¡Por ninguno de los cuatro!
Definidas las nóminas presidenciales y cerradas las postulaciones para las elecciones de mayo próximo, todavía hay quienes insisten que no votarán por ninguno de los cuatro candidatos que aspiran a la jefatura de la Nación. Estamos seguros que de aquí hasta el día de la votación cada uno de los candidatos hará su propio esfuerzo para convencer a estas personas indecisas o apáticas para que voten a su favor, ya sea porque les prometan beneficios directos o indirectos o porque sus planteamientos les simpatizan. Por nuestra parte, insistiremos que el voto en blanco o la abstención el día de las elecciones no es la actitud apropiada ni mensaje válido en la democracia que deseamos fortalecer.
En primer lugar, estas personas tienen que reconocer que la democracia, parafraseando las palabras de uno de los más grandes estadistas de todos los tiempos, Winston Churchill, es el sistema menos malo entre todos los sistemas políticos hasta la fecha probados y comprobados desde el nacimiento de las naciones. Lo es precisamente porque permite la participación ciudadana en los procesos de selección y elección de las personas que determinarán su futuro. Al hacerlo, los votantes deciden su futuro. Al no ejercer este derecho de participación, los ausentes o abstencionistas están ignorando su responsabilidad y dándole la espalda a la democracia.
No representa excusa válida que este votante considere que todos los candidatos sean poco atractivos, que no sean elocuentes oradores, que desconozcan temas importantes que le incumben, que no tengan los antecedentes adecuados, o que nunca le hayan visitado en su hogar, vecindario o lugar de trabajo. Tampoco lo es que no haya participado en la selección de esos candidatos, toda vez que la oportunidad la tuvo; ese votante abstencionista o apático para involucrarse en el proceso de selección y hasta para influenciar, aunque sea con un voto, el resultado final. La impotencia de un individuo ante un reto es usualmente producto de las propias actitudes del individuo y no de su entorno.
A ese votante le invitamos a que se incorpore al ruedo, que como buen ciudadano participe en el proceso, que cuestione a sus candidatos, que discuta con sus conciudadanos sus preocupaciones, ya que así se hace democracia, se hace Patria. Con abstenerse de participar, siendo indiferente y quedándose en casa el 2 de mayo próximo, sólo logra que los que sí asumen su responsabilidad, ya sea por interés personal o por convicción, creen opinión pública, influencien a la ciudadanía y elijan a la persona que ellos piensan podrá liderar al país durante el próximo quinquenio. Así, ese votante abstencionista, por la razón que sea, deja en manos de otro su destino. Eso no es responsable y le quita responsabilidad moral para quejarse después.
En primer lugar, estas personas tienen que reconocer que la democracia, parafraseando las palabras de uno de los más grandes estadistas de todos los tiempos, Winston Churchill, es el sistema menos malo entre todos los sistemas políticos hasta la fecha probados y comprobados desde el nacimiento de las naciones. Lo es precisamente porque permite la participación ciudadana en los procesos de selección y elección de las personas que determinarán su futuro. Al hacerlo, los votantes deciden su futuro. Al no ejercer este derecho de participación, los ausentes o abstencionistas están ignorando su responsabilidad y dándole la espalda a la democracia.
No representa excusa válida que este votante considere que todos los candidatos sean poco atractivos, que no sean elocuentes oradores, que desconozcan temas importantes que le incumben, que no tengan los antecedentes adecuados, o que nunca le hayan visitado en su hogar, vecindario o lugar de trabajo. Tampoco lo es que no haya participado en la selección de esos candidatos, toda vez que la oportunidad la tuvo; ese votante abstencionista o apático para involucrarse en el proceso de selección y hasta para influenciar, aunque sea con un voto, el resultado final. La impotencia de un individuo ante un reto es usualmente producto de las propias actitudes del individuo y no de su entorno.
A ese votante le invitamos a que se incorpore al ruedo, que como buen ciudadano participe en el proceso, que cuestione a sus candidatos, que discuta con sus conciudadanos sus preocupaciones, ya que así se hace democracia, se hace Patria. Con abstenerse de participar, siendo indiferente y quedándose en casa el 2 de mayo próximo, sólo logra que los que sí asumen su responsabilidad, ya sea por interés personal o por convicción, creen opinión pública, influencien a la ciudadanía y elijan a la persona que ellos piensan podrá liderar al país durante el próximo quinquenio. Así, ese votante abstencionista, por la razón que sea, deja en manos de otro su destino. Eso no es responsable y le quita responsabilidad moral para quejarse después.