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Política y moral


Continuamos compartiendo la excelente reflexión de Abraham Jiménez Fernández muy apropiada para el 2010: “Una persona que tiene a su responsabilidad la administración de una entidad pública, sujeta al servicio social, debe tener la mayor integridad espiritual que sea posible y un profundo discernimiento para entender el sentido de la existencia humana, porque sus funciones están limitadas pura y simplemente a su investidura, ya que todas las actitudes pragmáticas constituyen la voluntad, no de una persona común, sino de un funcionario que tiene a su vez en sus manos decidir sobre el destino de los demás ciudadanos, y las mismas serán en provecho o perjuicios de todos, de modo que cuando se tiene el poder, la situación puede ser grave si no se actúa con verdadera prudencia y con verdaderos criterios lógicos.

Cuando una persona que ha contraído un deber para con su patria desde el momento de su juramentación al frente del Estado y ha de cumplir con una serie de responsabilidades delegadas por la misma sociedad, para propiciar su bienestar engaña, es algo sumamente preocupante.

Si se tiene conciencia y raciocinio del bien común, no debería haber ningún motivo para engañar, al contrario, debería haber transparencia en toda su labor para mantener la confianza y el respeto de lo demás, pero lamentablemente, esto es quizás de lo que más carece la mayoría de nuestros políticos porque se ha demostrado a través de los años que aspiran llegar a la administración pública para ultrajar y enriquecerse ilícitamente a costa del sacrificio de un pueblo hambriento y desesperanzado.

Lamentablemente, mucha gente cree que la moral es una serie de impedimentos arbitrarios al disfrute de la vida. La moral no es simplemente un conjunto de reglas para guiar nuestra conducta.

La vida moral, para decirlo de forma bien sencilla, es la vida del amor: el amor a Dios y el amor al prójimo. Pero el amor no es algo sin forma, necesita un rostro bien definido. Los mandamientos y las virtudes configuran el rostro del amor, pues nos dicen qué constituye amor auténtico y qué no.

La mayoría de los políticos no tienen una visión auténtica de la moral porque no tienen visión auténtica de la persona. La moral se funda en la persona humana, más concretamente, en su dignidad. En términos de la dignidad de la persona, la moral es el modo de ser y vivir que respeta y promueve la dignidad de la persona humana.

El ser humano debe siempre procurar que sus acciones colinden con las normas que rigen la sociedad, para así vivir en paz con Dios y con la humanidad.

Las sociedades han ido perdiendo la credibilidad en quienes se promueven cada año electoral para ocupar un cargo público y cada día a los llamados políticos les será más difícil convencer a un pueblo de que tiene tantas huellas y tanto sufrimiento a lo largo de su historia. Parece que ser político y la moral no coinciden en sus caracteres”.

101 años de Panamá América

 
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