Política y mameyes
Durante la administración Endara escribí varios artículos intitulados “Proclividad Proselitista Presidencial” (PPP) con el fin de advertir al presidente de no continuar su práctica de invitar a la presidenta de su partido, Mireya Moscoso, a las inauguraciones de un número plural de plantas potabilizadoras porque ello era interpretado como un respaldo político indebido que sembraría dudas en las elecciones generales de 1994.
Por suerte el presidente Endara descontinuó esa práctica y presidió unas elecciones reconocidas nacional e internacionalmente por su pureza.
Lo mismo hago hoy en el caso de la presidenta Moscoso. No es aceptable que la presidenta se ponga a criticar a Alberto Vallarino por razones políticas. Entiendo su posición personal. No obstante, le toca preservar la dignidad del solio presidencial.
Debe dejar que otros “defiendan” al Partido Arnulfista de los ataques que sin duda arreciarán por parte de tirios y troyanos. Le hago esta sugerencia de la mayor buena fe.
Desafortunadamente, el gobierno está siendo cuestionado en muchos sectores porque no ha tomado medidas prontas y creíbles para combatir la corrupción. Creo que es la causa principal por la cual la presente administración no ha logrado despegar en el campo económico, aunque una vez más se alegue que la desaceleración económica trasciende nuestras fronteras. Los inversionistas, nacionales e internacionales, sienten que existe inseguridad jurídica precisamente por los sonados casos de corrupción.
Por ejemplo, estoy seguro que se rumoreará que es sospechoso que una secretaria del despacho presidencial haya ganado uno de los famosos Cadillacs que fue rifado hace pocos días. Pienso que esto es quizás injusto, pero como reza el dicho, cría fama y acuéstate a dormir.
222No es aceptable que la presidenta se ponga a criticar a Alberto Vallarino por razones políticas. Entiendo su posición personal. No obstante, le toca preservar la dignidad del solio presidencial.
En una forma más directa, escandalosa y notoria, un legislador PRD acusó al ministro Jácome de recibir entre 10 y 20 millones de mameyes por el “equiparazo”. De seguro esto se hincha. Mientras tanto se sigue deteriorando el prestigio de Panamá por imprevisiones que catalogo de politiqueras. Igual, se especula que estarán de por medio los mameyes en la decisión de cambiar los uniformes de la Policía Nacional.
La campaña política ha comenzado y se incrementará la lanzadera de misiles de bando y bando, con base y sin base. Están pendientes los resultados de las investigaciones del “cemizaso” y del “magistradazo” y seguramente se adelantan escarceos febriles politiqueros para lograr que la directiva de la Asamblea Legislativa sea de gobierno o de oposición. Todo lo mencionado será interpretado como estrategias, tácticas, para salir airosos en las elecciones de 2004.
Paralelamente, los graves problemas de la nación parecen dormir el sueño de los justos.
Las prometidas inversiones, públicas y privadas, para contener el caos económico que pende sobre todos, no se hacen. Destacan las licitaciones declaradas nulas que, una vez más, son tildadas de mameyeras quizás, también, de manera injusta. En la crisis del seguro social el Director de la CSS, respaldado por un puñado de líderes sindicales, no parecen estar dispuestos a “sacrificarse” para preservar y asegurar las jubilaciones de tantos panameños humildes. Lo mismo parece aplicable a los sectores empresariales.
Critiqué al gobierno anterior, entre otras cosas, por hacer pura propaganda relativa a proyectos creadores de empleo. Ya vimos lo que pasó a la zona procesadora para la exportación de Davis. Sin embargo, la presente administración anda en la misma proclividad propagandista mientras se barajan pomposos nombres de megaproyectos que parece que nunca llegarán.
Como no soy experto en nada, lo único que puedo sugerir, una vez más, es que se luche denodadamente contra la corrupción, que se invierta como se ha prometido, que se contengan los gastos obviamente innecesarios...y así sucesivamente.
