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Por la libertad de prensa


Francisco Santos ha realizado en Colombia una labor digna de reconocimiento, debido a su inclaudicable defensa de los principios substanciales de la sociedad, tanto como jefe de redacción del influyente rotativo bogotano El Tiempo, como también en su calidad de director de la Fundación País Libre.
Este personaje se vio obligado a salir de su patria, luego de recibir constantes amenazas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia para asesinarle. En los últimos días, sicarios contratados por las FARC le habían estado siguiendo por las calles de la capital colombiana con la intención de cumplir estos ruines objetivos.
Santos ya sufrió en carne propia la cobarde arremetida del narcoterrorismo. En los años del tristemente célebre Pablo Escobar y por orden de este mafioso, se le secuestró y mantuvo cautivo, encadenado a una cama en un cuarto de tres por tres, lapso de doscientos sesenta y tres días.
Luego de que salió de este injusto y repudiable trance, fundó País Libre, que pública y reiteradamente , mediante caudalosas manifestaciones ciudadanas, ha venido pidiendo a la narcosubversión que ponga fin a los plagios y a las acciones armadas , con miras a que efectivamente se integre a la paz y al progreso que tanto requiere esa vapuleada república.
Ahora, la situación para él ha llegado a extremos. Merecen relevarse estas reflexiones que hizo en el artículo titulado "Por qué me voy", que se publicó en el anotado periódico: "Siempre supe que dar la cara por otros en asuntos donde se mueven miles de millones de pesos, como lo es la industria criminal del secuestro, conllevaba riesgos. Pero estos eran apenas una posibilidad latente que sólo hasta hace poco se hizo evidente: hay un complot para matarme. Soy un estorbo para ese macabro negocio que acaba con cualquier frontera ética o ideológica. Así de simple es la cosa. Desde que tuve la certeza de que mi vida corría peligro, me he desvelado pensando si lo consecuente con mi lucha es dejarme matar o luchar por sobrevivir. Siento que mi compromiso es luchar, lo que sólo se puede hacer mientras siga vivo. Este nuevo episodio personal me va a dar aún más fuerzas para seguir luchando y volver".
El caso de Francisco Santos se suma a infinidad de otros que revelan lo que está aconteciendo en contra del periodismo libre y democrático. Instituciones especializadas y de carácter internacional han informado que el año anterior fue de los más mortíferos en contra de los periodistas, Colombia está calificada como la nación más peligrosa en América Latina para ejercer esta profesión.
Una de esas entidades es el Instituto Internacional para la Prensa, que tiene su sede en Viena y que ha singularizado al fenómeno en referencia, al reconocer que los comunicadores que tratan temas referentes a corrupción, narcotráfico o violencia guerrillera, en territorios colombianos, se ven enfrentados a chantajes, amenazas, ataques físicos y psicológicos, e incluso, la muerte, lo que constituye flagrantes atentados a la libertad de expresión.
Sin esta garantía fundamental que consolida el ejercicio de los derechos humanos nada bueno puede esperarse, por ello, la prensa continental lo menos que puede hacer es solidarizarse con los colegas que han sufrido y están soportando retaliaciones, a la vez que reafirmar el compromiso de defender las más nobles causas de la humanidad. De lo contrario prevalecería la negatividad de la barbarie.
Francisco Santos, jefe de redacción de El Tiempo y director de la Fundación País Libre, se vio obligado a abandonar Colombia. Siguen los atropellos a la libertad de expresión, lo que reclama la frontal solidaridad de la prensa del continente.

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