¿Por qué "gritaron" los santeños?
Los estrenos del siglo XIX coinciden con el desmoronamiento del imperio colonial español en América. Las declaraciones de independencia se suceden una tras otra como efecto directo de una onda expansiva ideológica que viene de Francia y de los Estados Unidos: son los conceptos revolucionarios que van socavando un vetusto orden político, social, económico y hasta religioso, es decir, lentamente se abre paso un enfoque novedoso del hombre y su entorno, de la forma de ejercer el poder, de las relaciones internacionales y, sobre todo, que el hombre viene al mundo provisto de inalienables derechos que no le son otorgados por el gobernante, sino que forman parte de su condición de ser humano.
Las ideas atrevidas prenden una tea incendiaria que recorre el Nuevo Mundo.
Panamá, todo el Istmo, continúa en esos momentos decisivos parámetros obsoletos y bien podría definirse como provincia rural casi postergada, que no reflejaba su antiguo esplendor cuando fue emporio comercial y lugar de tránsito continuo durante más de tres siglos. Era la época de la gran depresión, del olvido, del abandono.
Sin embargo, los istmeños son también recopiendarios "sotto voce" de los conceptos audaces a que me refiero. Estos circulan, se enraízan, todo lo cuestionan y, a la postre, revientan incontenibles. Lo más curioso de todo es que el ideal libertario panameño no se expresó en la capital, sino en una aldea de prosapia española llamada la Villa de Los Santos. Hasta aquel reducto pequeño, pero valiente se había extendido la revuelta que provenía de epicentros muy distantes.
Ante el ejemplo de colonias vecinas que desmantelan la estructura política española, los padres santeños deciden hacer lo propio y dar su "grito", su pronunciamiento el 10 de noviembre de 1821.
Hago una disgresión para recordar que hace pocos años un dilentante periodista me preguntó si se justificaba la celebración de la fecha. Le respondí que sí, porque el Acta plasmaba ideas y aspiraciones que aún gozan de vigencia. Me espetó que yo sabía "mucha letra menuda" a lo cual, molesto, le repliqué que la diferencia estaba en que yo me había tomado en incontables ocasiones la molestia de buscar, leer y meditar el Acta y el flamante periodista no porque ignoraba supinamente el espíritu de sus artículos.
¿Cuáles son los pensamientos centrales del Acta expedida en Los Santos aquel inmortal 10 de noviembre? En primera instancia, se presenta el documento como una defensa vehemente de la libertad personal y colectiva. Habla -a la letra- de lo "más sagrado que se haya en todo ciudadano, que es su individuo". A renglón seguido establece el civilismo desde el momento que el mando militar se subordina a la autoridad elegida por el pueblo. El pueblo es la fuente de la cual emana exclusivamente el poder. Dicho de otro modo, los santeños marcaron una pauta para que las fuerzas militares no se sientan tentadas (como funestamente ocurrió) a entrometerse en la política local y menos a usurpar el gobierno por encima de la comunidad civil.
De lo anterior se deriva el hecho de que los prohombres del 10 de noviembre concibieron al Istmo en democracia, se adhirieron al sistema republicano y promulgaron incontroversiblemente el postulado de la participación del ciudadano común y corriente a la hora de tomar las graves decisiones que a todos nos afectan.
El Cabildo Abierto del 10 de noviembre de 1821 sentó el principio que la consulta popular, tener en cuenta el parecer de la mayoría, es el mejor modo de enrumbar la sociedad, implantar una justicia ponderada, ofrecer igualdad de oportunidades, lograr estabilidad institucional, introducir la mesura y el equilibrio en la administración de la cosa pública. ¿Hay lección de civismo más grande que esta? Desde el primer momento los santeños fueron conscientes del paso gigante que acababan de dar. Ellos mismos denominaron a su poblado con el título de "Heroico" y trazaron un derrotero que recorre el siglo entero hasta culminar el 3 de noviembre de 1903 con el establecimiento definitivo de la República.
