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Por los muertos de un lado u otro


La comunidad nacional está conmovida por los acontecimientos sobre hallazgos de osamentas humanas en el antiguo cuartel de las Fuerzas de Defensa, que por muchos años se convirtió en el hogar de la compañía de infantería "Pumas" de Tocumen.
Estos eventos son una clara lección que no hay nada que pueda ocultarse bajo el sol; y que la verdad por más que se trate de ocultar es como un rayo de luz, que cuando atraviesa una hendija alumbra todo el espacio. Las muertes de panameños que fallecieron a manos de un grupejo de militares lumpenes, fascistas no podían quedar en la impunidad, al igual que otros seres humanos que también fueron asesinados y desaparecidos durante la invasión del 20 de diciembre de 1989; invasión que parafraseando al poeta José Franco en Las Luciérnagas De La Muerte ocasionó un ataque desigual a nuestro pueblo que sólo nos dejó muertos que giran sin cesar en una patria desolada.
El golpe de Estado de 1968 fue consecuencia del nivel de degradación moral y política al que llegaron los sectores oligárquicos que detentaban el poder en la época; las luchas interoligárquicas por la concentración del poder y continuar con el saqueo de los recursos de la nación panameña, hizo surgir una profunda crisis moral y de grave ingobernabilidad que sumió al país en la más grave crisis institucional de la historia republicana.
La composición de cada uno de los sectores dentro de la institución militar que participaron en el golpe de Estado fue sumamente heterogénea desde el punto de vista de los métodos y enfoques de sus actos. Resultó muy difícil por parte del sector progresista, encabezado por el General Omar Torrijos, ejercer un control sobre sus desmanes, sobre todo contra dirigentes de los sectores populares (estudiantiles, campesinos y obreros) que fueron en su gran mayoría los que visitaron las cárceles de este país.
Muchos políticos que después se convirtieron en oposición a los militares y ahora forman parte del gobierno arnulfista, fueron ministros y viceministros del primer gabinete instalado el 13 de octubre de 1968,y en los sucesivos, y para lograr nuevamente el poder político apoyaron una intervención extranjera retornando al Palacio de las Garzas trepados en las tanquetas del invasor, de manera que tanto por los muertos del período militar, como por los de la invasión, les cabe responsabilidad histórica y además porque mientras compatriotas equivocados o no arriesgaban sus vidas por una causa abanicada por ellos (los políticos desplazados del poder) éstos disfrutaban de autoexilios dorados y de sus grandes fortunas muchas veces amasadas por la explotación y el saqueo de nuestro patrimonio nacional.
De la misma manera como se han abierto las fosas comunes en Tocumen, tienen que abrirse en El Chorrillo, Farfán y extender las investigaciones hasta la base aérea de los Estados Unidos en Palmerola, territorio hondureño, del cual existen informes de que pudieran existir fosas comunes de panameños. El gobierno pretende utilizar estos descubrimientos para distraer la opinión pública ante los grandes problemas nacionales y en donde ha demostrado contar con una tremenda incapacidad, negligencia, estulticia, insensibilidad, una ausencia total de creatividad y de iniciativa, al punto que su apoyo popular se ha venido deteriorando. Por eso pretende exacerbar las pasiones viscerales, utilizar el dolor de los familiares de las víctimas con fines politiqueros, de allí la presencia de la Presidenta en el área de las investigaciones.
El Partido Revolucionario Democrático no le cabe responsabilidad alguna en la comisión de estos hechos, por lo que no se opone ni afectará ninguna investigación que intente encontrar la verdad.
Quiero señalar que el dolor que produce la pérdida de vidas humanas es el mismo dolor para todos los muertos estén donde estén y pertenezcan al sector político al que pertenezcan, de manera que los patriotas asesinados también durante la invasión merecen que, sus familiares conozcan sus paraderos.

101 años de Panamá América

 
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