Politiquería universitaria
LA ABULIA y la indecisión que acompañaron al primer rector post-invasión y su círculo, abrieron las puertas de par en par para que la politiquería se instalase cómodamente en la Universidad de Panamá y se abandonase la academia por el clientelismo, el electoralismo y un largo etcétera de prácticas nocivas a la labor educativa.
Hoy la Universidad paga el alto precio que le ha significado el que en 1993 se iniciara la vorágine de quienes se aliaron, desde posiciones burocráticas, para llevar el año siguiente a la rectoría, al entonces Decano de la Facultad de Humanidades, profesor García de Paredes. En ese entonces, bajo la Ley 11 de la Universidad -reformada en 1991 para impedir la reelección-, había que realizar, eso sí, con la colaboración decidida del entonces rector, una serie de jugadas que allanarán el camino para esta candidatura. El voto de los profesores regulares representaba un 50%, y los especiales; que son la mayoría de los profesores, tenían una ponderación de un 15%, el resto se lo dividían entre los estudiantes, asistentes y administrativos. La jugada era dominar a los profesores regulares, lo que efectivamente logró García de Paredes para ascender a la rectoría en 1994.
En 1997, en su carácter de rector, García de Paredes logró, con la colaboración de la Corte Suprema de Justicia, a través de una interpretación legal muy acomodaticia, ser nuevamente candidato a rector, al separarse del cargo antes de cumplir los 3 años, de manera de no infringir la disposición legal que disponía que el rector luego de tres años en el ejercicio del cargo no pudiera ser reelegido. Manejando los hilos del poder, controlando la mayoría de los profesores regulares, los decanos y directores de los Centros Regionales Universitarios que han sido sus subalternos, le fue fácil reelegirse en el cargo por un período adicional de 3 años. Ello no le impidió presentarse como candidato presidencial en las primarias del Partido Revolucionario Democrático (PRD) en 1998.
Para el año 2000, no existía la posibilidad de inventar un recurso legal para ser nuevamente candidato, no obstante, con su cuota de poder elevó a la rectoría al Decano de la Facultad de Ciencias, profesor Julio Vallarino, quien en "reciprocidad", mantuvo en el engranaje administrativo a determinados profesores muy allegados al movimiento político de García de Paredes, y nombró al mismo de Asesor con un salario de B/. 2,000.00, adicional a su salario como profesor regular titular. Durante el periodo de 2000 al 2003, García de Paredes devengaba salarios superiores a los B/. 5,000.00.
Cuando en el año 2003, el entonces rector Vallarino, trató de hacer lo que hizo García de Paredes en 1997, despertó la ira del Demiurgo, que no puede permitir que sus protegidos atenten contra su voluntad. García de Paredes también aspiraba a la rectoría en el año 2003, y no podía permitir que su exprotegido le disputase el poder. La ruptura fue inevitable. García de Paredes y algunos de sus allegados fueron separados de los puestos administrativos y comienza una cadena de acciones para vencer la candidatura reeleccionista de Vallarino.
García de Paredes logra establecer una alianza con profesores que adversaron su candidatura en campañas anteriores y con aquellos que al ungir a Vallarino se le habían opuesto. Los mismos los vemos aún hoy en importantes posiciones administrativas como vicerrectores y decanos. En alianza con el Contralor de entonces, desató una campaña contra el rector Vallarino, denunciando irregularidades que nunca le fueron extrañas durante sus seis años como Rector de la Universidad de Panamá y que, hemos visto incrementadas durante su actual gestión. Así ganó, nuevamente, las elecciones en mayo de 2003.
En agosto de ese mismo año la Corte Suprema de Justicia dicta un fallo que imposibilita una nueva reelección del rector. Ello conduce a García de Paredes y a su movimiento político, a promover un proyecto de reforma de la ley universitaria con la abierta intención de burlar el fallo de la Corte Suprema y, poder así, postularse nuevamente y por cuarta vez al cargo de Rector y poder permanecer en el mismo por cinco años más.
La nueva ley jamás respondió a un interés genuino de mejorar la academia, de convertir a la Universidad en la conciencia crítica de la nación y en la reserva moral del país. Realmente obedecía al interés de un grupo de profesores dirigidos por Gustavo García de Paredes para perpetuarse en el poder y disfrutar de jugosos salarios, pagos adicionales por jefaturas, automóviles para uso personal, viáticos y viajes. En una palabra, para institucionalizar la politiquería en la Universidad. El academicidio actúa con la impunidad de la consigna presidencial: "No me toquen a Gustavo".
Afortunadamente en Panamá hay algunas buenas noticias.
Se reporta que en el país se ha logrado reducir la amputaciones de miembros a causa de diabetes.
Los casos que se dan es por pacientes que no asisten al hospital o descuidan las recomendaciones médicas.
En el tratamiento de la diabetes es muy importante el entorno familiar.
