Por los caminos de la educación
Siempre he pensado que cuando se trata acerca del tema de educación, tenemos en consideración los que participan, tales como los educadores, estudiantes, padres de familia y comunidad en general.
Todos los años, y siempre al inicio de clases, surgen inconvenientes en casi todo el país, relacionados con la estructura física, sillas pupitres, laboratorios, materiales didácticos y, por último, la ausencia de docentes.
Este fenómeno, que aparece en algunos centros escolares o escuelas separadas, ya sea de primaria o secundaria, cobra vigencia para este tiempo y desde luego, viene una mortificación en la sociedad por cuanto el mismo tiene sus raíces de muchos años atrás cuando los males eran fáciles de corregir.
Es de suponer que al frente de cada escuela debe estar un director antes o después de vacaciones quien en unión con los docentes, deben ser los vigilantes del buen mantenimiento de las instalaciones, pero no hay tiempo para resolver los problemas internos y externos del aula.
Conocemos casos de aulas donde aparecen las clásicas goteras (en el techo), pero pasadas las lluvias, no se le presta atención.
Con el tiempo ya no es una, son varias, y naturalmente, poco a poco el techo con o sin cielo raso está podrido y más si están presentes comején y murciélagos.
Como no inspeccionamos detalladamente, no nos percatamos de nada hasta cuando ya el mal no tiene remedio.
Es necesario entonces cambiar la estructura. Viene la protesta. No vamos a defender a los superiores porque si no hay comunicación no están enterados, y si están informados vendrán las excusas.
Como podrán observar, esta situación se repite en muchos lugares.
A lo anterior sumamos el estado de los pupitres, muebles, tableros, sillas y otros, los cuales corren la misma suerte, dentro y fuera del plantel.
Considero que tanto el techo como las sillas o cualquier mueble tiene solución si se atiende inmediatamente el daño y no permitir que se acumulen otras unidades. Si hay un director preocupado y consciente de su deber, toma esas sillas, pocas desde luego, y si está a su alcance hace las reparaciones necesarias y si son de metal ha de buscar un soldador (ya hoy están en todas partes).
Creo que si encararan esos problemas desde su inicio, no encontraríamos en el futuro mayores daños.
Soy creyente de la gestión activa y celosa de cada director, docente y padre de familia.
Es la dirección la que debe hacerle frente a esos pequeños problemas en sus primeras etapas, y si los mismos hechos se escapan de la gestión del director, entonces estaría su superior.
Esta es la clásica situación de la educación en algunos lugares del país.
Pienso, que tanto los dirigentes como docentes si verdaderamente llevan en el alma el deseo de participar en la dedicada misión de educar, tienen que poner en función todo su entusiasmo, su iniciativa, su creatividad, para cooperar, dar ejemplo en principio sencillos. Un educador tiene que darse por entero al compromiso.
Veamos otro aspecto. Si bien es cierto, una gran cantidad de docentes no residen en el lugar donde prestan sus servicios, por igual tienen que estar atentos para dar solución a los problemas que siempre existirán.
No es posible ver algunos casos, escuelas o no, que tuvieran magnífico techo de zinc, que por ausencia de un clavo o tornillo se descubra una hoja y no se haga nada por remediarlo como es debido, sino prefieren recurrir a lo que se está poniendo en práctica: colocar un clavo o tornillo que de manera irónica decimos con cabeza en forma y tamaño de un bloque de cemento.
La autogestión se impone cuando, quien tiene a su cargo la responsabilidad procede a corregir esos pequeños problemas físicos y no espera que se aumenten los males. Corregir sería lo ideal. Todo lo anterior son comentarios de la vida diaria, mas estos casos tienen que sumar algo que también es cierto.
En líneas que anteceden decimos que el educador no reside en las comunidades donde trabaja y desde luego, no puede observarse hoy lo que hace tiempo era normal, los docentes vivían en la comunidad lo cual constituía una verdadera ventaja para nuestro sistema educativo.
El director o el maestro, podrán argumentar, no hay ambiente agradable en el aula, no hay comodidad para residir, y es cierto. Conocemos muchos casos en que el ambiente en pleno mediodía es insoportable por el calor del sol, no hay sanitarios que funcionen con agua, no hay acueducto y si existe no se utiliza para tal fin.
Los programas de construcción de escuelas en lugares de áreas apartadas, en nuestro concepto, deberían contar con comodidades físicas que le inviten al educador permanecer en el lugar.
Conocemos escuelas que están rodeadas de sólidas y hermosas cercas de ciclón u otro material, sin embargo las aulas no ofrecen el confort ideal para impartir sus clases y residir.
¿Qué diríamos del estudiante quien junto al educador también sufre la inclemencia del tiempo? Claro, si el educador viaja en la mañana y pasa el mediodía, ¿qué entusiasmo puede tener para quedarse? Desde luego su deseo es volver al lugar de residencia. Ahora, cuando se está hablando de nuevas estructuras y mejoramiento total de las existencias, debe tomar en cuenta que se debe proporcionar al educador y al estudiante estructuras físicas agradables, cómodas, etc., para que con esa nueva visión se ofrezca al docente el ambiente ideal para también decir que se ha proporcionado lo mejor, para lograr una educación a tono con el tiempo que equivale a la modernización y globalización que debe venir completa, lo cual es obligación del Estado.
