Políticos y comunicadores
Se ha dicho con insistencia que el domingo 3 de mayo el pueblo salió a votar mayoritariamente para castigar un mal ejercicio de gobierno y con la esperanza de que los nuevos representantes le sirvan lealmente por los próximos cinco años. No hace falta ser partidario de ningún color para entender que ante un nuevo fracaso de gobierno, el electorado volverá a tirar por el despeñadero a los que hoy se solazan con el triunfo.
Sin embargo, el presidente electo parece haber entendido que fueron los comunicadores sociales los que le ganaron a los políticos, y son, por tanto, éstos los que ahora deben ocupar el sillón del Estado para que le acompañen en la responsabilidad de hacer gobierno. Es decir, ni la educación requiere saber de educación, ni el desarrollo sobre desarrollo. Es como si el Presidente de Estados Unidos nombrara como Director de la NASA al reportero que ha estado escribiendo sobre la corrupción, la politiquería y la irresponsabilidad en el programa de vuelos espaciales.
Las designaciones anunciadas reflejan una falta de comprensión de la institucionalidad, o un supino desprecio por el ejercicio de la función pública, pues da la impresión de que en este país no existen profesionales valiosos en estas ciencias. Cuando los comunicadores sociales sustituyen a los políticos, abandonan su oficio y se convierten en políticos. Es probable que ni sean buenos políticos, ni puedan retornar a su carrera periodística con la misma credibilidad. Para el Estado, podría ser una desgracia.