Por la idoneidad
Aunque parezca mentira, son muchísimos los corregidores en nuestro país que ejercen tan delicado cargo con absoluto desconocimiento de sus deberes administrativos, y fundamentalmente de la ley.
Inclusive, en circunscripciones remotas siguen siendo instrumentos de politiquería al servicio de jefes municipales en igualdad de condiciones y que, en contados casos, responden a lineamientos políticos partidistas.
Se trata de una realidad consecuente con el caudillismo local y con el obstáculo hacia el progreso, hecho notorio en las células políticas afectadas. Caso contrario se observa en otras áreas donde la capacidad del funcionario municipal alcanza niveles de eficiencia y una proyección satisfactoria para la mayoría de la población.
Así tenemos alcaldes que trabajan por todos y para todos; con equipos en corregimientos totalmente identificados con su especial misión, sin interferencias partidistas, conducta que merece aplauso y reconocimiento. Otros funcionarios que a veces desconocen sus responsabilidades primarias son algunos representantes de corregimiento que, en los suburbios, se convierten en los pequeños dictadores, en manda más, en el perseguidor de los que no lo favorecieron con su voto. Esos son los cero tolerancia, y que solo “trabajan” en función de lograr, por las buenas o por las malas, adherentes para su partido.
Estas tristes y lamentables realidades que, aunque son contadas, hacen daño, debiera inspirar en los organismos competentes la apertura de una escuela de formación de funcionarios municipales para que, idóneos y no idóneos, hagan causa común con la civilización y, fundamentalmente, con el derecho de la sociedad a sentirse servida, protegida y considerada por quienes son pagados para nobles propósitos, y no para desvirtuar sus deberes y derechos. Panamá requiere de un cambio en tal sentido.