default

Políticas indígenas y el Estado panameño


En los últimos meses los grupos indígenas de Panamá han reforzado sus protestas ante un nuevo gobierno, que en campaña prometió calzar los zapatos del pueblo, de escuchar a los más olvidados y de poner el interés de los más necesitados por encima de los partidos políticos. No obstante, los nativos han abierto varios frentes como antesala al mes de octubre. El 30 de marzo del año en curso los Nazos fueron desalojados de las tierras, donde habían vivido por décadas. El gobierno saliente de Martín Torrijos ignoró las peticiones de los afectados, dejando el tema a la administración entrante. Los Nazos continuaron pidiendo la mediación del nuevo gobierno, para ello decidieron trasladarse a la capital en busca de respuestas concretas, así el 2 de septiembre levantaron campamento improvisados en la Plaza Catedral, mas sus solicitudes cayeron en sacos rotos. El grupo fue desalojado el jueves 24, sin llegar a ningún tipo de acuerdo, mientras el Presidente Martinelli discursaba sobre sus planes para atender a los marginados socialmente y sus subalternos hacían todo lo contrario. ¿Los Nazos continúan errantes en medio de promesas de gobierno?

El 16 de septiembre se abrió un nuevo frente, cuando otro grupo de indígenas iniciaron una caminata desde Quebrada Guabo, comarca Ngöbe-Buglé y terminaron en la ciudad de Panamá para hacer entrega de un pliego de peticiones al gobierno central. Entre los reclamos está la ratificación del Convenio 169 de la OIT, que data desde 1989, y de la resolución de los Derechos de los Pueblos Indígenas promovida desde 1994 y aprobado por la ONU en 2007 y pendiente de la adopción por la Asamblea Nacional de Diputados. Además piden al gobierno cancelación de las concesiones mineras que está afectando su medio ambiente. La movilización llegó a la Presidencia el 12 de octubre, día fatídico para todos los pueblos nativos de este continente. A pesar de que han pasado 517 años, los indígenas siguen luchando contra un sistema político, económico, social, educativo y cultural impuesto por los dominantes que nunca han podido entender la filosofía, religión y cosmovisión de los autóctonos. Para los indígenas esos días son de reflexión histórica y toma de conciencia por las imperantes necesidades de sus pueblos, les da el aliento para renovar sus convicciones ideológicas con la esperanza de alcanzar sus propósitos, que un día soñaron los líderes de su etnia que los antecedieron. Otro frente a considerar está en la comarca Kuna Yala. El conflicto limítrofe en la reserva, ha salido a la luz pública por la intromisión de colonos inescrupulosos que urge la mediación de autoridades gubernamentales para dilucidar este asunto y evitar consecuencias nefastas.

El Estado panameño no tiene una política estructurada y definida hacia los pueblos indígenas (como lo ha demostrado los últimos tres gobiernos) para hacer frente a las solicitudes y carencias de manera consistente e integral, sino que actúan y atienden improvisadamente, cancelando programas y proyectos sociales, culturales y educativas o postergando obras prioritarias o sino trabajan poniendo parches o apagando fuegos a las demandas de los indígenas. Hoy por hoy los pueblos indígenas de nuestro país están organizados con sus respectivos Congresos Generales y Regionales, con los cuales se puede trazar una hoja de ruta para impulsar una verdadera participación e integración de estos grupos en nuestra sociedad, Quedan deudas históricas pendientes por cumplir por parte del Estado panameño, y mientras existan poblaciones indígenas, seguirán sus luchas.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América