Dejo de último uno de los puntos más importantes: ¡Echenle tierra a los maleantes políticos! Por Dios, Panamá es inmortal.
Estos desplazados no pueden trasladarse de un pueblo a otro, pasando por retenes, pues son devueltos por la Policía fronteriza debido a su estatus como tales. En consecuencia, viven teniendo el poblado por cárcel. Han salvado la vida, pero han perdido su libertad, al menos por el momento.
En ese entorno conviven desplazados e indígenas. Los primeros, después de haber cruzado trochas y ríos, jugándose la vida.
Y no es una exageración. El Panamá América penetró una de esas trochas, aunque no en su totalidad, ubicada cerca de la boca del río Punusa. Esta serpentea el río Tuira arriba, para llegar a Susugantí (en la cabecera del Tuira) aún en territorio darienita. Luego se llega al poblado de Agua Fría y de allí a los límites con Colombia, cordillera adentro. Desde ahí en adelante son sólo montañas y selva.
Al pasar Susugantí, se hacen 18 cruces del río del mismo nombre para llegar a Palo de la Letra, en plena cordillera. En esa área, cualquier grupo insurgente puede atacar.
Al principio del recorrido, aunque casi intransitable a pie, los árboles no eran tan grandes ni la vegetación tan espesa.
Pero a medida que se avanzaba, los árboles se hacían tan gigantescos que cerraban el paso a la luz del sol. Aunque era temprano en la mañana, parecía que se acercaba el ocaso.
Por esas trochas caminan familias enteras, con niños de meses en los brazos de los adultos. También son usadas por paramilitares, guerrilleros y aventureros suramericanos.
Cada cierto tiempo, hay que cruzar ríos sobre "puentes", que en realidad son troncos de árboles, que deben cruzarse manteniendo el equilibrio, para no caer al agua.
Según narraron los guías que condujeron al equipo por esos "caminos", ningún desplazado pernocta en el estrecho sendero, que generalmente ha sido abierto a punta de machete. Todos lo hacen introduciéndose en la selva, tratando de no dejar huellas ni ramas partidas, a fin de que los guerrilleros y paramilitares no encuentren su rastro, lo que podría significar una muerte segura y de la manera más horrenda.
En ocasiones, los guerrilleros encuentran a familias enteras en plena selva. Estas llevan algunos enseres para sobrevivir en ella. Entonces, los insurgentes les advierten que les dan media hora para que "desaparezcan" del lugar, o de lo contrario, los matan.
A los desplazados no les queda otra que dejar comida, zapatos, ropa o cualquier utensilio que llevaban, para salir en estampida por las trochas.
Muchos se arriesgan a tratar de llegar a su destino por el río, en balsas construidas con troncos de "balso", muy rudimentarias y mal amarradas.
¿Resultado? La destrucción de las precarias embarcaciones en los rápidos (chorros) de los ríos y, muchas veces, una muerte segura, de acuerdo con los guías.
Por esta trocha, en particular, un caminante adiestrado puede durar tres días en llegar a Colombia, especialmente ahora que la trocha se ha hecho más ancha, conforme pasan desplazados, guerrilleros y paramilitares.
Sin embargo, una familia con niños y mujeres demora entre ocho y 15 días para atravesarla.
"Los hombres lloran por el dolor de dejar sus tierras, los niños porque se pullan los pies con las espinas, y las mujeres por ver el sufrimiento de su familia", aseguró un guía. "Yo lo he visto", resaltó.
De esa manera han llegado decenas de colombianos que prefieren morir por la mordedura de una serpiente, de hambre o de sed en la selva, antes que ser masacrados por grupos irregulares de su país, que se enfrentan en una guerra que ha dejado de buscar ideales para saciar el hambre de violencia y genocidio que parece no satisfacerse nunca.
