¡Por favor, basta de mentiras!
ANTES de su rumbosa presentación, el pasado mes de abril, a la propuesta de ampliación del Canal la caracterizó el misterio y, desde entonces, su falta de transparencia, como producto de las mentiras y falsas estimaciones con que nos siguen tratando de convencer, con un absoluto irrespeto a la inteligencia colectiva de nuestra nación.
La primera gran mentira, fue afirmar que si el 22 de octubre de 2006 no votamos a favor de la ampliación del Canal , tan pronto como al día siguiente, ante nuestros ojos, desorbitados por el horror, todas sus estructuras se derrumbarán, convertidas en chatarra inservible. Si eso fuera, siquiera remotamente verdad, tendríamos que preguntarnos, y muy seriamente, a donde fueron a parar todos los miles de millones de dólares que se han invertido en el mantenimiento del Canal. Y, además, exigir responsabilidades, no solo políticas sino también penales, a los encargados de su administración.
La segunda gran mentira, fue que una vez que se aprobara la ampliación, tan pronto como al día siguiente, empezaría el reclutamiento de decenas de miles de carpinteros, plomeros, albañiles, reforzadores, electricistas, choferes, carretilleros, etc., en número tal, que el desempleo en Panamá sólo sería un mal recuerdo lejano.
Vender semejante patraña a un pueblo con un 40 o más por ciento de pobreza, y desesperado por falta de empleos, más que una irresponsabilidad política, es un acto de suprema crueldad y una burla trágica a la miseria en que se debaten centenares de miles de panameños que, noche tras noche, se acuestan con el estómago pegado al espinazo. Espero que a nadie esto le parezca gracioso, porque es una realidad inhumana y más repetida de lo que reflejan las acomodadas estadísticas oficiales.
La tercera gran mentira, fue promover, mediante una propaganda infame, la especie de si el 22 de octubre no aprobamos la ampliación, tan pronto como al día siguiente, todos los barcos que transitan por el Canal de Panamá se esfumarán, desplazándose hacia rutas alternas, y nosotros, al igual que "el Cónsul que oteaba el horizonte" (1)* terminaríamos apostados a la entrada del Canal, a la espera de que aparezca un descarriado barquichuelo dispuesto a cruzarlo. Ni las rutas alternas existen ni son como los hongos que proliferan después de la lluvia.
La cuarta gran mentira, fue afirmar que la obra de la ampliación la pagarían, "de puros generosos que son", los usuarios del Canal. Eso es tanto como creer que las empresas navieras, que son consorcios económicos que compiten entre ellas, despiadadamente, para sacar la mayor tajada posible del comercio marítimo mundial, por una extraña y maravillosa metamorfosis, de la noche a la mañana se convirtieron al ideario de la madre Teresa de Calcuta. Si las empresas navieras, principales usuarias del Canal, han aceptado cubrir 3,000 o 4,000 millones de dólares del costo de las obras, mediante de un incremento de los peajes, como se ha dicho repetidamente, ya es hora de que el documento en que se pactó ese acuerdo se haga público, para que lo conozcamos todos para despejar cualquier suspicacias. Si existe, pero se mantiene secreto, hay razón para sospechar; y si no existe, peor la cosa.
Para despejar dudas y suspicacias, bastaría con que a Panamá vinieran, por un día pues no hace falta más, los capos de las principales navieras y confirmaran lo dicho por el gobierno y la ACP y, además, explicaran qué esperan recibir a cambio.
La quinta gran mentira, fue que no serían necesarios nuevos endeudamientos. Eso es tanto como decir que el dinero para cubrir el costo de la ampliación nos caerá del cielo. En los tiempos en que vivimos ni los niños creen en las pajaritas preñadas. Todavía no se ha aclarado, satisfactoriamente, cuál sera el costo real de la ampliación y, tampoco, quienes prestarán los 3,000 millones de dólares que harían falta. Para impresionarnos, todos los días aparecen los anuncios de que los chinos, coreanos, singapurianos, ingleses, franceses, italianos, hongkonianos, esquimales, y hasta los bosquimanos, están interesados en financiar la ampliación, y eso sin contar todos los bancos, grandes y chiquitos, que se dice tienen listas sus chequeras para prestarnos lo suficiente para construir, no sólo un tercer juego de esclusas sino otro canal nuevecito.
