Por qué digo "No" al TLC con EU
Los panameños debemos rechazar el propuesto "Tratado de Libre Comercio" (TLC) entre Panamá y Estados Unidos porque el mismo, con toda probabilidad, acarreará más perjuicios que beneficios para el pueblo panameño.
Se trata de dos países con economías muy dispares. Los productores panameños nunca podrían competir de manera "libre" con los de Estados Unidos, un país cuyo volumen productivo es mil veces mayor que el panameño (lo que les otorga la ventaja de la "economía de escala") y cuya economía es la más productiva y avanzada del mundo.
Peor aún, el gobierno de Estados Unidos subsidia, o apoya indirectamente, a su agricultura, con miles de millones de dólares anuales.
Ni el gobierno panameño actual ni el entrante tienen la disposición política, ni la capacidad financiera, de ofrecer un apoyo similar a los productores panameños.
Por ende, el TLC abocaría a los medianos y pequeños productores agrícolas a la quiebra, como también ocurrió en México con el Tratado de Libre Comercio Norteamericano (NAFTA), con el consiguiente aumento de la desocupación, que es ya el principal problema socioeconómico de Panamá.
Se argumenta que el "libre comercio" causa la disminución de precios al consumidor. Pero ni la Administración Moscoso ni la Torrijos tienen la voluntad política necesaria para quebrar el poder de los grandes intereses comerciales que controlan los mercados panameños.
Por tanto, si se rebajan los impuestos de importación (tarifas arancelarias) de los productos importados de Estados Unidos, dichos intermediarios probablemente mantendrían sus precios y se embolsarían la rebaja arancelaria, aumentando sus márgenes de ganancia, como ocurrió en también bajo administraciones previas.
Se argumenta que los productores panameños tendrán un acceso "libre" al gran mercado de Estados Unidos. Sin embargo, el TLC no afectará las restricciones sanitarias, burocráticas o de otra índole que existen en ese país.
Ello quiere decir que los exportadores panameños no podrían exportar a ese país si alguna de estas restricciones lo impidiese, como le ocurrió, para dar un ejemplo escandaloso, a México con los aguacates.
Por último, el Tratado de Libre COmerico facilitaría a compañías constructoras norteamericanas el apoderarse del proyecto del ensanche del Canal de Panamá, en desmedro de constructores locales, sus abastecedores, y empresas afines. Y ésta es, dicho sea de paso, una de las principales razones del interés norteamericano en concertar dicho acuerdo.
Y recordemos que ni la saliente administración Moscoso, ni la entrante administración Torrijos, cuentan con la legitimidad indispensable para comprometer al país en un pacto tan controversial como el TLC.
El candidato oficialista no obtuvo siquiera el 20% de los votos en las elecciones pasadas. Y Torrijos no obtuvo siquiera el 50 por ciento del voto popular.
¿Hay opciones? Sí, Panamá podría intentar incorporarse gradualmente, y mediante la ejecución de un programa de apoyo a los productores afectados, a esquemas regionales de integración, como podría ser una versión ampliada del MERCOSUR. El mismo debería convertirse en el predecesor de un mercado común latinoamericano, a su vez la etapa previa a la creación de la gran República de América Latina.
*Profesor titular de la Facultad de Economía de la Universidad de Panamá.
(rm3000@cwpanama.net)
Se trata de dos países con economías muy dispares. Los productores panameños nunca podrían competir de manera "libre" con los de Estados Unidos, un país cuyo volumen productivo es mil veces mayor que el panameño (lo que les otorga la ventaja de la "economía de escala") y cuya economía es la más productiva y avanzada del mundo.
Peor aún, el gobierno de Estados Unidos subsidia, o apoya indirectamente, a su agricultura, con miles de millones de dólares anuales.
Ni el gobierno panameño actual ni el entrante tienen la disposición política, ni la capacidad financiera, de ofrecer un apoyo similar a los productores panameños.
Por ende, el TLC abocaría a los medianos y pequeños productores agrícolas a la quiebra, como también ocurrió en México con el Tratado de Libre Comercio Norteamericano (NAFTA), con el consiguiente aumento de la desocupación, que es ya el principal problema socioeconómico de Panamá.
Se argumenta que el "libre comercio" causa la disminución de precios al consumidor. Pero ni la Administración Moscoso ni la Torrijos tienen la voluntad política necesaria para quebrar el poder de los grandes intereses comerciales que controlan los mercados panameños.
Por tanto, si se rebajan los impuestos de importación (tarifas arancelarias) de los productos importados de Estados Unidos, dichos intermediarios probablemente mantendrían sus precios y se embolsarían la rebaja arancelaria, aumentando sus márgenes de ganancia, como ocurrió en también bajo administraciones previas.
Se argumenta que los productores panameños tendrán un acceso "libre" al gran mercado de Estados Unidos. Sin embargo, el TLC no afectará las restricciones sanitarias, burocráticas o de otra índole que existen en ese país.
Ello quiere decir que los exportadores panameños no podrían exportar a ese país si alguna de estas restricciones lo impidiese, como le ocurrió, para dar un ejemplo escandaloso, a México con los aguacates.
Por último, el Tratado de Libre COmerico facilitaría a compañías constructoras norteamericanas el apoderarse del proyecto del ensanche del Canal de Panamá, en desmedro de constructores locales, sus abastecedores, y empresas afines. Y ésta es, dicho sea de paso, una de las principales razones del interés norteamericano en concertar dicho acuerdo.
Y recordemos que ni la saliente administración Moscoso, ni la entrante administración Torrijos, cuentan con la legitimidad indispensable para comprometer al país en un pacto tan controversial como el TLC.
El candidato oficialista no obtuvo siquiera el 20% de los votos en las elecciones pasadas. Y Torrijos no obtuvo siquiera el 50 por ciento del voto popular.
¿Hay opciones? Sí, Panamá podría intentar incorporarse gradualmente, y mediante la ejecución de un programa de apoyo a los productores afectados, a esquemas regionales de integración, como podría ser una versión ampliada del MERCOSUR. El mismo debería convertirse en el predecesor de un mercado común latinoamericano, a su vez la etapa previa a la creación de la gran República de América Latina.
*Profesor titular de la Facultad de Economía de la Universidad de Panamá.
(rm3000@cwpanama.net)