Por la nueva izquierda, democrática y plural
Un corrosivo debate se originó en ciertos círculos en torno a unas recientes declaraciones de Eduardo Galeano a un medio de comunicación brasileño. Galeano tiene sus mañas, pero dentro de todo es razonable cuando habla. Él todavía tiene fe en las utopías, cosa de valientes. Sin embargo, otros (quienes no creemos en tales destinos prometidos) igual compartimos con él un creer en el cambio. No obstante, cambiar implica transformar mentalidades de adentro para afuera; he ahí lo corrosivo del debate. Sus detractores fueron especialmente duros, pues se atrevió reiterar sus críticas contra Cuba. Y fue aquella vieja izquierda (aún anquilosada en la misma ortodoxia) la que hizo del debate un intercambiar de insultos.
La vieja izquierda tuvo su momento histórico... y fracasó. Para resumir su triste drama, su dogmática terminó relegada a los libros de historia, cosa irónica, ya que por muchos años sus confiadas respuestas se nutrieron de la quema de libros (e ideas) para mantener viva la llama de ilusiones sin fundamento. Y aún cuando el mundo occidental tiene un récord igual de reprochable en materia de derechos humanos, la vieja izquierda no puede seguir justificando las matanzas, el terror y las injusticias a manos de la nomenklatura como una cuestión de doble moral.
La izquierda debe buscar nuevos derroteros, nuevos caminos para poder aspirar legítima y democráticamente al poder público. Ser de izquierda hoy no debe (y no puede) significar estar a favor de las reinvindicaciones a mano armada o sentirse partidario de la burocratización del Estado o de una dictadura sin más derecho que la fuerza; tampoco debe identificarse con la entronización de figuras carismáticas o con la explicación de todo fenómeno social o político con una extraña teoría de conspiración.
El mundo de por sí es complicado, las estructuras son dialécticas y dinámicas -y Marx entendió lo antes dicho a cabalidad. Por tanto, hay que pensar de manera creativa y reinterpretar la teoría del ayer y los tristes eventos del presente con otros ojos, con una singular mezcla de serenidad y pasión; es necesario desechar la verticalidad de aquella pregunta: ¿Qué debe primar, la sociedad o el individuo? y optar no por una, sino por varias respuestas a la cuestión.
La nueva izquierda debe tener como objetivo la democracia y el pluralismo, la republicanización de las sociedades, si queremos ponerle un nombre. Hay que darle poder a los ciudadanos para que puedan ayudarse los unos a los otros. Un gobierno de mayoría no debe implicar el exterminio de las minorías, debe ser un modelo político que enfatice una economía solidaria y cooperativa donde la descentralización, la desburocratización y la autogestión sean mecanismos de mandato. Ser de izquierda debe significar ser partidario de las causas de los desposeídos, ofreciendo respuestas que no planteen su exterminio como opción - tal como quisieran grupos que señalan al egoísmo como norte de sus ideas. Educar al hombre implica cambiar la forma en que se ve a sí mismo y los demás, aprender siempre ha implicado transformación. Otro mundo mejor es posible: ¿Por qué no? Y esto no lleva implícito una utopía, simplemente es reconocer nuestras posibilidades como personas dispuestas a crecer si alguien cree en nosotros.
* Columnista de The Panama News Online.
(www.thepanamanews.com)
Los agricultores panameños deben entender que ningún gobierno hará por ellos más de lo que ellos estén dispuestos a realizar por sí mismos. Los nuevos mercados europeos exigen la programación de las cosechas, la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible. También están dispuestos a pagar sustancialmente bien por esa diferencia.
Israel ha tenido un éxito extraordinario supliendo vegetales de temporada a Europa durante el invierno nórdico, apoyado en tres variables: la tecnología agrícola de punta, el clima subtropical y una política nacional de comercio exterior coherente con los intereses de los agricultores locales. Esta es una receta que podemos implementar en Panamá, redefiniendo la estrategia del sector primario, aprovechando la fuerte inversión estatal en los sistemas de riego y tecnologías de punta, preparando auditores en el Eurepgap, programando las cosechas debido a la benignidad del clima y liberando el potencial creativo y empresarial de nuestros agricultores.
La vieja izquierda tuvo su momento histórico... y fracasó. Para resumir su triste drama, su dogmática terminó relegada a los libros de historia, cosa irónica, ya que por muchos años sus confiadas respuestas se nutrieron de la quema de libros (e ideas) para mantener viva la llama de ilusiones sin fundamento. Y aún cuando el mundo occidental tiene un récord igual de reprochable en materia de derechos humanos, la vieja izquierda no puede seguir justificando las matanzas, el terror y las injusticias a manos de la nomenklatura como una cuestión de doble moral.
La izquierda debe buscar nuevos derroteros, nuevos caminos para poder aspirar legítima y democráticamente al poder público. Ser de izquierda hoy no debe (y no puede) significar estar a favor de las reinvindicaciones a mano armada o sentirse partidario de la burocratización del Estado o de una dictadura sin más derecho que la fuerza; tampoco debe identificarse con la entronización de figuras carismáticas o con la explicación de todo fenómeno social o político con una extraña teoría de conspiración.
El mundo de por sí es complicado, las estructuras son dialécticas y dinámicas -y Marx entendió lo antes dicho a cabalidad. Por tanto, hay que pensar de manera creativa y reinterpretar la teoría del ayer y los tristes eventos del presente con otros ojos, con una singular mezcla de serenidad y pasión; es necesario desechar la verticalidad de aquella pregunta: ¿Qué debe primar, la sociedad o el individuo? y optar no por una, sino por varias respuestas a la cuestión.
La nueva izquierda debe tener como objetivo la democracia y el pluralismo, la republicanización de las sociedades, si queremos ponerle un nombre. Hay que darle poder a los ciudadanos para que puedan ayudarse los unos a los otros. Un gobierno de mayoría no debe implicar el exterminio de las minorías, debe ser un modelo político que enfatice una economía solidaria y cooperativa donde la descentralización, la desburocratización y la autogestión sean mecanismos de mandato. Ser de izquierda debe significar ser partidario de las causas de los desposeídos, ofreciendo respuestas que no planteen su exterminio como opción - tal como quisieran grupos que señalan al egoísmo como norte de sus ideas. Educar al hombre implica cambiar la forma en que se ve a sí mismo y los demás, aprender siempre ha implicado transformación. Otro mundo mejor es posible: ¿Por qué no? Y esto no lleva implícito una utopía, simplemente es reconocer nuestras posibilidades como personas dispuestas a crecer si alguien cree en nosotros.
* Columnista de The Panama News Online.
(www.thepanamanews.com)
Los agricultores panameños deben entender que ningún gobierno hará por ellos más de lo que ellos estén dispuestos a realizar por sí mismos. Los nuevos mercados europeos exigen la programación de las cosechas, la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible. También están dispuestos a pagar sustancialmente bien por esa diferencia.
Israel ha tenido un éxito extraordinario supliendo vegetales de temporada a Europa durante el invierno nórdico, apoyado en tres variables: la tecnología agrícola de punta, el clima subtropical y una política nacional de comercio exterior coherente con los intereses de los agricultores locales. Esta es una receta que podemos implementar en Panamá, redefiniendo la estrategia del sector primario, aprovechando la fuerte inversión estatal en los sistemas de riego y tecnologías de punta, preparando auditores en el Eurepgap, programando las cosechas debido a la benignidad del clima y liberando el potencial creativo y empresarial de nuestros agricultores.