Vale la pena reflexionar el Acta a medida que se la lee. Contiene nociones medulares que hoy nos corresponde actualizar, traerlas a nuestra propia coyuntura, pero especialmente estar convencidos que el interés nacional prevalece por encima de grupos partidistas o intereses personales. Que la Patria no es una obstracción, sino la realidad cotidiana que a todos nos compete mejorar. Sólo así haremos honor a los próceres santeños, seremos merecedores y custodios de aquel mensaje cuya vigencia jamás pasa mientras en Panamá clamamos por el valor de la libertad, del derecho, de la justicia y de la paz social.
Las ideas atrevidas prenden una tea incendiaria que recorre el Nuevo Mundo.
Panamá, todo el Istmo, continúa en esos momentos decisivos parámetros obsoletos y bien podría definirse como provincia rural casi postergada, que no reflejaba su antiguo esplendor cuando fue emporio comercial y lugar de tránsito continuo durante más de tres siglos. Era la época de la gran depresión, del olvido, del abandono.
Sin embargo, los istmeños son también recopiendarios "sotto voce" de los conceptos audaces a que me refiero. Estos circulan, se enraízan, todo lo cuestionan y, a la postre, revientan incontenibles. Lo más curioso de todo es que el ideal libertario panameño no se expresó en la capital, sino en una aldea de prosapia española llamada la Villa de Los Santos. Hasta aquel reducto pequeño, pero valiente se había extendido la revuelta que provenía de epicentros muy distantes.
Ante el ejemplo de colonias vecinas que desmantelan la estructura política española, los padres santeños deciden hacer lo propio y dar su "grito", su pronunciamiento el 10 de noviembre de 1821.
Hago una disgresión para recordar que hace pocos años un dilentante periodista me preguntó si se justificaba la celebración de la fecha. Le respondí que sí, porque el Acta plasmaba ideas y aspiraciones que aún gozan de vigencia. Me espetó que yo sabía "mucha letra menuda" a lo cual, molesto, le repliqué que la diferencia estaba en que yo me había tomado en incontables ocasiones la molestia de buscar, leer y meditar el Acta y el flamante periodista no porque ignoraba supinamente el espíritu de sus artículos.
¿Cuáles son los pensamientos centrales del Acta expedida en Los Santos aquel inmortal 10 de noviembre? En primera instancia, se presenta el documento como una defensa vehemente de la libertad personal y colectiva. Habla -a la letra- de lo "más sagrado que se haya en todo ciudadano, que es su individuo". A renglón seguido establece el civilismo desde el momento que el mando militar se subordina a la autoridad elegida por el pueblo. El pueblo es la fuente de la cual emana exclusivamente el poder. Dicho de otro modo, los santeños marcaron una pauta para que las fuerzas militares no se sientan tentadas (como funestamente ocurrió) a entrometerse en la política local y menos a usurpar el gobierno por encima de la comunidad civil.
De lo anterior se deriva el hecho de que los prohombres del 10 de noviembre concibieron al Istmo en democracia, se adhirieron al sistema republicano y promulgaron incontroversiblemente el postulado de la participación del ciudadano común y corriente a la hora de tomar las graves decisiones que a todos nos afectan.
El Cabildo Abierto del 10 de noviembre de 1821 sentó el principio que la consulta popular, tener en cuenta el parecer de la mayoría, es el mejor modo de enrumbar la sociedad, implantar una justicia ponderada, ofrecer igualdad de oportunidades, lograr estabilidad institucional, introducir la mesura y el equilibrio en la administración de la cosa pública. ¿Hay lección de civismo más grande que esta? Desde el primer momento los santeños fueron conscientes del paso gigante que acababan de dar. Ellos mismos denominaron a su poblado con el título de "Heroico" y trazaron un derrotero que recorre el siglo entero hasta culminar el 3 de noviembre de 1903 con el establecimiento definitivo de la República.
Vale la pena reflexionar el Acta a medida que se la lee. Contiene nociones medulares que hoy nos corresponde actualizar, traerlas a nuestra propia coyuntura, pero especialmente estar convencidos que el interés nacional prevalece por encima de grupos partidistas o intereses personales. Que la Patria no es una obstracción, sino la realidad cotidiana que a todos nos compete mejorar. Sólo así haremos honor a los próceres santeños, seremos merecedores y custodios de aquel mensaje cuya vigencia jamás pasa mientras en Panamá clamamos por el valor de la libertad, del derecho, de la justicia y de la paz social.