Política: ¿qué mentira nos decimos hoy?...
Ninguno de nosotros, usted lo sabe lector, lectora, cree en partidos políticos o en los políticos que nos guían, de gobierno o de oposición. O de nada, de bailar la vara. Ni aun los militantes más afanosos y gritones, al momento de defender sus partidos. Por la paila, porque los vean hacerlo, porque los nombren o los asciendan.
Sin que nos importa que "mal de muchos, consuelo de tontos", debemos sentirnos un poquito aliviados sabiendo que ese mal de nosotros, todos, es el mismo que padece la sociedad mundial, de un modo crónico. Una endemia social, una toxemia psicológica, afectiva, moral, ética, de principios. Lo más terrible, tal vez, o al menos para los que somos sensibles, es que cuando vemos a los dirigentes les decimos todo lo contrario a lo que sentimos. Igualito que en un teatro malo, de productores ridículos, con libretos pésimos y malos actores, al momento de saludarlos fingimos ese... "Estuvistes maravillosa.. Tu dirección fue impecable... Que guión más estupendo...", igual, en la vida real de la política, nos encontramos con un ministro, buena gente en lo personal como todos nosotros que somos buenos cuando nos quitan lo malo, y le decimos todos cosas como.. "Me encantó esa entrevista tuya en la televisión"... "Tremenda respuesta que le diste a la tipa esa que te entrevistó que es tan chocante"... "Ojalá hubiese más ministros como tú, esto se arreglaría"...
La diplomacia y la hipocresía nos sirven de lubricante, de vaselina, para disimular nuestra frustración colectiva, que a nivel individual toma matices, según nuestros principios de fondo, nuestra crianza, los valores inculcados por nuestros padres (si es que aún los recordamos con el contagio viral de la adulación y el vasallaje que nos enseña la política, o en el mejor de los casos, los preceptos religiosos espirituales, que deberíamos entresacar para la cura del alma, que son tan económicos como lo es la presencia de alguna Biblia oxidada en algún rincón de la casa, y en raras ocasiones alguna afinidad con otras lecciones éticas del oriente antiguo. Ese barato "Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo".
De otras latitudes, de México, por ejemplo, nos están llegando cada vez más conferencistas y seminarios, con diversos títulos como Talleres de Auto Estima... Charlas de Motivación Personal... o incluso Seminarios para Líderes, los cuales están ingresando al torrente bienhechor de una nueva dinámica regeneradora que el propio sistema autoinmune de la sociedad mundial está produciendo, como método curativo de la toxemia psíquica, porque todo el colectivo social, al igual que nuestro organismo requiere (y nos abstenemos de hacerlo por ignorancia tecnológica), de ayunos y semi ayunos para aliviar, por ejemplo, a nuestro sufrido colon de las libras de desecho que cual pedazos de caucho viejo se adhieren a sus paredes, en casi el ciento por ciento de los occidentales, enfermos de nuestras pésimas dietas, aun de las que creemos "naturales". Del mismo modo el planeta, que se sabe moribundo, tanto por la crisis de vida útil en el ecosistema, como por la crisis absoluta y sin excepciones que la política, los partidos, y todos nosotros los que nos aventuramos en ello padecemos; estamos por esa crisis buscando producir los remedios para no morir de una muerte espiritual, psicológica e incluso patológica.
Aterrizando en Panamá, me preguntó: ¿Qué nuevo cuento nos contamos en este casi nuevo milenio?... ¿Qué historia nos echamos?... ¿Quién es el nuevo líder o nueva líder que nos solucionará los problemas?.
Y continuamos, indolentes, enfermos incurables, pretendiendo que creemos en alguien, totalmente de los dientes para afuera. Nos convertimos en hipócritas perennes, sin el menor rubor. Hablamos maravillas de él o ella, de las que mandan principalmente, en el sitio público o la reunión social, porque tienen orejas presentes; y a la vuelta de la esquina derramamos las críticas más aberrantes. Alguna ligerísima ventaja tienen los políticos, que con una mínima intuición, son capaces de detectar esa farsa. Ya es algo.
¿Y a qué vamos?...¿Al total escepticismo?.. ¿A la profecía de la ruina y la destrucción?... Nada de eso. Todo lo contrario.
El ser social del mundo conoce toda su desgracia, en lo íntimo de ella. Sabe en su alma que el enfermo no es "el otro o la otra". Que somos todos. Que esa gente enferma, maleada, hipócrita, corrupta, al igual que todos los que andamos con el colon podrido aunque comamos caviar, somos "tú mismo, que es igual que yo mismo". En realidad los remedios, siendo naturales y tan accesibles, nos cuestan una enormidad, porque el precio a nuestro ego esa altísimo: el perdón, el desprendimiento, la humildad, la caridad, la fraternidad, casi nunca llegan a nosotros, de verdad. A veces tenemos que esperar el dolor, para entonces incorporarlos a duras penas, en ocasiones casi al final de este túnel. No obstante, como los humanos, pese a todas nuestras estupideces, normalmente, aunque seamos malos, no le queremos dar culebras o alacranes a nuestros hijos (que al menos a ellos los queremos un poco más que al resto), algunos laboratorios del mundo están procesando esas medicinas de urgencia, en forma de grandes avances socio-afectivos para curarnos. Y quienes tengamos oídos para oír y oigamos, nos salvaremos, sin grandes costos. En verdad, está mucho más cerca de lo que creemos "El reino de Dios sobre la Tierra". Cuidado amigo, amiga, que está exactamente con usted y aún no lo sabe. No lo sabemos. Podríamos tener sorpresas gratas, hasta en la política.