Para nada debe extrañar que existan tantos voluntarios dispuestos a prestarnos plata para la ampliación. Para cualquier banco o país, dedicado a lucrar del préstamo, si el prestatario no tiene deudas y, además, tiene activos saneados y productivos de un valor 30 o 40 veces mayor, como es el caso del Canal, por supuesto que es un magnífico negocio prestarle 3,000 millones, a buenos intereses y de segura recuperación. Por tanto, es infantil que, como si fuera una prueba irrefutable de la bondad del proyecto, todos los días nos informen que hay nuevos voluntarios para financiar el proyecto del tercer juego de esclusas. Lo importante sería que el gobierno y la ACP aclararan en qué terminos y condiciones todos "esos interesados y altruistas financistas" están dispuestos a facilitarnos "su dinero". Lo demás, son yerbas aromáticas.
La sexta gran mentira, es la afirmación, cien por ciento demagógica, de que con los ingresos, aumentados exponencialmente, que producirá el Canal ampliado, a partir del año 2015, en Panamá, hasta los más desamparados tendrán escuelas, agua potable, servicios médicos, caminos y puentes, campos de juego, abundantes trabajos, un techo bajo el cual guarecerse y comida caliente todos los días. Como los más interesados promotores del Sí saben que eso no es verdad, algunos de ellos ya comienzan a decir, curándose en salud, que "nadie espere que la ampliación resuelva el problema de la pobreza". Eso lo hemos sabido desde siempre; pero es bueno que algunos voceros oficiales y otros oficiosos lo reconozcan públicamente. Después de tantas mentiras, sólo concibo tres razones para votar a favor de la ampliación: la primera y más poderosa, es, desde luego, la obtención de ventajas políticas o económicas personales o de negocios (poner atención a quienes son los principales promotores del Sí, puede aclararle el panorama); la segunda, que usted se crea la propaganda oficial (para lo que se requiere una buena dosis de ingenuidad o de otras cosas); y, la tercera, que usted, sinceramente, crea que el proyecto es bueno y, sobre todo urgente. Sobre las dos primeras, aclaro que estoy entre los miles de panameños que no esperan lucrar de la proyectada ampliación y, además, que no tengo tragaderas suficientes para pasar la propaganda oficial; sobre la tercera, mis comentarios de hoy y de mis anteriores escritos me relevan de mayores elaboraciones.
(*)(1) Es el cuento de un Cónsul panameño al que no le habían informado que a su consulado lo habían reclasificado y ya no era de Marina Mercante, y todos los días iba a la playa a otear el horizonte a ver si avistaba los barcos, que nunca llegarían.
La primera gran mentira, fue afirmar que si el 22 de octubre de 2006 no votamos a favor de la ampliación del Canal , tan pronto como al día siguiente, ante nuestros ojos, desorbitados por el horror, todas sus estructuras se derrumbarán, convertidas en chatarra inservible. Si eso fuera, siquiera remotamente verdad, tendríamos que preguntarnos, y muy seriamente, a donde fueron a parar todos los miles de millones de dólares que se han invertido en el mantenimiento del Canal. Y, además, exigir responsabilidades, no solo políticas sino también penales, a los encargados de su administración.
La segunda gran mentira, fue que una vez que se aprobara la ampliación, tan pronto como al día siguiente, empezaría el reclutamiento de decenas de miles de carpinteros, plomeros, albañiles, reforzadores, electricistas, choferes, carretilleros, etc., en número tal, que el desempleo en Panamá sólo sería un mal recuerdo lejano.
Vender semejante patraña a un pueblo con un 40 o más por ciento de pobreza, y desesperado por falta de empleos, más que una irresponsabilidad política, es un acto de suprema crueldad y una burla trágica a la miseria en que se debaten centenares de miles de panameños que, noche tras noche, se acuestan con el estómago pegado al espinazo. Espero que a nadie esto le parezca gracioso, porque es una realidad inhumana y más repetida de lo que reflejan las acomodadas estadísticas oficiales.
La tercera gran mentira, fue promover, mediante una propaganda infame, la especie de si el 22 de octubre no aprobamos la ampliación, tan pronto como al día siguiente, todos los barcos que transitan por el Canal de Panamá se esfumarán, desplazándose hacia rutas alternas, y nosotros, al igual que "el Cónsul que oteaba el horizonte" (1)* terminaríamos apostados a la entrada del Canal, a la espera de que aparezca un descarriado barquichuelo dispuesto a cruzarlo. Ni las rutas alternas existen ni son como los hongos que proliferan después de la lluvia.
