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¿Populismo en espiral?


El día tal se recogió la basura en Colón, la Presidenta de la República de Panamá encabezó el acto de limpieza. Posteriormente, a una niña y su madre la mordió una serpiente y el helicóptero presidencial fue al rescate ante la presencia escénica de la presidenta (ver El Siglo, 19 de septiembre de 1999).
Uno de los grandes errores ideológicos del arnulfismo hoy y el panameñismo ayer es la idea de que "la historia se repite en espiral". Esto resulta peligroso desde el momento en que nos referimos a un movimiento que ha sido víctima de golpes de Estado en tres ocasiones; lo que menos necesita tal movimiento es que se repita la historia; es decir, víctima de los mismos errores, ser objeto de golpes de Estado y otras tragedias conexas.
Nos dice un veterano periodista que al pueblo no le interesan los actos populistas de tipo doméstico de la presidenta pues el pueblo prefiere que se mantenga distancia en tales actos, ya que necesita ver a sus gobernantes con un mínimo de altura. Lo anterior coincide con Maquiavelo en El Príncipe cuando indica: "Hay tanta distancia de cómo se vive a cómo se debe vivir que el que deja el estudio de lo que hace para estudiar lo que se debería hacer aprende más bien lo que debe obrar su ruina que lo que debe preservarle de ella: porque un hombre que en todas las cosas quiere hacer profesión de bueno, entre tantos que no lo son, no puede llegar más que al desastre". (Maquiavelo. El Príncipe. Edit. Círculo de Lectores, Bogotá, 1980).
El panorama latinoamericano nos indica, luego del fracaso de Alan García y del derrumbe prematuro y aparatoso de Abdalá Bucaram, pasando por la caída del primer gobierno de Jean Bertrand Aristide en Haití, y las "comparsas" de las Fuerzas de Defensa en la Calle 50, que el populismo hace rato cedió espacio al justicialismo renovado de Carlos Menem, a la nueva política del PRI con Zedillo, al nuevo espacio modernizador del populismo torrijista representado por la casi fría personalidad de Martín Torrijos y el arnulfismo. Al fin y al cabo no deberá ser la excepción máxime cuando el propio Arnulfo dio muestras de renovación al hacer alianza con sus atentos verdugos agrupados en el liberalismo criollo.
El espiral podría tal vez servir para acumular experiencia pues el que no conoce la historia tiene que volver a vivirla. Sin embargo, nunca deberá verse como un fatalismo histórico ineludible para bien o para mal. Plantear que la historia se repite no es lo mismo que decir que el desconocimiento de ésta obliga a volver a vivirla ya que esto último quiere decir que tenemos que tener conocimiento de historia para no cometer los errores del pasado. Tanto en la vida personal como en la sociológica se aplica el concepto de Allen Wheelis: "En cualquier situación, para cualquier persona, existe un reino de libertad y un reino de constreñimiento" (Cómo cambia la gente. Editorial Diana, México, 1997).
Someterse a una hipotética repetición es espiral en constreñir el reino de libertad que deberá acompañar a la nueva gobernante que tan brillante inauguración desarrolló el 1 de septiembre tanto en manejo frente al Organo Ejecutivo como en su discurso en el Estadio Nacional donde señaló que tenemos que ser prudentes en el manejo de la reforma constitucional. Así mismo tenemos que ser prudentes en el manejo de la relación de la primera magistrada de la nación y su pueblo.
De nada vale, sirve o ayuda que la Presidenta barra las calles de San Miguelito "bajo un chaparrón" (ver diario El Siglo, 19 de septiembre de 1999) si el pueblo no asimila tales hechos como parte de un gesto ejemplar entonces el gesto de la Presidenta no tendrá sentido. Un pueblo que camina por las calles sin emplear las aceras y que en algunos sitios hasta juega dominó en la vía (ponen una mesa y cuatro sillas en las calles) no parece estar en capacidad de internalizar el sacrificio de la mandataria y fácilmente se le podría ubicar como una obrera más, es decir como una igual. La Presidenta de la República tiene que ser vista por el pueblo más allá de las rudas tareas proletarias. El pasado no olvidado es guía para el futuro, pero no es el futuro el populismo este que quedó atrás. Hoy día no cabe el o la líder mesiánico(a).
El movimiento popular requiere respeto a la legalidad y a su desarrollo organizacional (que se permita la creación de nuevos sindicatos y se castigue la práctica antisindical) según el Artículo del Código de Trabajo. El pueblo espera una política de equilibrio que le permita disfrutar de la nueva política económica que fue implementada en el quinquenio pasado a costa del bolsillo de las masas. El pueblo no espera choque entre ricos y pobres; espera la implementación de una verdadera libre competencia entre el mercado local y entre éste y el internacional y una verdadera oficina de asuntos del consumidor que oriente a los empresarios para ganar sin explotar al consumidor (no se justifica que una galleta hecha en Managua esté más cara que una deliciosa Pascual hecha en Panamá, con una de las manos de obra y de materia prima (harina) más caras del área latinoamericana; pues si la rebaja de aranceles no es para bajarle el precio al consumidor, entonces no tiene razón de ser. Y es en este último terreno donde queremos ver no una política populista sino una política popular para que "el pueblo actúe con prudencia y patrocinio" como pidió la Presidenta que se actúe en materia constitucional. Entonces, señora Presidenta, prudencia; no más populismo (y menos el de andar barriendo calles o pintado escuelas o usando palas mecánicas). Su imagen al mundo no puede ser la misma de hace dos meses cuando era candidata.
Dice la lectura de Serebrinsky: "... todo individuo tiene la necesidad de crear un sistema de referencias para comprender y manejar un fenómeno, aun cuando éste, por su naturaleza es totalmente nuevo. Los americanos llaman a ese hecho frame of referencia y constituye un aspecto de la imagen del mundo". (Serebrinsky, Bernardo. Bases para una Psicoterapia Cultural. Editorial Eudeba. Buenos Aires, 1966, pág. 122).
En el programa Alternativa, que dirige el Dr. Miguel Antonio Bernal, escuché el 21 de septiembre a las 7:08 p.m., que en 21 días de sesiones la Asamblea Legislativa no ha aprobado una sola ley. La solución urgente de este trauma así como superar el chantaje legislativo resultan más prioritario y productivo para el país que barrer las calles porque América Latina no aguanta ni un populismo más y menos en espiral.

101 años de Panamá América

 
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