Sin que nos importa que "mal de muchos, consuelo de tontos", debemos sentirnos un poquito aliviados sabiendo que ese mal de nosotros, todos, es el mismo que padece la sociedad mundial, de un modo crónico. Una endemia social, una toxemia psicológica, afectiva, moral, ética, de principios. Lo más terrible, tal vez, o al menos para los que somos sensibles, es que cuando vemos a los dirigentes les decimos todo lo contrario a lo que sentimos. Igualito que en un teatro malo, de productores ridículos, con libretos pésimos y malos actores, al momento de saludarlos fingimos ese... "Estuvistes maravillosa.. Tu dirección fue impecable... Que guión más estupendo...", igual, en la vida real de la política, nos encontramos con un ministro, buena gente en lo personal como todos nosotros que somos buenos cuando nos quitan lo malo, y le decimos todos cosas como.. "Me encantó esa entrevista tuya en la televisión"... "Tremenda respuesta que le diste a la tipa esa que te entrevistó que es tan chocante"... "Ojalá hubiese más ministros como tú, esto se arreglaría"...
La diplomacia y la hipocresía nos sirven de lubricante, de vaselina, para disimular nuestra frustración colectiva, que a nivel individual toma matices, según nuestros principios de fondo, nuestra crianza, los valores inculcados por nuestros padres (si es que aún los recordamos con el contagio viral de la adulación y el vasallaje que nos enseña la política, o en el mejor de los casos, los preceptos religiosos espirituales, que deberíamos entresacar para la cura del alma, que son tan económicos como lo es la presencia de alguna Biblia oxidada en algún rincón de la casa, y en raras ocasiones alguna afinidad con otras lecciones éticas del oriente antiguo. Ese barato "Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo".
De otras latitudes, de México, por ejemplo, nos están llegando cada vez más conferencistas y seminarios, con diversos títulos como Talleres de Auto Estima... Charlas de Motivación Personal... o incluso Seminarios para Líderes, los cuales están ingresando al torrente bienhechor de una nueva dinámica regeneradora que el propio sistema autoinmune de la sociedad mundial está produciendo, como método curativo de la toxemia psíquica, porque todo el colectivo social, al igual que nuestro organismo requiere (y nos abstenemos de hacerlo por ignorancia tecnológica), de ayunos y semi ayunos para aliviar, por ejemplo, a nuestro sufrido colon de las libras de desecho que cual pedazos de caucho viejo se adhieren a sus paredes, en casi el ciento por ciento de los occidentales, enfermos de nuestras pésimas dietas, aun de las que creemos "naturales". Del mismo modo el planeta, que se sabe moribundo, tanto por la crisis de vida útil en el ecosistema, como por la crisis absoluta y sin excepciones que la política, los partidos, y todos nosotros los que nos aventuramos en ello padecemos; estamos por esa crisis buscando producir los remedios para no morir de una muerte espiritual, psicológica e incluso patológica.
Aterrizando en Panamá, me preguntó: ¿Qué nuevo cuento nos contamos en este casi nuevo milenio?... ¿Qué historia nos echamos?... ¿Quién es el nuevo líder o nueva líder que nos solucionará los problemas?.
Y continuamos, indolentes, enfermos incurables, pretendiendo que creemos en alguien, totalmente de los dientes para afuera. Nos convertimos en hipócritas perennes, sin el menor rubor. Hablamos maravillas de él o ella, de las que mandan principalmente, en el sitio público o la reunión social, porque tienen orejas presentes; y a la vuelta de la esquina derramamos las críticas más aberrantes. Alguna ligerísima ventaja tienen los políticos, que con una mínima intuición, son capaces de detectar esa farsa. Ya es algo.
¿Y a qué vamos?...¿Al total escepticismo?.. ¿A la profecía de la ruina y la destrucción?... Nada de eso. Todo lo contrario.
El ser social del mundo conoce toda su desgracia, en lo íntimo de ella. Sabe en su alma que el enfermo no es "el otro o la otra". Que somos todos. Que esa gente enferma, maleada, hipócrita, corrupta, al igual que todos los que andamos con el colon podrido aunque comamos caviar, somos "tú mismo, que es igual que yo mismo". En realidad los remedios, siendo naturales y tan accesibles, nos cuestan una enormidad, porque el precio a nuestro ego esa altísimo: el perdón, el desprendimiento, la humildad, la caridad, la fraternidad, casi nunca llegan a nosotros, de verdad. A veces tenemos que esperar el dolor, para entonces incorporarlos a duras penas, en ocasiones casi al final de este túnel. No obstante, como los humanos, pese a todas nuestras estupideces, normalmente, aunque seamos malos, no le queremos dar culebras o alacranes a nuestros hijos (que al menos a ellos los queremos un poco más que al resto), algunos laboratorios del mundo están procesando esas medicinas de urgencia, en forma de grandes avances socio-afectivos para curarnos. Y quienes tengamos oídos para oír y oigamos, nos salvaremos, sin grandes costos. En verdad, está mucho más cerca de lo que creemos "El reino de Dios sobre la Tierra". Cuidado amigo, amiga, que está exactamente con usted y aún no lo sabe. No lo sabemos. Podríamos tener sorpresas gratas, hasta en la política.