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Por aquello de los encuentros inocentes


OCASIONALMENTE paso frente al hotel Bristol, de propiedad de una empresa que controla un, últimamente muy publicitado banquero. El pasado viernes, en horas del mediodía, en las afueras del lugar, era visible la presencia de escoltas como las que suelen acompañar al presidente o la primera dama. No presté mayor atención al hecho hasta en horas de la tarde, cuando varios noticieros comentaron que en el mismo hotel habían coincidido la señora Torrijos, el presidente del Partido Solidaridad y el expresidente que aspira a quitarle el control del PRD al actual mandatario. Los dos políticos almorzaron juntos; la Primera Dama estuvo en otro de los comedores del hotel.
Por lo curioso del "amigable" encuentro, alguien, no se sabe quién, ni los periodistas lo dirán, les avisó de la singular reunión, y éstos se hicieron presentes para husmear en busca de noticias; y lograron algunas declaraciones de los infrascritos.
El aspirante a presidir el partido de "los cabreados" fue el más locuaz de los dos personajes y, entre otras cosas, envió un mensaje críptico, recalcando que el encuentro se daba a la luz pública, lo que era posible, por que vivimos en democracia. Y, palabras más, palabras menos, agregó que si esa entrevista hubiera tenido que realizarse en la clandestinidad, eso significaría que estaríamos viviendo en una dictadura. Y como corolario concluyó diciendo que "ese era el mensaje". Si usted no entendió, yo tampoco.
Pero lo dejo ahí, pues no es ese el aspecto al que quiero dedicar el resto de mi comentario de hoy.
Un periodista preguntó a los conspicuos personajes a qué se debía la reunión. Uno respondió, y el otro asintió, que a ellos les unía una amistad de vieja data, que ambos eran chiricanos y que, por tanto, era normal que como políticos se reunieran para intercambiar puntos de vista, sobre los temas relevantes del acontecer nacional. Otro de los inquisidores pidió que ampliaran sobre los temas que habían tratado. Otra vez, uno de ellos respondió, y el otro asintió, por vía de ejemplo, que aquellos que estaban a la orden del día, como el diálogo sobre la Caja de Seguro Social, los cambios (ministeriales) que se habían anunciado pero que no se concretaban y algún otro, que creo fue la futura ampliación del Canal. En otras palabras, un encuentro inocentemente amical, del que fue testigo de ocasión el exdirector de la Policía, durante el anterior gobierno del PRD.
En los primeros meses del actual gobierno, entre el señor Torrijos y el expresidente que aspira a desbancarlo, del partido, aclaro, pareció existir una muy cordial relación que se ha evaporado, por razones obvias. El PRD, según lo que trasciende, ahora se divide entre el sector de la "patria nueva", los que están donde están, y el sector de los "cabreados", los que no están donde creen que deben estar. Sería interesante saber, cuántos legisladores (ahora diputados) están alineados en uno u otro bando. El asunto es de la mayor importancia, pues, desde hace buen rato hay interés por saber cuál es el número de miembros de la bancada del PRD, que guardan lealtad al expresidente. Si esa cifra representa siquiera el 25%, significaría que éste tiene en la manga una carta clave para influenciar el comportamiento futuro de la Asamblea Nacional de Diputados.
El próximo 1 de septiembre, cuando la Asamblea elija a su nuevo presidente, y hasta un poco antes, a medida que trasciendan los forcejeos internos en el PRD para escoger su candidato, tendremos algunos indicios de hacia donde cabalgan los caballos.
Si el señor Torrijos no hace cambios en su equipo de gobierno, tema que parece importar mucho al expresidente o, si al hacerlos, no satisface al sector que se considera injustamente excluido del reparto del poder, hay fundamento para pensar que en la Asamblea veremos las primera escaramuzas de la lucha por el control del PRD, que deberá tocar fondo durante su próxima convención (creo que en su estatuto lo llaman "congreso"), que decidirá quién manda en ese colectivo.
El sector de los "c", ha adoptado como estrategia "distanciarse del desgaste" del actual mandatario. Y, en la ejecución de esa línea, le convendría que el partido que durante el mandato de EPB, con razón fue bautizado como el "PRD Light" los acompañara a transitar por ese sendero. Los diputados que pueda controlar el expresidente y los del antiguo PRD Light, unidos en la Asamblea, podrían ser una fuerza considerable y también decisiva, para muchas cosas. Tal vez sobre ese tema también cruzaron ideas los viejos amigos.
¡Amanecerá y veremos!

101 años de Panamá América

 
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