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¿Por qué las Américas necesitan a la OEA?


La ruptura de la gobernabilidad democrática en Honduras en 2009 hizo que el Hemisferio y el resto del mundo centraran su atención en la Organización de los Estados Americanos (OEA). Mientras que los analistas pueden diferir en sus opiniones o aceptación de las medidas adoptadas por la OEA en sus esfuerzos por resolver la crisis hondureña, es indiscutible que la OEA fue el primer foro al que recurrieron todas las partes involucradas y un punto de referencia crítico para los gobiernos en la determinación de sus respuestas nacionales. Si bien se han aprendido muchas lecciones, la situación en Honduras también ha resaltado la importancia del foro multilateral de la OEA, especialmente durante momentos de crisis en las Américas.

Durante los últimos 15 años, he tenido el privilegio de trabajar en distintas capacidades en los círculos más internos de la Organización de los Estados Americanos (OEA) como diplomático, asesor político y funcionario electo. He tenido la oportunidad de observar a la Organización en momentos de triunfo, incluyendo la adopción de la Carta Democrática Interamericana en 2001, y he visto su resolución en aprovechar el poder del consenso, especialmente durante períodos difíciles en los que las instituciones de gobernabilidad democrática se vieron amenazadas.

Sin lugar a dudas, el historial de 60 años de la OEA no ha sido intachable. Es verdad que la OEA ha sido puesta a prueba en varias ocasiones. Aún así, la Organización sigue siendo una fuerza vital para la paz y la estabilidad en las Américas. Existen varias razones convincentes que lo justifican:

•La OEA cuenta con una capacidad y trayectoria significativa en la solución de conflictos y la consolidación de la democracia, facilitando la solución de las tensiones transfronterizas entre Colombia y Ecuador, la transición democrática en Haití, las controversias territoriales entre Belice y Guatemala, y una gama de situaciones delicadas y complejas en todo el Hemisferio.

•La Organización tiene autoridad para convocar inmediatamente Reuniones de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores para abordar crisis políticas –un mecanismo de respuesta rápido y eficaz, exclusivo de la Organización.

•Sin el uso de la fuerza y con el pleno respeto a la soberanía y al principio de no intervención, la OEA aborda algunas de las cuestiones más delicadas, incluyendo los conflictos dentro o entre los estados miembros; el tráfico ilícito de drogas, armas y la trata de personas; y las libertades democráticas.

•La OEA ha desarrollado un conjunto de herramientas para el fortalecimiento de la democracia que incluye mecanismos de alerta temprana, el diálogo político, la observación electoral, la diplomacia preventiva, la protección de los derechos humanos, e iniciativas de seguridad y desarrollo socioeconómico.

•Desde la Primera Cumbre de las Américas, celebrada en Miami en 1994, los Jefes de Estado y de Gobierno se han reunido periódicamente para renovar los compromisos con las metas de la Organización y conferirle las facultades para actuar con el fin de promover la paz, el crecimiento y la estabilidad en la región.

•Este importante foro de 34 países miembros, actúa eficazmente como la conciencia colectiva del Hemisferio para abordar cuestiones relativas al estado de derecho, los derechos humanos, la pobreza, la igualdad y la inclusión social.

•La complejidad de nuestros desafíos compartidos requiere de un mecanismo multilateral con la legitimidad de la OEA, que ayude a encontrar soluciones comunes y duraderas. En una región con una disparidad tan amplia en términos de poder económico y militar, la OEA brinda una plataforma política permanente en la que todos los países, independientemente de su tamaño, tienen voz e influencia.

Al brindar un espacio de confianza para la consulta, la negociación y la colaboración, la Organización continúa desempeñando un papel decisivo en el avance de las causas de la libertad, la seguridad y la prosperidad en las Américas. La Organización ha demostrado un firme liderazgo en temas importantes, incluyendo la adopción del único tratado internacional que aborda específicamente la violencia contra la mujer; la Carta Democrática Interamericana, que consagra la resolución política colectiva del Hemisferio de garantizar democracias sostenibles; un Fondo de Asistencia a las Víctimas para facilitar el acceso de las víctimas de violaciones de los derechos humanos a representación legal; y la única convención regional en el mundo que facilita la asistencia en casos de desastre entre sus Estados Miembros.

Si la OEA es un reflejo de la voluntad de sus miembros, como bien señaló el Primer Secretario General de la Organización, también es cierto que su pujanza política y habilidad de efectuar cambios deriva de la voluntad y compromiso de sus miembros activos. Si bien cada país tiene prioridades específicas, el órgano colectivo de la OEA ha encontrado constantemente formas de superar las diferencias y apoyar la causa común.

¿Requieren los desafíos actuales realizar mejoras en la OEA? Sin duda alguna. ¿Justifica el futuro una participación más activa de los Estados Miembros? Por supuesto que sí. En momentos de incertidumbre, las Américas necesitan a la OEA. Con el compromiso de sus miembros, la Organización seguirá renovándose a sí misma, aferrándose a sus principios fundamentales, con el fin de estar preparada para enfrentar los desafíos de un Hemisferio cambiante.

101 años de Panamá América

 
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