Pontífice canoniza a cinco españoles
Hablaba el domingo pasado de la canonización de otro hijo de Loyola, pero junto a él fueron canonizados el beato Pedro Poveda Castroverde, mártir; el beato José María Rubio, jesuita, el Apóstol de Madrid, de quien añadiremos otros aspectos más de su vida hoy; la beata Genoveva Torres Morales (de repente, es pariente) fundadora de las hermanas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Santos Angeles; la beata Angela de la Cruz, fundadora de la Compañía de las hermanas de la Cruz, y la beata María Maravillas de Jesús, Carmelita descalza. Por pura casualidad, me tropecé con la transmisión, tanto en el Canal exterior de televisión TVE de España como por el Canal EWTN donde se exhibieron los detalles y la mayoría de los sucesos de esta visita del Sumo Pontífice a la tierra de España. Su aprecio por esa tierra de tanta tradición católica es algo que no hay que pretender ni discutir ni querer probar, ese manifiesto. El Papa, con sus ya conocidos achaques y su edad octogenaria, como que con la cordialidad y benevolencia españolas le inyectaron nueva vida, ya que los comentarios no cansaban de repetirse señalando lo rejuvenecido que se encontraba.
En realidad, en su encuentro con la monarquía española actual, no había nada nuevo que esperar, ya que todo fluyó dentro de los renglones de un acostumbrado protocolo llevado hasta sus últimas tildes, pues hay una relación muy armoniosa entre los reyes de España y la Santa Sede. Las otras autoridades españolas también fueron distinguidas por el Sumo Pontífice, a pesar de que en el asunto de la guerra de Irak la posición del gobierno español era aliada del gobierno norteamericano que desoyó los reclamos incesantes del Pontífice a favor de la paz.
La reunión de S.S. Juan Pablo II con la juventud fue exitosa en su expresión multitudinaria y en el calor y entusiasmo que transfigura al Jerarca Supremo de la Iglesia que, en sus discursos a los jóvenes, alude a sus otros encuentros en diversas partes del mundo y que, pensándolo bien y con mucha esperanza, alguna semilla de bien debe quedar entre tantos jóvenes que los equipe a luchar contra la ola de agnosticismo frívolo, sexismo, genitalismo, materialismo, hedonismo y frivolidad que quiere caracterizar a la juventud postmoderna.
La ceremonia de canonización revistió la novedad de que el Papa fue por quinta vez a Madrid a canonizar a sus cinco nativos de esa tierra, no al revés como se estila, de ir los peregrinos a la ciudad Santa a participar de las canonizaciones. Mucha asistencia y una exquisita preparación proyectaron, una vez más, pese a todos los pesares, estas celebraciones multitudinarias litúrgicas con sus vistosos ornamentos, ministros del altar preparados para entonar las lecturas bíblicas y acompañarlas con musicalización neocatecumenal, amén de un orfeón de profesionales interpretando himnos adaptados a las circunstancias para terminar todo con un "Hasta pronto, España" de labios del Pontífice.
Fue una jornada para recordar y que el mismo Papa, en su aparición el jueves pasado, nuevamente recordó su última visita a España y ánimo a los que aún creen a seguirlo haciendo y a seguir evangelizando, siguiendo las huellas de los antepasados que lo hicieron con tan ejemplar entrega en casi todos los países del mundo. Nuevamente un reconocimiento y un llamamiento esperanzador. Y eso fue todo. Ahora bien, respecto al nuevo Santo Jesuita José María Rubio Peralta, quien fue primero cura diocesano y luego se incorporó, ya maduro, a la Compañía de Jesús; en ambos campos del caminar espiritual, fue forjando su santidad. Desde sus años de seminarista deseaba ser jesuita, era un "jesuita por afición", como le gustaba decir. Formado en la escuela de los Ejercicios Espirituales, vivió siempre como "enviado" por Aquel que lo había llamado a trabajar y vivir con El y como El. Su infatigable actividad, realizada con una salud no muy fuerte, brotaba de la experiencia de largas horas pasadas ante el sagrario, en la intimidad con el Señor. La acción apostólica y caritativa del P. Rubio nace de la primacía concedida a la interioridad, a la vida espiritual, a la contemplación del Jesús pobre y humilde de los Ejercicios. Desde esa relación y presencia se ilumina su devoción al Corazón de Jesús (hoy devoción a la Divina Misericordia) y así se comprenden las horas de confesionario acogiendo a los pródigos que buscaban el abrazo del Padre o la paciente escucha a las numerosas personas que acudían a él pidiendo consejo, como igualmente, toma sentido su presencia en medio de los pobres de los suburbios de la capital.
En los pobres reconocía a los preferidos del Señor, a ellos entregó sus energías y a su tiempo, pero sobre todo su cariño y su predicación. No se contentó sólo con atender a lo urgente, sino que se preocupó también del futuro de los jóvenes, para los que creó escuelas y preparó maestros laicos que las atendieran. Anunció la buena noticia de Jesús en las calles y plazas con misiones populares, construyó capillas e hizo presente a la Iglesia entre aquella miseria.
