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¿Por qué ladran los perros?


Confieso que leer los periódicos panameños se ha ido convirtiendo para mí en algo muy parecido a una lectura de suspenso. Invariablemente me digo, al encender la computadora bien temprano: vamos a ver cuál será hoy el escándalo de turno. Pero lo curioso es que, a pesar de que se vienen enlazando uno con otro en estos ya casi cuatro años, eso no ha podido hacerme perder la capacidad de asombro. Será, digo yo, por lo imaginativos que resultan, porque eso de convertir un helicóptero en submarino o de hacer duros con paquetes de dólares no se le ocurre a cualquiera.
Hay ya un largo rosario de escándalos que nunca han llegado a aclararse ante la opinión pública. O bien se les echa tierra muy rapidito o simplemente se deja de hablar de ellos como si nunca hubieran ocurrido. Y debemos reconocer que los asesores que están detrás de eso se las saben todas; y que, para colmo, son bien suerteros, porque sus asesorados poseen una iniciativa imparable, contribuyendo a que un nuevo escándalo oculte al anterior o al menos le ponga un taparrabos. Eso sí, asesores y asesorados adoptan la misma, actitud aunque pongan cara muy circunspecta: ¡A mí me importa poco lo que usted piense!
¿Qué me dice de la licitación de la casona de Punta Mala? ¿Se esperaba usted la "ultimita"? Debo ser muy boba, la verdad, porque yo ni me la hubiera olido. Lástima que queda tan poco tiempo ya, porque anoche se me ocurría que hubiéramos podido hacer una vaquita de "a cuara" entre todos los que nos oponemos a que Punta Mala se licite así. Va y le hubiéramos podido dar un uso más colectivo y útil para el país. Bueno, quién sabe, porque con lo enmarañadas que resultan las licitaciones de un tiempo para acá segurito que no la hubiéramos podido ganar.
Leer los periódicos por la mañana también trae de vez en cuando sorpresas. Y grandes. Poder constatar lo recordado que es el Quijote entre algunos políticos arnulfistas, no es cualquier menudencia. Lástima que en el caso más reciente no se interpreten las cosas como en realidad son para que la cita encaje como debe ser. Pues, ¿por qué ladran los perros, vamos a ver? ¿No será que avisan que se está cabalgando en la dirección equivocada?
Cabe, sí, que yo, otra vez por boba, no me dé cuenta (tal como decía una comentarista radial matutina) de que en realidad eso de perros era sólo un insulto a los opositores políticos. Porque no sé si usted se habrá dado cuenta, de que últimamente (y a coro) han arreciado los insultos contra los que critican al gobierno o las respuestas altisonantes para tratar de descalificar a los que expresan ideas contrarias a las de ellos. Yo pude conocer, incluso, un correo electrónico vergonzoso que un personero del gobierno le envió a un conocido escritor panameño, por el simple hecho de no estar de acuerdo con lo expresado por él en su artículo de opinión. ¿Por qué, vamos a ver, no escribió dicho personero un artículo en el mismo periódico exponiendo sosegadamente su punto de vista sobre el particular?
Así las cosas, no sé cómo le va a hacer el que resulte ungido candidato, pues los de carne y hueso como que ya andan medio cabreados. Por más que se terminen algunas obras de buen ver en los quince y medio meses que faltan para el cambio de gobierno (¡Tantos, Dios mío! ¿No podrías hacer que pasen bien rapidito?), se van a desquitar en las urnas; eso que ni qué.
Si Irak se abre a la libertad económica y respeta los derechos de propiedad, entonces las infusiones masivas de ayuda externa serán tan irrelevantes como lo fueron en Europa bajo el Plan Marshall.
* Director del Proyecto sobre la Libertad Económica Global del Cato Institute.
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101 años de Panamá América

 
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