¿Por dónde llegará Bush a la Presidencia?
Uno de los tantos supuestos programas de la visita del presidente George Bush hijo, que circula entre los medios, indica que el mandatario estadounidense arribará en automóvil al Palacio de las Garzas, en lo que se considera es una inevitable escala protocolar, en reciprocidad a la que hiciera el presidente panameño Martín Torrijos a la Casa Blanca.
Llegar en helicóptero es más fácil, rápido y seguro; pero luce, a más de poco elegante, ridículo. Eso está bien para Irak, Israel y Siria, pero no para un país que, como el nuestro, tiene una rica y fascinante historia de más de siglo y medio de estrechas y casi siempre armoniosas relaciones, desde la construcción del Ferrocarril Transístmico, a mediados del siglo XIX.
Hubo una vez que arribó en helicóptero a Bagdad, después de la invasión. Pero lo hizo en una base militar, en las afueras de la ciudad. Ni siquiera se aventuró a la "franja verde", que es un complejo fortificado de edificios y hoteles en el centro de la ciudad, que más parece un inmenso bunker, donde duerme y vive lo más importante del personal de la ocupación. Panamá no merece ese tratamiento. Es humillante. A fin de cuentas, difícilmente haya otro país en que un norteamericano se sentiría más seguro y más a sus anchas. De hecho, más de un millar de sus jubilados tienen aquí su hogar y no lo cambian por nada. Pregunten a los que viven en Boquete. Si lo hace en carro, partiendo desde el Hotel Gamboa, ¿por dónde arribará? No por la avenida Central que es, para bien, un paseo peatonal. Por El Chorrillo y la avenida de Los Poetas, desde la Calzada de Amador, sería una maravilla; sin embargo, ningún gobierno panameño ha prestado oído a nuestra sugerencia de que muden el barrio. Sólo en bienes raíces se recuperaría el costo y sobrarían millones para darles una vida digna.
Tendrá, pues, que hacerlo por el Mercado Público; y aquello es una vergüenza, perfecta ocasión para recordar al actual gobierno que debe dotar, de una vez por todas a la capital, de un acceso decente a la Presidencia y al Casco Viejo. Hay muchas alternativas, pero hace falta voluntad.
Llegar en helicóptero es más fácil, rápido y seguro; pero luce, a más de poco elegante, ridículo. Eso está bien para Irak, Israel y Siria, pero no para un país que, como el nuestro, tiene una rica y fascinante historia de más de siglo y medio de estrechas y casi siempre armoniosas relaciones, desde la construcción del Ferrocarril Transístmico, a mediados del siglo XIX.
Hubo una vez que arribó en helicóptero a Bagdad, después de la invasión. Pero lo hizo en una base militar, en las afueras de la ciudad. Ni siquiera se aventuró a la "franja verde", que es un complejo fortificado de edificios y hoteles en el centro de la ciudad, que más parece un inmenso bunker, donde duerme y vive lo más importante del personal de la ocupación. Panamá no merece ese tratamiento. Es humillante. A fin de cuentas, difícilmente haya otro país en que un norteamericano se sentiría más seguro y más a sus anchas. De hecho, más de un millar de sus jubilados tienen aquí su hogar y no lo cambian por nada. Pregunten a los que viven en Boquete. Si lo hace en carro, partiendo desde el Hotel Gamboa, ¿por dónde arribará? No por la avenida Central que es, para bien, un paseo peatonal. Por El Chorrillo y la avenida de Los Poetas, desde la Calzada de Amador, sería una maravilla; sin embargo, ningún gobierno panameño ha prestado oído a nuestra sugerencia de que muden el barrio. Sólo en bienes raíces se recuperaría el costo y sobrarían millones para darles una vida digna.
Tendrá, pues, que hacerlo por el Mercado Público; y aquello es una vergüenza, perfecta ocasión para recordar al actual gobierno que debe dotar, de una vez por todas a la capital, de un acceso decente a la Presidencia y al Casco Viejo. Hay muchas alternativas, pero hace falta voluntad.