Por el rescate de la dignidad nacional
El Panamá de hoy es el resultado trágico de un crecimiento distorsionado, en donde la falta de planificación de la clase política, por un lado y la ambición desmedida por acumular capitales por parte de la oligarquía cipaya, conforman la base (Piedra Angular) que ha imposibilitado históricamente, el pleno desarrollo del país, aspiración del pueblo panameño por tener una nación próspera y verdaderamente independiente.
La penetración del capital extranjero en el plano económico, así como la explosión de la bomba migratoria de vastos sectores de población de distintas nacionalidades, particularmente colombianos, cuyo perfil no es precisamente el de una cultura elevada y de corta estancia en nuestro territorio, más bien su presencia trae consigo la simbología de la muerte, nefastas prácticas sociales (conductas alienadas), entre los cuales destaca el juega vivo o bellaquería para denotar a grandes rasgos que aquí estamos y este país nos lo tomamos; situación que amerita la atención de todos los que verdaderamente se sienten y actúan como panameños.
Los sectores progresistas del pueblo panameño lucharon por la expulsión de las tropas norteamericanas que utilizaron una porción del suelo patrio, como enclave en beneficio de los grandes intereses imperialistas y como rampa de agresión contra pueblos hermanos que propugnaban por la liberación nacional durante casi un siglo; no obstante, la trayectoria de lucha no debe declinar en la hora actual, en donde debemos redoblar esfuerzos para erradicar los males que nos han invadido.
Los panameños debemos tener, ante todo, conciencia de nación y debemos querernos como verdaderos hermanos (principio de identidad) y, a partir de ese estado, promover organizadamente, el inicio de una nueva etapa de lucha que tiene como estandarte, el rescate del decoro nacional.
Esta nueva fase de lucha implica que hay que abrir dos frentes, uno interno y otro externo. En el primero enfrentaríamos a aquellos sectores retardatarios que justifican y defienden el status quo y, en el segundo, nos ocuparíamos de salvaguardar nuestras fronteras y la seguridad interna del Estado con la participación del pueblo para contener a los traficantes de la muerte, la intriga y la agresión que, en su afán de involucrarnos en una guerra que no es nuestra, procuraran hacer hasta lo indecible para lograr sus inconfesables propósitos.
Queda descartada, de esta manera, la legitimidad del uso de los fondos de retiro en inversiones no productivas, de índole especulativa que sólo tengan como justificación la obtención de una ganancia dirigida a los fondos individuales y a la retribución de los administradores. En consecuencia de lo anterior, proponemos que estas consideraciones sean la base de un acuerdo marco para que, una vez alcanzado, pasar a discutir en detalle las modificaciones de la Ley del Seguro Social.
(juancarlosmas@hotmail.com)
La penetración del capital extranjero en el plano económico, así como la explosión de la bomba migratoria de vastos sectores de población de distintas nacionalidades, particularmente colombianos, cuyo perfil no es precisamente el de una cultura elevada y de corta estancia en nuestro territorio, más bien su presencia trae consigo la simbología de la muerte, nefastas prácticas sociales (conductas alienadas), entre los cuales destaca el juega vivo o bellaquería para denotar a grandes rasgos que aquí estamos y este país nos lo tomamos; situación que amerita la atención de todos los que verdaderamente se sienten y actúan como panameños.
Los sectores progresistas del pueblo panameño lucharon por la expulsión de las tropas norteamericanas que utilizaron una porción del suelo patrio, como enclave en beneficio de los grandes intereses imperialistas y como rampa de agresión contra pueblos hermanos que propugnaban por la liberación nacional durante casi un siglo; no obstante, la trayectoria de lucha no debe declinar en la hora actual, en donde debemos redoblar esfuerzos para erradicar los males que nos han invadido.
Los panameños debemos tener, ante todo, conciencia de nación y debemos querernos como verdaderos hermanos (principio de identidad) y, a partir de ese estado, promover organizadamente, el inicio de una nueva etapa de lucha que tiene como estandarte, el rescate del decoro nacional.
Esta nueva fase de lucha implica que hay que abrir dos frentes, uno interno y otro externo. En el primero enfrentaríamos a aquellos sectores retardatarios que justifican y defienden el status quo y, en el segundo, nos ocuparíamos de salvaguardar nuestras fronteras y la seguridad interna del Estado con la participación del pueblo para contener a los traficantes de la muerte, la intriga y la agresión que, en su afán de involucrarnos en una guerra que no es nuestra, procuraran hacer hasta lo indecible para lograr sus inconfesables propósitos.
Queda descartada, de esta manera, la legitimidad del uso de los fondos de retiro en inversiones no productivas, de índole especulativa que sólo tengan como justificación la obtención de una ganancia dirigida a los fondos individuales y a la retribución de los administradores. En consecuencia de lo anterior, proponemos que estas consideraciones sean la base de un acuerdo marco para que, una vez alcanzado, pasar a discutir en detalle las modificaciones de la Ley del Seguro Social.
(juancarlosmas@hotmail.com)