Pongamos orden
Cuando las leyes son compulsivas, so pena de multa, se ponen en práctica con más facilidad.
Tomemos por ejemplo la Ley de Tránsito que obliga entre otras cosas al uso del cinturón de seguridad, que se viene cumpliendo porque la ciudadanía no quiere pagar una multa que se puede evitar atendiendo la disposición legal.
El desorden en que vivimos es de imperiosa necesidad corregirlo y sólo se logrará aplicando multas a los que no quieren organizarse.
He visto con mucha preocupación cómo se quema la basura a pesar de las prohibiciones que existen al respecto. He podido observar también el desorden que hay con relación a la basura en los hogares, pues si los encargados del aseo de la ciudad no la recogen, los perjudicados la botan en las carreteras o predios ajenos, sin importarles con la contaminación ni con los perjuicios que esto ocasiona.
Hay que levantar una campaña para evitar tirar basura en la calle o en las carreteras, especialmente si se viaja en automóvil. Tenemos la mala costumbre que si comemos en el vehículo que nos transporta, los deshechos de lo que consumimos lo tiramos por la ventana, lo cual, además de ser de mal gusto, ayuda a ensuciar. Todas estas anomalías se corregirían si se establecen sanciones para los que acostumbran estas malas prácticas.
He viajado a otros países, donde existe orden y se multa a todo aquel que no quiere entrar por la ley.
Recuerdo cuando se nos juzgaba en la Zona del Canal, por infracciones cometidas en ese pedazo de nuestro suelo, cedido a los Estados Unidos de Norte América. Toda la ciudadanía panameña procuraba no cometer delito ni infracciones de tránsito, porque había que cumplir la ley. Daba gusto ver la limpieza que había por doquier. En los tribunales no existían padrinos. Allá éramos ordenados. Apenas pisábamos el territorio nuestro las cosas cambiaban diametralmente y violábamos la ley. Decía un abogado, buen amigo, ya fallecido, de origen colombiano que esa es la herencia española que nos quedó arraigada.
Si queremos que se nos respete como nación independiente, es tiempo ya que pongamos la casa en orden. Que demos el ejemplo donde vayamos. Es vergonzoso que haya necesidad de grupos que se dedican a recoger la basura especialmente en las playas. Y no vayamos muy lejos, acaba de pasar el Año Nuevo y la afluencia a nuestras playas fue grande. Visitar esos lugares posteriormente es penoso, porque la mayoría de los que la frecuentaron no les importa un comino con el aseo y el orden y a éstos también se les debe multar.
Lo mismo sucede cuando se celebran bailes en distintos lugares, generalmente por motivo de fiestas patronales o por la visita de algún artista musical de renombre. Al día siguiente, la cantidad de vasos de plástico, latas, basura, etc. es tan grande, que muchas veces cubren el piso y sus alrededores, como si hubiese pasado un terremoto. Esto es inconcebible y ojalá que pongamos de nuestra parte para conservar todos los lugares limpios, con el fin de que quienes vengan a hacer turismo se lleven la mejor impresión de nosotros y que nos sintamos orgullosos de nuestro aseo e higiene.
Tomemos por ejemplo la Ley de Tránsito que obliga entre otras cosas al uso del cinturón de seguridad, que se viene cumpliendo porque la ciudadanía no quiere pagar una multa que se puede evitar atendiendo la disposición legal.
El desorden en que vivimos es de imperiosa necesidad corregirlo y sólo se logrará aplicando multas a los que no quieren organizarse.
He visto con mucha preocupación cómo se quema la basura a pesar de las prohibiciones que existen al respecto. He podido observar también el desorden que hay con relación a la basura en los hogares, pues si los encargados del aseo de la ciudad no la recogen, los perjudicados la botan en las carreteras o predios ajenos, sin importarles con la contaminación ni con los perjuicios que esto ocasiona.
Hay que levantar una campaña para evitar tirar basura en la calle o en las carreteras, especialmente si se viaja en automóvil. Tenemos la mala costumbre que si comemos en el vehículo que nos transporta, los deshechos de lo que consumimos lo tiramos por la ventana, lo cual, además de ser de mal gusto, ayuda a ensuciar. Todas estas anomalías se corregirían si se establecen sanciones para los que acostumbran estas malas prácticas.
He viajado a otros países, donde existe orden y se multa a todo aquel que no quiere entrar por la ley.
Recuerdo cuando se nos juzgaba en la Zona del Canal, por infracciones cometidas en ese pedazo de nuestro suelo, cedido a los Estados Unidos de Norte América. Toda la ciudadanía panameña procuraba no cometer delito ni infracciones de tránsito, porque había que cumplir la ley. Daba gusto ver la limpieza que había por doquier. En los tribunales no existían padrinos. Allá éramos ordenados. Apenas pisábamos el territorio nuestro las cosas cambiaban diametralmente y violábamos la ley. Decía un abogado, buen amigo, ya fallecido, de origen colombiano que esa es la herencia española que nos quedó arraigada.
Si queremos que se nos respete como nación independiente, es tiempo ya que pongamos la casa en orden. Que demos el ejemplo donde vayamos. Es vergonzoso que haya necesidad de grupos que se dedican a recoger la basura especialmente en las playas. Y no vayamos muy lejos, acaba de pasar el Año Nuevo y la afluencia a nuestras playas fue grande. Visitar esos lugares posteriormente es penoso, porque la mayoría de los que la frecuentaron no les importa un comino con el aseo y el orden y a éstos también se les debe multar.
Lo mismo sucede cuando se celebran bailes en distintos lugares, generalmente por motivo de fiestas patronales o por la visita de algún artista musical de renombre. Al día siguiente, la cantidad de vasos de plástico, latas, basura, etc. es tan grande, que muchas veces cubren el piso y sus alrededores, como si hubiese pasado un terremoto. Esto es inconcebible y ojalá que pongamos de nuestra parte para conservar todos los lugares limpios, con el fin de que quienes vengan a hacer turismo se lleven la mejor impresión de nosotros y que nos sintamos orgullosos de nuestro aseo e higiene.