Muchos han llegado con Leshmaniasis, deshidratados, con parasitosis y otras enfermedades tropicales, incluso la malaria. Esos han tenido suerte, porque otros han quedado enterrados en la selva, sin una lápida que indique que allí está su cuerpo, ni un familiar que visite su tumba.
Por suerte el presidente Endara descontinuó esa práctica y presidió unas elecciones reconocidas nacional e internacionalmente por su pureza.
Lo mismo hago hoy en el caso de la presidenta Moscoso. No es aceptable que la presidenta se ponga a criticar a Alberto Vallarino por razones políticas. Entiendo su posición personal. No obstante, le toca preservar la dignidad del solio presidencial.
Debe dejar que otros “defiendan” al Partido Arnulfista de los ataques que sin duda arreciarán por parte de tirios y troyanos. Le hago esta sugerencia de la mayor buena fe.
Desafortunadamente, el gobierno está siendo cuestionado en muchos sectores porque no ha tomado medidas prontas y creíbles para combatir la corrupción. Creo que es la causa principal por la cual la presente administración no ha logrado despegar en el campo económico, aunque una vez más se alegue que la desaceleración económica trasciende nuestras fronteras. Los inversionistas, nacionales e internacionales, sienten que existe inseguridad jurídica precisamente por los sonados casos de corrupción.
Por ejemplo, estoy seguro que se rumoreará que es sospechoso que una secretaria del despacho presidencial haya ganado uno de los famosos Cadillacs que fue rifado hace pocos días. Pienso que esto es quizás injusto, pero como reza el dicho, cría fama y acuéstate a dormir.
222No es aceptable que la presidenta se ponga a criticar a Alberto Vallarino por razones políticas. Entiendo su posición personal. No obstante, le toca preservar la dignidad del solio presidencial.
En una forma más directa, escandalosa y notoria, un legislador PRD acusó al ministro Jácome de recibir entre 10 y 20 millones de mameyes por el “equiparazo”. De seguro esto se hincha. Mientras tanto se sigue deteriorando el prestigio de Panamá por imprevisiones que catalogo de politiqueras. Igual, se especula que estarán de por medio los mameyes en la decisión de cambiar los uniformes de la Policía Nacional.
La campaña política ha comenzado y se incrementará la lanzadera de misiles de bando y bando, con base y sin base. Están pendientes los resultados de las investigaciones del “cemizaso” y del “magistradazo” y seguramente se adelantan escarceos febriles politiqueros para lograr que la directiva de la Asamblea Legislativa sea de gobierno o de oposición. Todo lo mencionado será interpretado como estrategias, tácticas, para salir airosos en las elecciones de 2004.
Paralelamente, los graves problemas de la nación parecen dormir el sueño de los justos.
Las prometidas inversiones, públicas y privadas, para contener el caos económico que pende sobre todos, no se hacen. Destacan las licitaciones declaradas nulas que, una vez más, son tildadas de mameyeras quizás, también, de manera injusta. En la crisis del seguro social el Director de la CSS, respaldado por un puñado de líderes sindicales, no parecen estar dispuestos a “sacrificarse” para preservar y asegurar las jubilaciones de tantos panameños humildes. Lo mismo parece aplicable a los sectores empresariales.
Critiqué al gobierno anterior, entre otras cosas, por hacer pura propaganda relativa a proyectos creadores de empleo. Ya vimos lo que pasó a la zona procesadora para la exportación de Davis. Sin embargo, la presente administración anda en la misma proclividad propagandista mientras se barajan pomposos nombres de megaproyectos que parece que nunca llegarán.
Como no soy experto en nada, lo único que puedo sugerir, una vez más, es que se luche denodadamente contra la corrupción, que se invierta como se ha prometido, que se contengan los gastos obviamente innecesarios...y así sucesivamente.
Dejo de último uno de los puntos más importantes: ¡Echenle tierra a los maleantes políticos! Por Dios, Panamá es inmortal.
