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Políticos del siglo 22


A pesar de que algunos sabios de la antigüedad como Platón, propugnaban por la inamovilidad de las poblaciones en cuanto a su cantidad y composición, como mecanismo natural para mantener la estabilidad de la República, la sociedad humana si ha tenido algún rasgo característico durante toda su historia ha sido precisamente, el cambio permanente.
Para nadie debería ser una sorpresa el reconocer que en el ciclo vital de las necesidades y demandas de las comunidades se definen cuatro componentes básicos; el reconocimiento del problema, la definición y análisis de sus probables causas, la formulación de las posibles alternativas de solución y por último la opción más factible y viable.
Es decir, frente a la realidad cotidiana de un pueblo con características demográficas, socio-económicas, y relacionadas a su estilo de vida, enmarcado en un medio ambiente bio-psico-físico y social determinado, no es posible que nadie pretenda a menos que sea un marciano recién llegado, reconocer problemas que la gente común no haya ya harto expresado y mucho menos que pretenda elucubrar opciones fuera del contexto conocido. En palabras de pueblo lo que he intentado decir, es que para mí sería sólo un acto demagógico adicional, el que un dirigente de la sociedad civil o política pretenda expresar que dos partidos políticos por más opuestos que parezcan, pueden tener dos versiones diametralmente opuestas en relación al reconocimiento de la problemática que afecta a las grandes mayorías y en especial a las estrategias y tácticas en que, como miembros de un estado nacional, deberemos de hacerle frente con respuestas tangibles a las grandes masas, que esperan impacientes, que las promesas electorales quincenalmente repetidas, se conviertan en realidades.
No sé cuándo entenderemos que la ruta de un país hacia su plena liberación, crecimiento y desarrollo social y económico, trasciende mucho más allá que ver con, cuál es el apellido, el club social, el balneario preferido, la provincia de origen o el color de la bandera partidaria del gobernante de turno.
Cuando observo las muestras elocuentes del mimetismo político moderno, en donde los que atacan hoy, son los que eran perseguidos ayer por las mismas causas, me pregunto cuándo será que el ciudadano común se dará a respetar, frente a un grupo de personajes de variadas esferas elitistas, quienes unidos por un cordón umbilical común por donde circula secularmente la savia del patrocinio, el poder y la riqueza, estiman que ellos son los únicos seres pensantes con oportunidades para ahorrar, divertirse, recrearse, pasear, soñar y recibir los beneficios plenos de la sociedad moderna y no tan sólo con derecho a la canasta básica familiar, como el 70% de los mortales compatriotas.
Sin embargo, por ahí andan algunos escritores de ciencia ficción, postulando que los gobernantes del próximo siglo serán androides con características humanas, los cuales ocuparán los puestos de dirigencia gubernamental y empresarial y quienes serán retroalimentados a través de una red computarizada automática, que estará en permanente contacto con todas las PC"s de los hogares de los ciudadanos en cada país. Este sistema permitirá diariamente evaluar la gestión de los humanoides y de darse el caso de haberse tomado decisiones o realizado acciones que no estén respaldadas por la percepción mayoritaria de que se ha actuado en beneficio del bien común, tales androides serían exterminados en el acto por medio de un collar explosivo que les volaría la cabeza. Se imaginan ustedes cuánta gente andaría sin cabeza en nuestros países.
Ojalá y esto nunca suceda en Panamá, porque realmente en este querido terruño casi todo el mundo es familia o pariente, de manera formal o informal, legal o paralela. De manera que le pido a Dios que nos permita continuar con nuestra práctica social y habitual, peleándonos ante los medios de comunicación y luego pasando un buen rato en las decenas de los nuevos resorts y almacenes suntuosos que han comenzado a proliferar en nuestro territorio y que como todo el mundo sabe, están accesibles para todos los obreros, pero quienes lamentablemente por andar ahorrando no asisten, para no gastar sus amplios excedentes monetarios.

101 años de Panamá América

 
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