Por amor de Dios: ¡Alto a la violencia!
Cuando leemos en la prensa o en cualquier revista, incluyendo las de elevado prestigio como "Selecciones", todo un compendio de casos patéticos de asaltos, asesinatos, violación carnal, secuestros o accidentes automovilísticos provocados por el exceso de alcohol o de otras drogas, quedamos estupefactos, anonadados y casi impotente ante los hechos. Lo peor es que en medio de estos signos de violencia pudiera quedar cualquiera de nosotros involucrados, víctima de la indolencia o imprudencia de terceros.
Sólo hace unos días, nos narraba un joven cómo unos mozalbetes armados le habían interceptado su auto en una vía de mucha afluencia. En este asalto, los malhechores ni siquiera tuvieron el pudor de cubrirse el rostro, aunque el pánico del infortunado no le permitió grabárselos en la memoria, pues sólo atinaba a pedir que por misericordia no lo mataran.
A manera de muestreo nos hemos puesto a preguntar el azar a más de veinte familias cerca del sector donde vivimos en Betania, y nos percatamos que casi en el 70% de ellas, algún familiar ha sido víctima de la violencia. En nuestro caso, sólo hace 20 días, uno de nuestros hijos acompañados de amigos y amigas se dirigían por la Avenida 12 de Octubre, cuando se improviso un señor con signos de extrema ebriedad los envistió con su auto, y como resultado del impacto, un compañero resultó con triple fractura en el antebrazo, que aún lo mantiene hospitalizado, aparte de los daños al auto y del trauma que todos sufrieron en el accidente.
No dudamos que las autoridades del tránsito laboran al máximo en medio de la escasez de recursos, igual que la DIP y la PTJ entre otras; no dudamos que en base a sus estadísticas generen una serie de seminarios para actualizar a sus miembros, y que organicen operativos tendientes a minimizar la escalada de violencia que existe en nuestro país; pero creemos que los civiles debemos involucrarnos más en la solución de esta problemática, generando acciones similares a los del Programa Vecinos Vigilantes que con gran tino lleva adelante la policía en diversos sectores de la capital. Otras acciones pudieran ser:
Denunciar sin temor a represalias a todo aquél que realice actos delictivos (aunque se trate de un vecino).
Denunciar públicamente a la autoridad que de hecho, sea cómplice de estas acciones (o las apadrine) en base al amiguismo, parentesco familiar o vínculo político.
Asegurar con buenas cerraduras casas y carros. Poner al tanto de su ausencia a un buen vecino, de manera que esté pendiente de cualquier movimiento sospechoso de terceros.
Si no se ausentará por mucho tiempo, dejar la radio o televisión prendidos. Si tiene doméstica, adiestrarla bien al respecto.
Indudablemente que la crisis de valores que se da en Panamá y en todos los países nos mueve a revisar las normas de ética y moral plasmadas en los programas educativos.
Evocamos los diversos Congresos relativos a los valores y que los Clubes Cívicos organizaban para los docentes con la intención de que sus preceptos se proyectarán a nivel del aula. Esto motivaba al educador a ser más persistente en la formación integral de los estudiantes.
Ojalá que las leyes establecidas en bien de los menores, llámese Código de la Familia u otros, no se interpreten como medios para ocultar sutilmente el delito. Creemos también que deben castigarse con penas mayores los casos de reincidencia.
No podemos concluir el tema sin lamentar el libertinaje que se da en los medios televisivos, particularmente los foráneos, cuyos programas, hartos de pornografía y violencia, son de fácil acceso para nuestros niños y jóvenes.
Contribuyamos a poner alto a la violencia en Panamá, solidarizándonos también con las voces y acciones de nuestros Obispos y Pastores, en sus campañas de concienciación permanentes y de gran fundamento en la doctrina cristiana.
Sólo hace unos días, nos narraba un joven cómo unos mozalbetes armados le habían interceptado su auto en una vía de mucha afluencia. En este asalto, los malhechores ni siquiera tuvieron el pudor de cubrirse el rostro, aunque el pánico del infortunado no le permitió grabárselos en la memoria, pues sólo atinaba a pedir que por misericordia no lo mataran.
A manera de muestreo nos hemos puesto a preguntar el azar a más de veinte familias cerca del sector donde vivimos en Betania, y nos percatamos que casi en el 70% de ellas, algún familiar ha sido víctima de la violencia. En nuestro caso, sólo hace 20 días, uno de nuestros hijos acompañados de amigos y amigas se dirigían por la Avenida 12 de Octubre, cuando se improviso un señor con signos de extrema ebriedad los envistió con su auto, y como resultado del impacto, un compañero resultó con triple fractura en el antebrazo, que aún lo mantiene hospitalizado, aparte de los daños al auto y del trauma que todos sufrieron en el accidente.
No dudamos que las autoridades del tránsito laboran al máximo en medio de la escasez de recursos, igual que la DIP y la PTJ entre otras; no dudamos que en base a sus estadísticas generen una serie de seminarios para actualizar a sus miembros, y que organicen operativos tendientes a minimizar la escalada de violencia que existe en nuestro país; pero creemos que los civiles debemos involucrarnos más en la solución de esta problemática, generando acciones similares a los del Programa Vecinos Vigilantes que con gran tino lleva adelante la policía en diversos sectores de la capital. Otras acciones pudieran ser:
Denunciar sin temor a represalias a todo aquél que realice actos delictivos (aunque se trate de un vecino).
Denunciar públicamente a la autoridad que de hecho, sea cómplice de estas acciones (o las apadrine) en base al amiguismo, parentesco familiar o vínculo político.
Asegurar con buenas cerraduras casas y carros. Poner al tanto de su ausencia a un buen vecino, de manera que esté pendiente de cualquier movimiento sospechoso de terceros.
Si no se ausentará por mucho tiempo, dejar la radio o televisión prendidos. Si tiene doméstica, adiestrarla bien al respecto.
Indudablemente que la crisis de valores que se da en Panamá y en todos los países nos mueve a revisar las normas de ética y moral plasmadas en los programas educativos.
Evocamos los diversos Congresos relativos a los valores y que los Clubes Cívicos organizaban para los docentes con la intención de que sus preceptos se proyectarán a nivel del aula. Esto motivaba al educador a ser más persistente en la formación integral de los estudiantes.
Ojalá que las leyes establecidas en bien de los menores, llámese Código de la Familia u otros, no se interpreten como medios para ocultar sutilmente el delito. Creemos también que deben castigarse con penas mayores los casos de reincidencia.
No podemos concluir el tema sin lamentar el libertinaje que se da en los medios televisivos, particularmente los foráneos, cuyos programas, hartos de pornografía y violencia, son de fácil acceso para nuestros niños y jóvenes.
Contribuyamos a poner alto a la violencia en Panamá, solidarizándonos también con las voces y acciones de nuestros Obispos y Pastores, en sus campañas de concienciación permanentes y de gran fundamento en la doctrina cristiana.