los Estados Unidos Al Gore, han sido nominados por la oposición y el oficialismo respectivamente, para liderar sus bandos en la batalla por la Casa Blanca.
Panamá, a mi criterio, no debería estar apática a esta campaña electoral. El resultado de las elecciones estadounidenses en noviembre, irónicamente para nosotros época llena de recuerdos patrióticos un tanto agridulces, es crucial para el futuro de nuestras relaciones diplomáticas con el coloso del norte, ahora que el Canal es técnicamente nuestro. El por qué es simple y evidente, al analizar los pormenores de nuestros conflictos y nuestras conquistas con los Estados Unidos, se destaca un patrón: Panamá generalmente se ha llevado mejor con los gobiernos demócratas que con los gobiernos republicanos.
John Foster Dulles, Secretario de Estado del gobierno norteamericano durante los 50"s tomó como suya una cínica máxima del censor romano Catón cuando dijo: "Los Estados Unidos no tienen amigos, sólo intereses..." Estas palabras pueden definir muy bien nuestra percepción de la política exterior norteamericana, pero cada partido tiene su modo de actuar a nivel internacional, a veces en detrimento de terceros estados. Muy sabido es que el partido republicano, por su doctrina conservadora, es muy dado a coadyuvar financieramente a los militares. Por ello, las intervenciones estadounidenses amparadas bajo un ejecutivo republicano son fulminantes. Como muestras de esto podemos mencionar las intervenciones en Granada, en Panamá y en Irak.
A nivel nacional, si nos remontamos a nuestros inicios como nación independiente, vemos que la política republicana del Gran Garrote y de la Diplomacia del Dólar de Theodore Roosevelt y William H. Taft, respectivamente, fue la causante de nuestro malestar con el gobierno estadounidense. Este descontento se alivió un poco con las políticas sociales del Nuevo Pacto de Franklin D. Roosevelt, pues fue durante su gestión que se logró la primera revisión oficial del Tratado Hay - Bunau Varilla.
No escapan tampoco de este lineamiento las escabrosas relaciones entre el decadente mandato castrense del General Noriega con el gobierno de los presidentes republicanos Ronald Reagan y George Bush, que culminaron con la invasión del 20 de diciembre de 1989 y la voluntad del gobierno demócrata de James E. Carter de no seguir evadiendo las negociaciones para derogar definitivamente el Convenio de 1903; hecho que se consumó, para bien o para mal, con los Tratados Tres en Uno de 1977.
Pero también hay que aceptar que han habido sendas excepciones: no podemos catalogar los muchos factores que sirven de base a los esfuerzos diplomáticos de una manera tan simple. Dwight D. Eisenhower, héroe de la II Guerra Mundial nominado por los republicanos y escogido para asumir el ejecutivo estadounidense, devolvió las tierras del ferrocarril e impuso un control sobre las ventas de los comisariatos en la Zona del Canal por medio del Tratado Remón - Eisenhower y posteriormente reconoció oficialmente la soberanía panameña en la Zona del Canal.
Los tiempos han cambiado: la cortina de hierro cayó estrepitosamente y sus escombros yacen olvidados entre recuerdos berlineses. La política exterior norteamericana ha sufrido y sigue lamentando muchos reveses en su proceso de adaptación a este nuevo orden mundial, sin embargo, aún se vislumbra un verbo guerrero en las declaraciones del Gobernador George W. Bush cuando señaló, en un debate hace unos meses, que si por fas o por nefas existe en nuestro país alguna amenaza para el funcionamiento del Canal de Panamá, el no dudará en intervenir... por la fuerza si es necesario. Es un planteamiento atrevido que cumple fielmente la tesis del gobernador de Texas: "Un mundo peligroso necesita una espada afilada."
¿Qué podemos esperar de estas elecciones? Nadie sabe. La vida, la política y el derecho internacional público están siempre buscando una manera de sorprendernos con cambios erráticos en sus fuentes. Lo único que podemos hacer es estar preparados para saber a que atenernos, sea Bush o sea Gore, el escogido del pueblo estadounidense.

101 años de Panamá América

 
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