Políticos, gremios y sindicatos
En 1984, cuando vivimos un movimiento llamado CO.CI.NA., formado para ir contra los militares de ese entonces, llegó a Panamá un ex presidente de Venezuela. Luego de estudiar lo que sucedía, quiso conversar conmigo sobre el particular; me preguntó el por qué de este movimiento y qué papel jugábamos los gremios en la política del país. Mi respuesta fue que posiblemente sucedía lo que describió Octavio Paz en uno de sus libros. Decía este gran escritor que, entre los políticos y los estudiantes, que es el otro sector de poder de protesta, existía un vacío que estaba siendo llenado por los gremios y sindicatos.
Los políticos han existido a través de la historia. Su principal objetivo es la toma del poder y del gobierno. La política es el arte de gobernar. Las agrupaciones políticas deben caracterizarse por su organización, su programa, su plataforma política. Deben llegar a una madurez que les permita gobernar o ser oposición dentro de una capacidad de dar respuesta a las necesidades de un pueblo, de ese pueblo que eligió a sus dirigentes para gobernar.
Pero, cuando los políticos no llenen las expectativas de poder, cuando su comportamiento es el de una agrupación con ambición desmedida de poder y deseos de cuidar sus propios intereses; cuando un gobierno pobre encuentra, a su vez, una oposición débil, desorganizada, sin capacidad de contribuir a enderezar el camino que debe seguir el gobierno para beneficio del país, aparecen las agrupaciones gremiales que en este caso son los gremios profesionales y empresariales y luego los sindicatos.
Pero, estos grupos no tienen la capacidad para gobernar, porque no están organizados para tal. Cuando el poder económico hace presión es porque entran en juego sus intereses y, de proponérselo, son capaces de poner y quitar gobiernos porque su poder es enorme.
En cambio, los gremios profesionales son idealistas, sólo los une sus intereses gremiales; pero son respetados por la sociedad tanto civil como política. Los sindicatos están organizados también para defender su posición laboral y estar en contra del sector empresarial. Sus dirigentes se forman y estudian sindicalismo, pero no se preparan para tomar el poder político, ni cuentan con el poder económico.
Estos dos últimos grupos pretenden sustituir a los políticos, pero sólo se convierten en grupos de calle, de denuncias, de causar molestias para conseguir prebendas laborales con bajo rendimiento. En el caso de los gremios, no saben qué quieren ni hacia dónde van. Su "independencia" los hace inmunes y los coloca en un plano superior, casi etéreo, con relación a los problemas que suceden en el país.
Pero, cuando los políticos no son serios, los gobernantes no son estadistas y las agrupaciones partidistas son electoreras y no verdaderos partidos con permanente actividad, con deseos de solucionar los problemas entre bases y dirigencias, el resto de la sociedad llena su vacío con los gremios y sindicatos, sin encontrar, tampoco, respuesta por la falta de capacidad. Tanto es así que, hasta las organizaciones cívicas tienen más credibilidad que los políticos y la gente se vuelca en ellos, a pesar de su heterogeneidad, para solucionar los problemas.
Es hora de que nuestros políticos mejoren su imagen, su capacidad de gobernar, su formación política, porque, de continuar como están, se invertirán los papeles y perderán el poder. Si esto sucede, estaremos en graves problemas. Abran los ojos y formen grandes organizaciones políticas y no "electoreras". No es la primera vez que llamo a los partidos a modernizarse y hacer reingeniería dentro de su interior, de su organización, porque las bases superan a las dirigencias y otros grupos ocuparán el espacio de los políticos para llegar al poder, aunque no se hayan preparado para ello.
Los políticos han existido a través de la historia. Su principal objetivo es la toma del poder y del gobierno. La política es el arte de gobernar. Las agrupaciones políticas deben caracterizarse por su organización, su programa, su plataforma política. Deben llegar a una madurez que les permita gobernar o ser oposición dentro de una capacidad de dar respuesta a las necesidades de un pueblo, de ese pueblo que eligió a sus dirigentes para gobernar.
Pero, cuando los políticos no llenen las expectativas de poder, cuando su comportamiento es el de una agrupación con ambición desmedida de poder y deseos de cuidar sus propios intereses; cuando un gobierno pobre encuentra, a su vez, una oposición débil, desorganizada, sin capacidad de contribuir a enderezar el camino que debe seguir el gobierno para beneficio del país, aparecen las agrupaciones gremiales que en este caso son los gremios profesionales y empresariales y luego los sindicatos.
Pero, estos grupos no tienen la capacidad para gobernar, porque no están organizados para tal. Cuando el poder económico hace presión es porque entran en juego sus intereses y, de proponérselo, son capaces de poner y quitar gobiernos porque su poder es enorme.
En cambio, los gremios profesionales son idealistas, sólo los une sus intereses gremiales; pero son respetados por la sociedad tanto civil como política. Los sindicatos están organizados también para defender su posición laboral y estar en contra del sector empresarial. Sus dirigentes se forman y estudian sindicalismo, pero no se preparan para tomar el poder político, ni cuentan con el poder económico.
Estos dos últimos grupos pretenden sustituir a los políticos, pero sólo se convierten en grupos de calle, de denuncias, de causar molestias para conseguir prebendas laborales con bajo rendimiento. En el caso de los gremios, no saben qué quieren ni hacia dónde van. Su "independencia" los hace inmunes y los coloca en un plano superior, casi etéreo, con relación a los problemas que suceden en el país.
Pero, cuando los políticos no son serios, los gobernantes no son estadistas y las agrupaciones partidistas son electoreras y no verdaderos partidos con permanente actividad, con deseos de solucionar los problemas entre bases y dirigencias, el resto de la sociedad llena su vacío con los gremios y sindicatos, sin encontrar, tampoco, respuesta por la falta de capacidad. Tanto es así que, hasta las organizaciones cívicas tienen más credibilidad que los políticos y la gente se vuelca en ellos, a pesar de su heterogeneidad, para solucionar los problemas.
Es hora de que nuestros políticos mejoren su imagen, su capacidad de gobernar, su formación política, porque, de continuar como están, se invertirán los papeles y perderán el poder. Si esto sucede, estaremos en graves problemas. Abran los ojos y formen grandes organizaciones políticas y no "electoreras". No es la primera vez que llamo a los partidos a modernizarse y hacer reingeniería dentro de su interior, de su organización, porque las bases superan a las dirigencias y otros grupos ocuparán el espacio de los políticos para llegar al poder, aunque no se hayan preparado para ello.