Hoy la Universidad paga el alto precio que le ha significado el que en 1993 se iniciara la vorágine de quienes se aliaron, desde posiciones burocráticas, para llevar el año siguiente a la rectoría, al entonces Decano de la Facultad de Humanidades, profesor García de Paredes. En ese entonces, bajo la Ley 11 de la Universidad -reformada en 1991 para impedir la reelección-, había que realizar, eso sí, con la colaboración decidida del entonces rector, una serie de jugadas que allanarán el camino para esta candidatura. El voto de los profesores regulares representaba un 50%, y los especiales; que son la mayoría de los profesores, tenían una ponderación de un 15%, el resto se lo dividían entre los estudiantes, asistentes y administrativos. La jugada era dominar a los profesores regulares, lo que efectivamente logró García de Paredes para ascender a la rectoría en 1994.
En 1997, en su carácter de rector, García de Paredes logró, con la colaboración de la Corte Suprema de Justicia, a través de una interpretación legal muy acomodaticia, ser nuevamente candidato a rector, al separarse del cargo antes de cumplir los 3 años, de manera de no infringir la disposición legal que disponía que el rector luego de tres años en el ejercicio del cargo no pudiera ser reelegido. Manejando los hilos del poder, controlando la mayoría de los profesores regulares, los decanos y directores de los Centros Regionales Universitarios que han sido sus subalternos, le fue fácil reelegirse en el cargo por un período adicional de 3 años. Ello no le impidió presentarse como candidato presidencial en las primarias del Partido Revolucionario Democrático (PRD) en 1998.
Para el año 2000, no existía la posibilidad de inventar un recurso legal para ser nuevamente candidato, no obstante, con su cuota de poder elevó a la rectoría al Decano de la Facultad de Ciencias, profesor Julio Vallarino, quien en "reciprocidad", mantuvo en el engranaje administrativo a determinados profesores muy allegados al movimiento político de García de Paredes, y nombró al mismo de Asesor con un salario de B/. 2,000.00, adicional a su salario como profesor regular titular. Durante el periodo de 2000 al 2003, García de Paredes devengaba salarios superiores a los B/. 5,000.00.
Cuando en el año 2003, el entonces rector Vallarino, trató de hacer lo que hizo García de Paredes en 1997, despertó la ira del Demiurgo, que no puede permitir que sus protegidos atenten contra su voluntad. García de Paredes también aspiraba a la rectoría en el año 2003, y no podía permitir que su exprotegido le disputase el poder. La ruptura fue inevitable. García de Paredes y algunos de sus allegados fueron separados de los puestos administrativos y comienza una cadena de acciones para vencer la candidatura reeleccionista de Vallarino.
García de Paredes logra establecer una alianza con profesores que adversaron su candidatura en campañas anteriores y con aquellos que al ungir a Vallarino se le habían opuesto. Los mismos los vemos aún hoy en importantes posiciones administrativas como vicerrectores y decanos. En alianza con el Contralor de entonces, desató una campaña contra el rector Vallarino, denunciando irregularidades que nunca le fueron extrañas durante sus seis años como Rector de la Universidad de Panamá y que, hemos visto incrementadas durante su actual gestión. Así ganó, nuevamente, las elecciones en mayo de 2003.
En agosto de ese mismo año la Corte Suprema de Justicia dicta un fallo que imposibilita una nueva reelección del rector. Ello conduce a García de Paredes y a su movimiento político, a promover un proyecto de reforma de la ley universitaria con la abierta intención de burlar el fallo de la Corte Suprema y, poder así, postularse nuevamente y por cuarta vez al cargo de Rector y poder permanecer en el mismo por cinco años más.
La nueva ley jamás respondió a un interés genuino de mejorar la academia, de convertir a la Universidad en la conciencia crítica de la nación y en la reserva moral del país. Realmente obedecía al interés de un grupo de profesores dirigidos por Gustavo García de Paredes para perpetuarse en el poder y disfrutar de jugosos salarios, pagos adicionales por jefaturas, automóviles para uso personal, viáticos y viajes. En una palabra, para institucionalizar la politiquería en la Universidad. El academicidio actúa con la impunidad de la consigna presidencial: "No me toquen a Gustavo".
Afortunadamente en Panamá hay algunas buenas noticias.
Se reporta que en el país se ha logrado reducir la amputaciones de miembros a causa de diabetes.
Los casos que se dan es por pacientes que no asisten al hospital o descuidan las recomendaciones médicas.
En el tratamiento de la diabetes es muy importante el entorno familiar.
La diabetes tipo 1 (llamada juvenil o dependiente de la insulina) representa un 10 ó 15% de los casos registrados.
La diabetes mellitus tipo 2 constituye el 85% de los casos detectados.
Hay una diabetes estacional que aparece en las embarazadas y otra que se registra si se extrae el páncreas a la persona por cáncer o un accidente.
En el Hospital Santo Tomás, en la clínica destinada para estos pacientes, hay endocrinólogos, enfermeras, psicólogas, nutricionistas y odontólogos, toda una gama de profesionales que se necesitan para mejorar estándar de vida de estas personas.