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Poner a raya a la delincuencia


"Estado de emergencia nacional" contra la delincuencia, declaró el presidente Ernesto Pérez Balladares en su discurso inaugural, tras recibir el poder de su predecesor, Guillermo Endara en 1994. Cinco años después, su gobierno parecía batirse en retirada, asediado por la criminalidad que a nada ni a nadie respeta. Su sucesora ha sido más cauta y prefirió no ofrecer falsas expectativas. Su razón muy personal tendría, como quedó demostrado, cuando nombró como director de la Policía Nacional, el único cuerpo armado con que cuenta el país, a un vendedor de automóviles, y como jefe de la seguridad del Estado, a un dentista. Bajo su gobierno, nadie está seguro, salvo ella y los altos funcionarios que gozan de frondosos cuerpos de guardaespaldas.
Como resultado, los frutos de la violencia armada son hoy cosechados por todos los estratos sociales y económicos del país. En una ocasión, reunida en pleno la alta cúpula de la seguridad del gobierno, en el popular café Boulevard Balboa, un pistolero irrumpió y frente a los ojos de aquella extraordinaria concentración de guardaespaldas y gente armada, desenfundó tranquilamente un revólver y lo vació sobre uno de los parroquianos. Luego de perpetrar el asesinato, sin mayor prisa, caminó hacia un taxi que lo aguardaba y se esfumó. Ya ni siquiera lo buscan, ni lo están juzgando en ausencia, pese a que todo el mundo lo vio.
Hace poco, un conocido empresario de la radio, Carlos Iván Zúñiga, fue asaltado a la entrada de su casa. Un balazo en una pierna, por poco secciona su arteria femoral, lo cual le hubiera causado la muerte. Los asaltos de bancos han alcanzado un récord histórico en estos años, igual que las estadísticas de muertes y heridos. El cónsul panameño en Ecuador, Manuel Ciérvides Lacayo, fue emboscado y muerto. Las investigaciones nada arrojan.
Como solución, proponemos seguir un modelo extranjero. Para empezar, botar a toda la cúpula de la seguridad y poner al frente a profesionales, nacionales o extranjeros. Luego de eso, contactar a nuestra embajada en Brasil para que busque un convenio de cooperación que permita que personal nuestro se entrene allá en el nuevo programa policial que lleva a cabo el presidente Luiz Ignacio "Lula" Da Silva.
El presidente Lula prometió que reduciría la delincuencia a cenizas y lo está haciendo. Combinando su estrategia con programas sociales sin precedentes, acaba de tomar por asalto dieciséis favelas que circundan a Río, en lo que denomina "Operación Asfixia". La idea es establecer una presencia policial permanente donde operan las mafias para no dejarles espacio ni para respirar. Las operaciones son coordinadas desde furgones blindados. Las continuas patrullas, requisas y derribo de puertas, sencillamente no dejan vivir. Ahora forma, con cincuenta unidades, el primero de un cuerpo élite especializado en el combate de criminales.
No vemos otra forma de poner a raya a la delincuencia que a la manera del presidente Lula, pasando al ataque, tal cual hicieron las tropas norteamericanas tras la invasión a Panamá, para terminar con los saqueos. Cual si fuera Bagdad, sitiaron a Curundú y a otros barrios "calientes", y luego los revisaron casa por casa, persona por persona, neutralizando a quien osara resistirse y enviándolos luego a campos de concentración. No nos llamemos a engaños, ni andemos con medias tintas, esta es una guerra de vida o muerte. Es la nuestra o la de ellos.

101 años de Panamá América

 
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