La cuarta gran mentira, fue afirmar que la obra de la ampliación la pagarían, "de puros generosos que son", los usuarios del Canal. Eso es tanto como creer que las empresas navieras, que son consorcios económicos que compiten entre ellas, despiadadamente, para sacar la mayor tajada posible del comercio marítimo mundial, por una extraña y maravillosa metamorfosis, de la noche a la mañana se convirtieron al ideario de la madre Teresa de Calcuta. Si las empresas navieras, principales usuarias del Canal, han aceptado cubrir 3,000 o 4,000 millones de dólares del costo de las obras, mediante de un incremento de los peajes, como se ha dicho repetidamente, ya es hora de que el documento en que se pactó ese acuerdo se haga público, para que lo conozcamos todos para despejar cualquier suspicacias. Si existe, pero se mantiene secreto, hay razón para sospechar; y si no existe, peor la cosa.
Para despejar dudas y suspicacias, bastaría con que a Panamá vinieran, por un día pues no hace falta más, los capos de las principales navieras y confirmaran lo dicho por el gobierno y la ACP y, además, explicaran qué esperan recibir a cambio.
La quinta gran mentira, fue que no serían necesarios nuevos endeudamientos. Eso es tanto como decir que el dinero para cubrir el costo de la ampliación nos caerá del cielo. En los tiempos en que vivimos ni los niños creen en las pajaritas preñadas. Todavía no se ha aclarado, satisfactoriamente, cuál sera el costo real de la ampliación y, tampoco, quienes prestarán los 3,000 millones de dólares que harían falta. Para impresionarnos, todos los días aparecen los anuncios de que los chinos, coreanos, singapurianos, ingleses, franceses, italianos, hongkonianos, esquimales, y hasta los bosquimanos, están interesados en financiar la ampliación, y eso sin contar todos los bancos, grandes y chiquitos, que se dice tienen listas sus chequeras para prestarnos lo suficiente para construir, no sólo un tercer juego de esclusas sino otro canal nuevecito.
Para nada debe extrañar que existan tantos voluntarios dispuestos a prestarnos plata para la ampliación. Para cualquier banco o país, dedicado a lucrar del préstamo, si el prestatario no tiene deudas y, además, tiene activos saneados y productivos de un valor 30 o 40 veces mayor, como es el caso del Canal, por supuesto que es un magnífico negocio prestarle 3,000 millones, a buenos intereses y de segura recuperación. Por tanto, es infantil que, como si fuera una prueba irrefutable de la bondad del proyecto, todos los días nos informen que hay nuevos voluntarios para financiar el proyecto del tercer juego de esclusas. Lo importante sería que el gobierno y la ACP aclararan en qué terminos y condiciones todos "esos interesados y altruistas financistas" están dispuestos a facilitarnos "su dinero". Lo demás, son yerbas aromáticas.
La sexta gran mentira, es la afirmación, cien por ciento demagógica, de que con los ingresos, aumentados exponencialmente, que producirá el Canal ampliado, a partir del año 2015, en Panamá, hasta los más desamparados tendrán escuelas, agua potable, servicios médicos, caminos y puentes, campos de juego, abundantes trabajos, un techo bajo el cual guarecerse y comida caliente todos los días. Como los más interesados promotores del Sí saben que eso no es verdad, algunos de ellos ya comienzan a decir, curándose en salud, que "nadie espere que la ampliación resuelva el problema de la pobreza". Eso lo hemos sabido desde siempre; pero es bueno que algunos voceros oficiales y otros oficiosos lo reconozcan públicamente. Después de tantas mentiras, sólo concibo tres razones para votar a favor de la ampliación: la primera y más poderosa, es, desde luego, la obtención de ventajas políticas o económicas personales o de negocios (poner atención a quienes son los principales promotores del Sí, puede aclararle el panorama); la segunda, que usted se crea la propaganda oficial (para lo que se requiere una buena dosis de ingenuidad o de otras cosas); y, la tercera, que usted, sinceramente, crea que el proyecto es bueno y, sobre todo urgente. Sobre las dos primeras, aclaro que estoy entre los miles de panameños que no esperan lucrar de la proyectada ampliación y, además, que no tengo tragaderas suficientes para pasar la propaganda oficial; sobre la tercera, mis comentarios de hoy y de mis anteriores escritos me relevan de mayores elaboraciones.
(*)(1) Es el cuento de un Cónsul panameño al que no le habían informado que a su consulado lo habían reclasificado y ya no era de Marina Mercante, y todos los días iba a la playa a otear el horizonte a ver si avistaba los barcos, que nunca llegarían.