Poner orden II
En el editorial del pasado domingo nos pronunciábamos por permitir que la promesa de cambio del actual Gobierno transcurriera sin tropiezos. Y por una coincidencia nada grata se produjo el repudiable accidente en la cinta costera, con los mismos puntos de partida que se han criticado por años: regatas irresponsables, conductores sin la edad para tomar el volante de transportes colectivos, llantas lisas, desperfectos mecánicos, irrespeto a los pasajeros. ¿Hasta cuándo? Situaciones similares figuraron en el bus prendido frente Hosanna hace varios años. Lo que debe hacer diferente las situaciones, es que mientras que en aquella ocasión las autoridades trataron con mucha dilación causas y consecuencias del accidente, esta vez debe aplicarse todo el peso de la ley ante un hecho que, por las previsiones reclamadas y las denuncias efectuadas, posee todas las características de un intento de homicidio colectivo. De otra manera no se puede identificar un hecho que ha estado antecedido de campañas intensas para la prevención, y pese a lo cual los propietarios de buses, sus conductores y quienes los defienden resisten en este tipo de actos condenables. Nadie pide que se despoje a los propietarios de buses de sus instrumentos de trabajo o empresariales, pero si su indolencia apunta en esa dirección ni a la sociedad, ni a las autoridades les queda otro camino. No se puede seguir jugando con la vida de las personas, ni, como autoridad, ser indiferente ante la situación. Haya que poner orden.