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¡Por mi gran culpa!


La criminalidad actual no es más que el inicio de manifestaciones de una sociedad que enfermó muchos años atrás y no ha sido atendida. Colón, había sido considerado "una bomba de tiempo" y si ven, ya explotó. En la capital ocurre igual, no es tan distinto el problema del cuestionamiento a la justicia y sus fallos, a la brutalidad e impunidad policial, al desgreño administrativo público y el manejo de influencias. No son extraños los fracasos escolares y el hundimiento de la educación a todo nivele, de la mediocre o corrupta justicia municipal, policial y de tránsito, de la falta de participación e integración ciudadana en cada coyuntura.

Seguimos teorizando y buscando de los "expertos" Ebrahím Asvat o Jaime Abad, donde el segundo aboga como "técnico", por la represión tecnológica, no la participación y la paz con la suma de cada conciencia. Paz y Justicia son valores que se aprenden en el medio, la comunidad y la familia, resultando evidente que éstos no existen allí, sólo en el anhelo. Es la realidad que todos conocemos.

¿Es posible que Panamá, bajo el diseño de las democracias, cuente con un presidente, un gabinete y unas instituciones públicas con leyes dirigidas a la función social; un ?"rgano de Justicia y una Asamblea que deben supervisar el ejercicio de casi todo; de un sistema municipal con alcaldes y representantes para el servicio de la comunidad, y todo esto perdure en la inmutable corrupción engordada de mediocridad? ¿Qué nos justifica?

Somos culpables de lo que tenemos por ignorancia, acción u omisión. "Cada pueblo tiene el gobierno que se merece", Yo agregaría, "sus consecuencias". La Justicia es un concepto incompatible a los políticos del sistema que lo han decidido "formar" a objeto de conculcar la publicidad y transparencia, convirtiéndola en herramienta de sus intereses.

Comentaba un primo muy metido en las Santas Escrituras, que al hombre lo atormentan "demonios"; yo nunca había puesto seria atención a esta parte de las Escrituras, pero hoy he tenido que detenerme.

Nosotros lo creamos y lucimos cómodos de ello; no percibimos el mundo criminal que antaño venimos construyendo, la mentalidad enferma que aprenden cada segundo nuestros niños, jóvenes y adultos en su desarrollo. A nadie importa y parecemos esperar cambios de gobierno o nuevas elecciones sin prever que el tiempo, la educación y maduración del joven a delincuente no tendrán misericordia.

La organizaciones sociales no existen o participan en exigir lo que ni siquiera saben que se necesita por la ignorancia o frustración, y en esta coyuntura son los maleantes los que se toman cada cargo y dirección.

101 años de Panamá América

 
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