Estos desplazados no pueden trasladarse de un pueblo a otro, pasando por retenes, pues son devueltos por la Policía fronteriza debido a su estatus como tales. En consecuencia, viven teniendo el poblado por cárcel. Han salvado la vida, pero han perdido su libertad, al menos por el momento.
En ese entorno conviven desplazados e indígenas. Los primeros, después de haber cruzado trochas y ríos, jugándose la vida.
Y no es una exageración. El Panamá América penetró una de esas trochas, aunque no en su totalidad, ubicada cerca de la boca del río Punusa. Esta serpentea el río Tuira arriba, para llegar a Susugantí (en la cabecera del Tuira) aún en territorio darienita. Luego se llega al poblado de Agua Fría y de allí a los límites con Colombia, cordillera adentro. Desde ahí en adelante son sólo montañas y selva.
Al pasar Susugantí, se hacen 18 cruces del río del mismo nombre para llegar a Palo de la Letra, en plena cordillera. En esa área, cualquier grupo insurgente puede atacar.
Al principio del recorrido, aunque casi intransitable a pie, los árboles no eran tan grandes ni la vegetación tan espesa.
Pero a medida que se avanzaba, los árboles se hacían tan gigantescos que cerraban el paso a la luz del sol. Aunque era temprano en la mañana, parecía que se acercaba el ocaso.
Por esas trochas caminan familias enteras, con niños de meses en los brazos de los adultos. También son usadas por paramilitares, guerrilleros y aventureros suramericanos.
Cada cierto tiempo, hay que cruzar ríos sobre "puentes", que en realidad son troncos de árboles, que deben cruzarse manteniendo el equilibrio, para no caer al agua.
Según narraron los guías que condujeron al equipo por esos "caminos", ningún desplazado pernocta en el estrecho sendero, que generalmente ha sido abierto a punta de machete. Todos lo hacen introduciéndose en la selva, tratando de no dejar huellas ni ramas partidas, a fin de que los guerrilleros y paramilitares no encuentren su rastro, lo que podría significar una muerte segura y de la manera más horrenda.
En ocasiones, los guerrilleros encuentran a familias enteras en plena selva. Estas llevan algunos enseres para sobrevivir en ella. Entonces, los insurgentes les advierten que les dan media hora para que "desaparezcan" del lugar, o de lo contrario, los matan.
A los desplazados no les queda otra que dejar comida, zapatos, ropa o cualquier utensilio que llevaban, para salir en estampida por las trochas.
Muchos se arriesgan a tratar de llegar a su destino por el río, en balsas construidas con troncos de "balso", muy rudimentarias y mal amarradas.
¿Resultado? La destrucción de las precarias embarcaciones en los rápidos (chorros) de los ríos y, muchas veces, una muerte segura, de acuerdo con los guías.
Por esta trocha, en particular, un caminante adiestrado puede durar tres días en llegar a Colombia, especialmente ahora que la trocha se ha hecho más ancha, conforme pasan desplazados, guerrilleros y paramilitares.
Sin embargo, una familia con niños y mujeres demora entre ocho y 15 días para atravesarla.
"Los hombres lloran por el dolor de dejar sus tierras, los niños porque se pullan los pies con las espinas, y las mujeres por ver el sufrimiento de su familia", aseguró un guía. "Yo lo he visto", resaltó.
De esa manera han llegado decenas de colombianos que prefieren morir por la mordedura de una serpiente, de hambre o de sed en la selva, antes que ser masacrados por grupos irregulares de su país, que se enfrentan en una guerra que ha dejado de buscar ideales para saciar el hambre de violencia y genocidio que parece no satisfacerse nunca.
Muchos han llegado con Leshmaniasis, deshidratados, con parasitosis y otras enfermedades tropicales, incluso la malaria. Esos han tenido suerte, porque otros han quedado enterrados en la selva, sin una lápida que indique que allí está su cuerpo, ni un familiar que visite su tumba.