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Poltica de medios de comunicación


Gracias al veloz desarrollo de la técnica, los ciudadanos y ciudadanas de un país desarrollado y de muchos países en desarrollo, disponen actualmente de toda una serie de posibilidades, cada vez mayor, para informarse sobre los acontecimientos tanto en su país como en el resto del mundo. La lectura de libros, revistas y periódicos -de los llamados medios impresos- hace tiempo que ha dejado de ser el único acceso a la información sobre procesos políticos, económicos, científicos o culturales. Desde hace más de una centuria la radio nos viene haciendo testigos auriculares de acontecimientos lejanos, y oculares la televisión desde hace aproximadamente medio siglo. A través del teléfono, incluso el "celular", y del receptor de televisión nos es posible últimamente conectar directamente con bancos de datos vía texto-pantalla.
Para los fines de la comunicación individual o comercial, la computadora ofrece un número creciente de técnicas nuevas que abarcan desde la comunicación telefónica hasta -aproximadamente- la posibilidad de celebrar una conferencia televisiva. El desarrollo de la técnica espacial, sobre todo de los satélites, por un lado, de la microelectrónica y de la técnica de los cables, por otro, está llevando ante nuestros ojos a un salto cualitativo en los servicios de información y comunicación, y no sólo en lo que concierne al número de programas de televisión accesibles a todo ciudadano y ciudadana.
Sin embargo, el "nuevo orden mundial de la información" ha merecido críticas (incluso de la UNESCO) desde 1978. Pero también se pone evidentemente de manifiesto que la censura crítico-cultural, con frecuencia en absoluto injustificada, frente al peligro de una uniformidad mundial fomentada por los modernos medios de comunicación de masas, conduce muy fácilmente, a través de la demanda de un desacoplamiento de los centros mundiales de comunicación, al aislamiento o delimitación de índole nacionalista o de colorido ideológico. Algunos líderes de los países no alineados, por ejemplo, sostienen que la libertad de información o, dicho en términos internacionales, al libre flujo de información por encima de las fronteras "conduce a una verdadera inundación de programas importados, los cuales reflejan modelos culturales foráneos acarreando así el peligro de una pérdida paulatina de los propios valores y de una alienación cultural". También señalan que, "los grandes órganos de información, ofrecen con harta frecuencia una imagen deformada e incompleta de los países en desarrollo en la que predominan lo sensacionalista y el escándalo".
Tal crítica no toma en consideración la otra cara de la moneda, concretamente las manifiestas oportunidades que las modernas técnicas de comunicación ofrecen precisamente a países y pueblos pequeños para la preservación y cuidado de su cultura. La videotécnica, por ejemplo, hace posible a un precio razonable no sólo la filmación y grabación sonora de culturas tradicionales, sino también su reproducción visual tanto en el propio país como en el extranjero. La crítica se alza también contra la experiencia histórica de que no es el libre flujo de la información lo que ocupa el interés de los poderosos, sino la limitación y el control del mismo. Pese a todo, esta crítica quiere y tiene que ser tomada en serio, particularmente en vista del retraso de los países en desarrollo en lo que atañe a la participación en el desarrollo técnico y en las corrientes informativas más allá de las propias fronteras.
En la medida en que el mundo, pese a todos los intentos de gobiernos autoritarios y dictatoriales por canalizar el flujo informativo transnacional, por limitarlo y controlarlo, va creciendo conjuntamente hacia una "red grande y compleja de comunicación", tanto más urgente es la tarea de cuidar de que todos los socios participen de manera justa en esta red. En otras palabras: mientras la mayor parte de la humanidad participe insuficientemente en este sistema, éste será sentido por ella como foráneo e injusto, y esa mayoría exigirá su modificación e incluso su eliminación. La meta, sin embargo, seguirá siendo contribuir a la permisión y difusión de las corrientes de información, también, y no en último lugar, entre los mismos países en desarrollo; fomentar la competencia internacional y reforzar la capacidad de competencia de los hasta ahora en inferioridad de condiciones; así como contribuir a una variedad pluralista de los medios públicos y privados, en lugar de apoyar a los monopolios estatales orientados al control, a la cerrazón y al aislamiento.
Desde este espacio, les hago un llamado a los dirigentes de los partidos de oposición y a sus diputados para que no dejen pasar un día más sin pronunciarse, categóricamente, contra los intentos de restablecer el engendro funesto de las partidas circuitales. Y ese llamado también se lo hago a las iglesias, las organizaciones de la sociedad civil, gremios y sindicatos. ¡Ojalá no caiga en el vacío!

101 años de Panamá América

 
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