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Por la constituyente


Quienes conceptuamos la política como servicio noble, en favor de la Patria, estamos en la obligación moral de exigir a los dirigentes políticos propuestas concretas y realizables, especialmente en la presente campaña electoral.

Hablar de cambios, como algunos lo hacen, nada nuevo conlleva, pues lógico es pensar que minutos después del escrutinio correspondiente, el cambio de figuras en la administración se ha concretado.

El cambio que nuestro país requiere exige mucho más que eso. Necesita ofertas que vislumbren verdaderas transformaciones, rezagadas por la incapacidad, la abulia y el débil liderazgo de quienes han detentado el poder en democracia.

El país decente reclama una Asamblea Nacional Constituyente que aporte los lineamientos que conduzcan a una estructura administrativa ajustada a los signos de una auténtica democracia, y no al continuismo de un sistema centralizado con poderes absolutos, mandatos que corroen la administración pública, nublando toda vía a la transparencia, a la justicia, al derecho en toda la extensión, y los efectivos controles del aparato gubernamental.

Si en un nuevo gobierno, sea éste conducido por la oposición gelatinosa, o por la oposición civilista, no nos presenta la alternativa de una constituyente, no pretenderá otra cosa que repartirse la red pública, como lo ha hecho el actual, y pasar a la historia como un gobierno más. Y de gobernantes para disfrutar del poder, conceder honores y aumentar su riqueza, ya estamos cansados.

La conciencia nacional debe abrirle paso a los líderes que, con equilibrio, honestidad, verticalidad, y visión de país, presentan su aspiración a la Presidencia de la República.

101 años de Panamá América

 
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