El Padre José María Rubio Peralta anticipó, con su personal interpretación, la integración del servicio de la fe y la promoción de la justicia en una única e inseparable misión ¿Qué aporta de nuevo su canonización a la espiritualidad de la Iglesia de Dios? Nada especial y extraordinario, y lo define Monseñor Eijo Garay, Arzobispo de Madrid con lo que dijo con ocasión de su muerte: "el Padre Rubio anunció el Evangelio en tres dimensiones, condujo, primero, a las personas a una experiencia de Dios, por medio del Confesionario, los Ejercicios Espirituales con la oración y la Eucaristía animando la reflexión junto a predicación sencilla y sin retórica. Segundo, con su acción social, esa experiencia de Dios trasladada a la ayuda a los necesitados. El Barrio de la Ventilla de Madrid fue escenario de sus muchas acciones. Y por último, su esfuerzo por formar a los laicos a través de la dirección espiritual y el sacramento de la reconciliación. Hay que comprometerse "decía". Y añadimos: es lo que más cuesta. Ya que cómodamente queremos que otros se comprometan.
En realidad, en su encuentro con la monarquía española actual, no había nada nuevo que esperar, ya que todo fluyó dentro de los renglones de un acostumbrado protocolo llevado hasta sus últimas tildes, pues hay una relación muy armoniosa entre los reyes de España y la Santa Sede. Las otras autoridades españolas también fueron distinguidas por el Sumo Pontífice, a pesar de que en el asunto de la guerra de Irak la posición del gobierno español era aliada del gobierno norteamericano que desoyó los reclamos incesantes del Pontífice a favor de la paz.
La reunión de S.S. Juan Pablo II con la juventud fue exitosa en su expresión multitudinaria y en el calor y entusiasmo que transfigura al Jerarca Supremo de la Iglesia que, en sus discursos a los jóvenes, alude a sus otros encuentros en diversas partes del mundo y que, pensándolo bien y con mucha esperanza, alguna semilla de bien debe quedar entre tantos jóvenes que los equipe a luchar contra la ola de agnosticismo frívolo, sexismo, genitalismo, materialismo, hedonismo y frivolidad que quiere caracterizar a la juventud postmoderna.
La ceremonia de canonización revistió la novedad de que el Papa fue por quinta vez a Madrid a canonizar a sus cinco nativos de esa tierra, no al revés como se estila, de ir los peregrinos a la ciudad Santa a participar de las canonizaciones. Mucha asistencia y una exquisita preparación proyectaron, una vez más, pese a todos los pesares, estas celebraciones multitudinarias litúrgicas con sus vistosos ornamentos, ministros del altar preparados para entonar las lecturas bíblicas y acompañarlas con musicalización neocatecumenal, amén de un orfeón de profesionales interpretando himnos adaptados a las circunstancias para terminar todo con un "Hasta pronto, España" de labios del Pontífice.
Fue una jornada para recordar y que el mismo Papa, en su aparición el jueves pasado, nuevamente recordó su última visita a España y ánimo a los que aún creen a seguirlo haciendo y a seguir evangelizando, siguiendo las huellas de los antepasados que lo hicieron con tan ejemplar entrega en casi todos los países del mundo. Nuevamente un reconocimiento y un llamamiento esperanzador. Y eso fue todo. Ahora bien, respecto al nuevo Santo Jesuita José María Rubio Peralta, quien fue primero cura diocesano y luego se incorporó, ya maduro, a la Compañía de Jesús; en ambos campos del caminar espiritual, fue forjando su santidad. Desde sus años de seminarista deseaba ser jesuita, era un "jesuita por afición", como le gustaba decir. Formado en la escuela de los Ejercicios Espirituales, vivió siempre como "enviado" por Aquel que lo había llamado a trabajar y vivir con El y como El. Su infatigable actividad, realizada con una salud no muy fuerte, brotaba de la experiencia de largas horas pasadas ante el sagrario, en la intimidad con el Señor. La acción apostólica y caritativa del P. Rubio nace de la primacía concedida a la interioridad, a la vida espiritual, a la contemplación del Jesús pobre y humilde de los Ejercicios. Desde esa relación y presencia se ilumina su devoción al Corazón de Jesús (hoy devoción a la Divina Misericordia) y así se comprenden las horas de confesionario acogiendo a los pródigos que buscaban el abrazo del Padre o la paciente escucha a las numerosas personas que acudían a él pidiendo consejo, como igualmente, toma sentido su presencia en medio de los pobres de los suburbios de la capital.
En los pobres reconocía a los preferidos del Señor, a ellos entregó sus energías y a su tiempo, pero sobre todo su cariño y su predicación. No se contentó sólo con atender a lo urgente, sino que se preocupó también del futuro de los jóvenes, para los que creó escuelas y preparó maestros laicos que las atendieran. Anunció la buena noticia de Jesús en las calles y plazas con misiones populares, construyó capillas e hizo presente a la Iglesia entre aquella miseria.
El Padre José María Rubio Peralta anticipó, con su personal interpretación, la integración del servicio de la fe y la promoción de la justicia en una única e inseparable misión ¿Qué aporta de nuevo su canonización a la espiritualidad de la Iglesia de Dios? Nada especial y extraordinario, y lo define Monseñor Eijo Garay, Arzobispo de Madrid con lo que dijo con ocasión de su muerte: "el Padre Rubio anunció el Evangelio en tres dimensiones, condujo, primero, a las personas a una experiencia de Dios, por medio del Confesionario, los Ejercicios Espirituales con la oración y la Eucaristía animando la reflexión junto a predicación sencilla y sin retórica. Segundo, con su acción social, esa experiencia de Dios trasladada a la ayuda a los necesitados. El Barrio de la Ventilla de Madrid fue escenario de sus muchas acciones. Y por último, su esfuerzo por formar a los laicos a través de la dirección espiritual y el sacramento de la reconciliación. Hay que comprometerse "decía". Y añadimos: es lo que más cuesta. Ya que cómodamente queremos que otros se comprometan.