Políticos Magistrados
Nunca creí en la Comisión Especial Evaluadora para la selección de los dos nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia, no dudaba de la integridad de algunos de los que la conformaban sino del resultado final. Los cinco últimos presidentes de Panamá han nombrado para esos serios cargos a amigos, políticos que responderán a la política y en consecuencia ante los grandes secándolos de corrupción. La Corte Suprema de Justicia no falla contra estos males en la administración pública y con todo esto algunos no aceptan su corrupción ¡que desvergüenza!
El Presidente Ricardo Martinelli, en seis meses de gobierno no ha mostrado interés en implementar reformas profundas de tal manera que hasta el campesino que vive en los lugares más recónditos del país se sienta orgulloso de ser panameño. No me explico el poco tiempo que han mantenido los presidentes para la selección de los magistrados de la Corte; un presidente responsable con el desarrollo del país impulsa un mecanismo transparente, con un periodo suficientemente extenso para escoger a los magistrados de la máxima comparación de justicia de Panamá.
Yo como abogado no presento mi hoja de vida para magistrado de la Corte en las oficinas del FIS, de salida esto era un insulto. Con la escogencia de los dos últimos políticos para magistrados de la Corte Suprema de Justicia, el Presidente Ricardo Martinelli, solo ha logrado el repudio de los panameños y ha aumentado la desconfianza hacia el órgano de justicia.
Después de la burla a los buenos abogados del país del Presidente Ricardo Martinelli, los asignados se presentan a la asamblea de diputados para ser evaluados, este proceso no lo entiendo porque contrapeso nunca ha sido, allí se aprueban hasta las más inconcebibles leyes; un ridículo correo electrónico de la Comisión de Credenciales que de transparente no tiene nada, donde amigos y familiares pueden escribir a favor de sus candidatos a magistrados.
Hasta ahora ningún magistrado de la corte asignado por el presidente ha tenido la vergüenza de renunciar a su aspiración, luego de la voz de la sociedad que los califica de no idóneos, en fin así actúan los políticos.