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Por el agua, la vida


Por un poco de agua los panameños, en varios puntos del país, hacen literalmente lo que sea. Algunos ya sufren de insomnio y otros tienen bien ejercitados los músculos de las piernas y brazos como consecuencia de los pesados tanques que transportan a diario. ¿Cambiará algún día el panorama?
Números que espantan. Un informe del Ente Regulador de los Servicios Públicos señala que un 13% de los 2.8 millones de habitantes de la República de Panamá, no posee acueducto.
Fríos porcentajes que cobran relevancia social cuando se traducen a más de 300 mil personas abasteciéndose de pozos sanitarios, pozos brocales no protegidos, agua lluvia, pozos superficiales, ríos, quebradas y carros cisternas.
La señora Isabel Vernaza tiene más de 40 años de vivir en San Antonio de Tocumen y "siempre ha sido así". Ella ya perdió las esperanzas.
El ingeniero Augusto Varela de la dirección de Planificación del Instituto de Acueductos y Alcantarillados, es más optimista, sobre todo ahora que se han trazado proyectos de modernización por los próximos 25 años.
¿Qué ha pasado?. Varela es sincero. Prefiere no culpar a anteriores administraciones, sin embargo, señala que si de 1990 a la fecha se hubiesen invertido cerca de 20 millones de balboas por año, como se diría en buen panameño, "otro gallo cantaría" en lo que al IDAAN se refiere. Hoy los números hablan de unos 200 millones de balboas en obras.
Y en este esquema de inversiones y resultados, el punto "usuarios" tiene en jaque a la institución. El crecimiento de la población en centros urbanos ha sido desordenado, así lo explica Varela.
Sucede que las personas eligen sitios para vivir o se asientan en lugares donde no hay cabida para instalación de redes de acueductos. "Solicitan luego los servicios públicos y el agua es el principal de ellos". Empieza entonces el tira y hala: por un lado la exigencia de los nuevos residentes y por el otro, el procedimiento requerido, que parte por un título de propiedad.
"Un movimiento lineal y no radial", describe Varela y allí entra en escena el área Este que se abastece de la planta potabilizadora de Chilibre con más de 30 años de vida y capacidad actual de 125 millones de galones.
Se trata de un circuito 8 - 10 donde ya no serán cinco los legisladores (la ley establece uno por cada 25 mil) sino ocho, como prueba fehaciente de ese crecimiento al que refiere el funcionario, quien tiene una argumentación para el asunto.
Resulta que antes, en la época de las áreas revertidas y la zona del Canal no se desarrollaban estos sectores. El destino entonces era las afueras.
Pero, Nilka Obando y Naty Cedeño, ambas residentes en lo que se conoce como "Los Tanques" en El Coco de La Chorrera, ya no entienden razones. La última vez que les llegó el agua, según señalaron a El Panamá América durante un recorrido, fue el 29 de enero. De ahí en adelante sólo ven un carro cisterna "pasar de aquí para allá y aquí no paran".
Curiosamente el nombre de la comunidad obedece a que la bienvenida al área la dan dos inmensos tanques de 200 mil galones para lo que debiera ser el vital líquido y contradictoriamente es el óxido o tal vez aire el que se apoderó del espacio.
Nilka dijo aún más. "Es guarida de maleantes que se reúnen en las noches a planear fechorías". Sólo unas horas antes, en el corregimiento 24 de diciembre recibimos un testimonio similar. A una joven en uno de los sectores de la Rubén Darío Paredes del corregimiento de la 24 de diciembre, quien prefirió no revelar su nombre, no le ha valido de mucho tener a pocos metros de distancia un tanque de distribución del líquido.
A cambio del agua que debería llegarles por esta vía, reciben la visita de "fumadores y ladrones" que deciden hacer vida social en las inmediaciones del lugar.
La entrevistada, su hija y su madre, estaban ansiosas porque finalmente se acercara el carro cisterna. "Lo oímos pitar hace rato y todavía no viene".
Precisamente es esa la alternativa por la que ha optado el IDAAN hace ya muchos años con el fin de atender las demandas de la población.
Los cisternas abastecen a un porcentaje significativo de los lugareños de sectores en precarias condiciones de suministro. Pacora, Tocumen, la 24 de diciembre y hacia el oeste, La Chorrera y Arraiján, conocen bien este sistema.
Varela, por su parte, reconoce que repartir el agua a través de estos carros significa no sólo un problema de imagen , sino también de recursos económicos.
La inversión en este punto supera incluso los 2 millones de balboas. Sólo el año pasado la sequía provocó que el gasto en este sentido ascendiera a 2.3 millones de balboas.
Para el área Este y San Miguelito, trabajan cerca de 40 cisternas, lo que con el inicio de labores de la planta de Pacora hace unas dos semanas y cuyo costo se estima en 9.22 millones de balboas, "esta cantidad debe reducirse". En Arraiján hay otros cinco y en La Chorrera tres, de forma permanente.
La instalación debe beneficiar cerca de 110 mil y su capacidad de producción es de 12 millones de galones diarios.
La espera sigue y los ánimos empiezan a caldearse. La desesperación de los consultados en El Coco parecía estar alcanzando su punto máximo. Salían a nuestro paso por las calles de la comunidad. "Ojalá alguien haga algo", "estamos hartos", "promesas y promesas"... y por supuesto, lo usual, "ahora en tiempo de política nos bajan el cielo".

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