Todos los años, y siempre al inicio de clases, surgen inconvenientes en casi todo el país, relacionados con la estructura física, sillas pupitres, laboratorios, materiales didácticos y, por último, la ausencia de docentes.
Este fenómeno, que aparece en algunos centros escolares o escuelas separadas, ya sea de primaria o secundaria, cobra vigencia para este tiempo y desde luego, viene una mortificación en la sociedad por cuanto el mismo tiene sus raíces de muchos años atrás cuando los males eran fáciles de corregir.
Es de suponer que al frente de cada escuela debe estar un director antes o después de vacaciones quien en unión con los docentes, deben ser los vigilantes del buen mantenimiento de las instalaciones, pero no hay tiempo para resolver los problemas internos y externos del aula.
Conocemos casos de aulas donde aparecen las clásicas goteras (en el techo), pero pasadas las lluvias, no se le presta atención.
Con el tiempo ya no es una, son varias, y naturalmente, poco a poco el techo con o sin cielo raso está podrido y más si están presentes comején y murciélagos.
Como no inspeccionamos detalladamente, no nos percatamos de nada hasta cuando ya el mal no tiene remedio.
Es necesario entonces cambiar la estructura. Viene la protesta. No vamos a defender a los superiores porque si no hay comunicación no están enterados, y si están informados vendrán las excusas.
Como podrán observar, esta situación se repite en muchos lugares.
A lo anterior sumamos el estado de los pupitres, muebles, tableros, sillas y otros, los cuales corren la misma suerte, dentro y fuera del plantel.
Considero que tanto el techo como las sillas o cualquier mueble tiene solución si se atiende inmediatamente el daño y no permitir que se acumulen otras unidades. Si hay un director preocupado y consciente de su deber, toma esas sillas, pocas desde luego, y si está a su alcance hace las reparaciones necesarias y si son de metal ha de buscar un soldador (ya hoy están en todas partes).
Creo que si encararan esos problemas desde su inicio, no encontraríamos en el futuro mayores daños.
Soy creyente de la gestión activa y celosa de cada director, docente y padre de familia.
Es la dirección la que debe hacerle frente a esos pequeños problemas en sus primeras etapas, y si los mismos hechos se escapan de la gestión del director, entonces estaría su superior.
Esta es la clásica situación de la educación en algunos lugares del país.
Pienso, que tanto los dirigentes como docentes si verdaderamente llevan en el alma el deseo de participar en la dedicada misión de educar, tienen que poner en función todo su entusiasmo, su iniciativa, su creatividad, para cooperar, dar ejemplo en principio sencillos. Un educador tiene que darse por entero al compromiso.
Veamos otro aspecto. Si bien es cierto, una gran cantidad de docentes no residen en el lugar donde prestan sus servicios, por igual tienen que estar atentos para dar solución a los problemas que siempre existirán.
No es posible ver algunos casos, escuelas o no, que tuvieran magnífico techo de zinc, que por ausencia de un clavo o tornillo se descubra una hoja y no se haga nada por remediarlo como es debido, sino prefieren recurrir a lo que se está poniendo en práctica: colocar un clavo o tornillo que de manera irónica decimos con cabeza en forma y tamaño de un bloque de cemento.
La autogestión se impone cuando, quien tiene a su cargo la responsabilidad procede a corregir esos pequeños problemas físicos y no espera que se aumenten los males. Corregir sería lo ideal. Todo lo anterior son comentarios de la vida diaria, mas estos casos tienen que sumar algo que también es cierto.
En líneas que anteceden decimos que el educador no reside en las comunidades donde trabaja y desde luego, no puede observarse hoy lo que hace tiempo era normal, los docentes vivían en la comunidad lo cual constituía una verdadera ventaja para nuestro sistema educativo.
El director o el maestro, podrán argumentar, no hay ambiente agradable en el aula, no hay comodidad para residir, y es cierto. Conocemos muchos casos en que el ambiente en pleno mediodía es insoportable por el calor del sol, no hay sanitarios que funcionen con agua, no hay acueducto y si existe no se utiliza para tal fin.
Los programas de construcción de escuelas en lugares de áreas apartadas, en nuestro concepto, deberían contar con comodidades físicas que le inviten al educador permanecer en el lugar.
Conocemos escuelas que están rodeadas de sólidas y hermosas cercas de ciclón u otro material, sin embargo las aulas no ofrecen el confort ideal para impartir sus clases y residir.
¿Qué diríamos del estudiante quien junto al educador también sufre la inclemencia del tiempo? Claro, si el educador viaja en la mañana y pasa el mediodía, ¿qué entusiasmo puede tener para quedarse? Desde luego su deseo es volver al lugar de residencia. Ahora, cuando se está hablando de nuevas estructuras y mejoramiento total de las existencias, debe tomar en cuenta que se debe proporcionar al educador y al estudiante estructuras físicas agradables, cómodas, etc., para que con esa nueva visión se ofrezca al docente el ambiente ideal para también decir que se ha proporcionado lo mejor, para lograr una educación a tono con el tiempo que equivale a la modernización y globalización que debe venir completa, lo cual es obligación del Estado.