Poner orden
Cuando la anarquía campeó durante el quinquenio pasado, muchas voces reclamaban a gritos mayor energía de parte de la administración de entonces, llegándose, inclusive a criticar la ausencia de energía, el lesseferismo y la condescendencia del gobierno de Martín Torrijos. El lustró terminó y temas con el envenenamiento de pacientes de la Caja de Seguro Social por fármacos o el del bus incendiado frente a la Iglesia de Hossana no conocieron sanciones finales, salvo detenciones circunstanciales. Tal dilación estuvo en el fondo de la decisión democrática que en las elecciones pasadas llevó a Ricardo Martinelli hasta la presidencia de la república, pero ahora, cuando la nueva dirección del país ha comenzado a hacer buena su promesa de cambio, se alzan voces contra sus medidas y a título de la democracia tratan de incidir y hasta decidir por el gobierno y su mandatario. Al final de esta semana taxistas y buseros, desafiaban a la autoridad porque exigió con firmeza el cumplimiento con el color amarillo o sacó de circulación a chatarras que pasan por buses, y colocan en riesgo la vida de los pasajeros. Curiosamente las quejas de los buseros y taxistas, irresponsables en demasía, van recibiendo el apoyo de un coro de voces civiles que sólo favorecen la anarquía criticada. En ninguno de los casos el gobierno debe hacer ninguna concesión. La ley debe ser buena para todos, no solo para los que más gritan o tratan de intimidar.