Políticos
"El político de la familia es fulano" solemos decir como exonerándonos nosotros de algo malo y de paso nos autoabsolvemos como quien lo hace arrepentido en un imaginario confesionario. Pero de hecho, todos somos políticos aún cuando digamos a viva voz todo lo contrario. Y se sobreentiende que uno no está inscrito en ningún colectivo organizado bajo ningún color o bandera. Pero, todos somos políticos, porque a lo callado o a lo interno, por justos motivos, tenemos nuestras preferencias que queremos se las respete y no las divulgamos. Y debemos respetar las de los demás. No existen los independientes, ni apolíticos, ni neutrales. Existe el no inscrito, el no comprometido.
Tampoco debemos criticar a los que se meten en política. Caemos fácilmente en generalizaciones condenatorias con desmesurada irresponsabilidad, recurriendo a epítetos condenatorios y a soltar nuestras reprimidas amarguras contra éste, ésta o el otro.
Incluso felicito a los que participan en política aunque no los escojan el día de las elecciones, que es lo que nadie desea pues es un torneo donde nadie quiere perder, más aún se estima que si se participa con una gran inversión de dinero que se piensa recuperar, se quiere ganar, aún cuando el que decide es el pueblo y eso no es asunto del azar. Tampoco vas a ganar de todas todas y menos si entras por primera vez y eres nuevo en esos complejos e imprevisibles menesteres. Es una lucha larga que hay que comenzarla y continuarla manteniendo el constante debate de las ideas y de las propuestas alternativas a los innumerables retos de la comunidad. Hay ejemplos de esa persistencia a lo largo de América Latina de varones tenaces que después de perder al fin llegaron. Por otro lado, alguien tiene que participar, dar la cara, arriesgarse.
Desafortunadamente mucha gente mira al político con sospecha porque justamente lo asocia al comportamiento politiquero tradicional que trata de sacar ventaja de cualquier cosa para pelechar él y toda su familia, no resuelven nada y son únicamente buenos para minimizar la posición contraria o para promover sus propias ideas, y a la primera ocasión, confundir toda acción cívica, altruista, humanitaria o religiosa con el prurito de la propia promoción.
La política debe ser algo más serio de lo que es en nuestro medio. Y estamos avanzando, aunque va a tomar mucho tiempo aprender democracia. Pero por otro lado, uno tiene que aceptar que a pesar de que decimos que ya no estamos para que nos engañen con espejos, sin embargo, no hemos mejorado mucho en la praxis de lo que se hizo hace 30, 40 ó 50 años. Se siente todavía la hegemonía del gamonal, del cacique del pueblo, al que no debe seguir el pueblo pero a quien no le queda más remedio que aceptar no por libre escogencia sino por mera supervivencia.
Ojalá todos en el clima político en estos meses que vamos a vivir, pudiéramos tener presente meditativamente aquella visión del Panamá que queremos para el siglo XXI: Panamá es una nación soberana, democrática, multicultural que goza de un pleno estado de derecho."
Tampoco debemos criticar a los que se meten en política. Caemos fácilmente en generalizaciones condenatorias con desmesurada irresponsabilidad, recurriendo a epítetos condenatorios y a soltar nuestras reprimidas amarguras contra éste, ésta o el otro.
Incluso felicito a los que participan en política aunque no los escojan el día de las elecciones, que es lo que nadie desea pues es un torneo donde nadie quiere perder, más aún se estima que si se participa con una gran inversión de dinero que se piensa recuperar, se quiere ganar, aún cuando el que decide es el pueblo y eso no es asunto del azar. Tampoco vas a ganar de todas todas y menos si entras por primera vez y eres nuevo en esos complejos e imprevisibles menesteres. Es una lucha larga que hay que comenzarla y continuarla manteniendo el constante debate de las ideas y de las propuestas alternativas a los innumerables retos de la comunidad. Hay ejemplos de esa persistencia a lo largo de América Latina de varones tenaces que después de perder al fin llegaron. Por otro lado, alguien tiene que participar, dar la cara, arriesgarse.
Desafortunadamente mucha gente mira al político con sospecha porque justamente lo asocia al comportamiento politiquero tradicional que trata de sacar ventaja de cualquier cosa para pelechar él y toda su familia, no resuelven nada y son únicamente buenos para minimizar la posición contraria o para promover sus propias ideas, y a la primera ocasión, confundir toda acción cívica, altruista, humanitaria o religiosa con el prurito de la propia promoción.
La política debe ser algo más serio de lo que es en nuestro medio. Y estamos avanzando, aunque va a tomar mucho tiempo aprender democracia. Pero por otro lado, uno tiene que aceptar que a pesar de que decimos que ya no estamos para que nos engañen con espejos, sin embargo, no hemos mejorado mucho en la praxis de lo que se hizo hace 30, 40 ó 50 años. Se siente todavía la hegemonía del gamonal, del cacique del pueblo, al que no debe seguir el pueblo pero a quien no le queda más remedio que aceptar no por libre escogencia sino por mera supervivencia.
Ojalá todos en el clima político en estos meses que vamos a vivir, pudiéramos tener presente meditativamente aquella visión del Panamá que queremos para el siglo XXI: Panamá es una nación soberana, democrática, multicultural que goza de un pleno estado de derecho."