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Por qué no asistí a la celebración de los 25 años de La Prensa


Después que La Prensa publicó la información sobre la celebración de sus primeros 25 años de existencia, en donde mencionaron mi nombre entre los cinco fundadores del diario, varias personas me han preguntado por qué no asistí a la conmemoración. Para que la historia de La Prensa pueda ser escrita algún día fiel y transparentemente, explico el motivo de mi ausencia.
En el transcurso del año 2000 se discutía acaloradamente en Panamá la Comisión de la Verdad que la Presidenta Mireya Moscoso había establecido para investigar los muertos y los desaparecidos víctimas de la dictadura. Al comentar el hecho señalé que si se quería que la verdad condujera a la reconciliación, en vez de ahondar más la división entre compatriotas, era necesario asignarle a la Comisión la tarea de investigar también los muertos y desaparecidos de la invasión que marcó el fin de la dictadura. Además, afirmé que para que fuera efectiva la Comisión necesitaba algunos poderes de investigación judicial que sólo le podían ser otorgados por medio de una Ley. En septiembre de ese mismo año el Partido Popular (previamente denominado Partido Demócrata Cristiano) firmó el acuerdo legislativo META con el PRD para mejorar la labor y la imagen de la Asamblea, establecer una agenda legislativa con sentido social y darle al país la esperanza de una alternativa seria, ya que el gobierno de Moscoso se revelaba inepto, corrupto y hasta indecente.
En este contexto, La Prensa publicó una caricatura de uno de sus caricaturistas regulares. En la misma aparecía un cadáver representando a la muerte con una vestimenta en la que se leía "PRD 11". En la mano izquierda portaba una guadaña que todavía chorreaba sangre. Gotas de esa sangre caían sobre el brazo de una segunda figura, un hombre con cara macilenta y enfermiza. Esta segunda persona, con una mano se agarraba de la mano libre de la figura de la Muerte- "PRD 11" y en su mano derecha portaba un banderín, el cual en su parte superior llevaba la palabra META y en la inferior una calavera sobre dos huesos cruzados. Este es, a la vez, símbolo de la piratería, que al margen de toda ley roba y mata, y advertencia de que el contenido de un frasco es venenoso y puede producir la muerte.
Como la cara del hombre era una evidente caricatura mía, no pude dejar de darme por aludido. La caricatura era una doble acusación: primero, que el PRD como conjunto era responsable por las muertes bajo la dictadura, visión de la historia de la cual al PRD le competía defenderse de la manera que juzgue conveniente; segundo, la calumnia e injuria contra mi como persona individual, a quien acusaban en virtud del acuerdo META, de compartir la responsabilidad por las muertes y desapariciones de la dictadura, como también por sus otras fechorías. Este acuerdo fue firmado diez años después del fin de la dictadura y después de un período constitucional (1994-1999) en el que el pueblo libremente escogió a un presidente de dicho partido, como también a numerosos legisladores, alcaldes y representantes del mismo.
Inmediatamente escribí una carta a la entonces presidenta de la empresa y al entonces director del diario rechazando con ira la calumnia e injuria de la que se me hacía objeto y exigiendo que el diario reconociera y lamentara públicamente su error. En las semanas anteriores por haber publicado una caricatura que se burlaba del Legislador Presidente de la Asamblea, pero ni lo injuriaba ni menos aún lo calumniaba, el Presidente de la empresa había pedido excusas en el lugar más prominente de la página de opinión del periódico. Sin embargo, en mi caso las autoridades de La Prensa han rehusado cualquiera forma de retractación. Un solo miembro de la Junta Directiva, el arquitecto Alvaro González Clare, me escribió una nota de repudio a la caricatura. Sé que solicitó que la Junta discutiera el tema y que esta posibilidad le fue negada. Le agradezco su hombría de bien.
Por ello, decidí presentar una querella criminal por calumnia e injuria contra el caricaturista y los responsables de la empresa y el diario. Los trámites legales duraron de 2001 hasta mediados de 2004, principalmente por seis recursos dilatorios de incidentes y apelaciones presentados por los abogados de La Prensa, los cuales todos fueron decididos a mi favor. Y cuando el llamamiento a juicio era inevitable, intervino para frustrarlo el indulto de la presidenta Moscoso, que no me cuesta mucho imaginarme quién se lo solicitó.
Hace varias semanas recibí una llamada de una periodista de La Prensa para solicitarme, que como uno de los cinco fundadores del periódico, escribiera mi testimonio sobre mi experiencia en el diario. Acepté siempre y cuando se publicara mi texto sin ninguna modificación. Me respondió que consultaría y me volvió a llamar indicándome que el periódico aceptaba mi condición. A pesar de mi profunda duda, envié el texto. Nunca supe de su publicación, pero es claro que en las ediciones en las que se consignó el cuarto de siglo de vida de La Prensa no fue. Calculo que una autoridad más alta que las que ella consultó, no quiso que, en lo que él cree "su" periódico, se dijera y analizara el unipersonalismo y la falta de equidad en las que ha terminado La Prensa, que comenzó como un diario sin dueño y sin intereses aviesos que desvirtuaran el compromiso con la verdad y la justicia.
Recientemente, me llamó el actual presidente de la empresa y director del diario, para invitarme a la celebración de los primeros 25 años de existencia de La Prensa, indicándome que como uno de los fundadores recibiría una placa de reconocimiento. Le expliqué que mi querella contra el periódico por violación de mis derechos humanos al honor y buena reputación había sido frustrada, tanto por los recursos dilatorios de sus abogados, como por el indulto de la presidenta, aún cuando ella sabía que el indulto era inconstitucional. Pero que en atención a su gentileza al llamarme, yo reconsideraría nuevamente mi negativa a asistir. El día antes del evento conmemorativo lo llamé por teléfono y le indiqué que yo no podía asistir al mismo a menos que él aprovechara la oportunidad para disociarse de la caricatura y lamentable publicación. Inmediatamente me contestó que no podía hacerlo, a pesar de que le recordé que él era el presidente de la empresa y director del diario.
En edición del jueves 4 de agosto de este año, bajo el titular de "fundadores" se describe a cada uno por los valores que aportó a la creación del periódico. En mi caso se lee: "hombre clave para la defensa de la libertad de expresión. Su compromiso nutrió la tarea de fundar el periódico y configurar la redacción original. Su empuje amalgamó mentes y manos para crear cada edición en los días inciertos del inicio". En realidad no responde esa descripción a la tarea más profunda que yo intente realizar, a saber, conjugar la libertad con la responsabilidad.
El 13 de diciembre de 1982, muy al comienzo de la publicación del periódico, escribí un artículo de los que escribía con tanta frecuencia, intitulado: "Juramento por la libertad de expresión", en el que propuse el siguiente texto como juramento:
Juro luchar por la palabra libre.
Juro luchar por la palabra responsable.
Juro hacer de la palabra vínculo de comunidad civilizada.
Juro hacer de la palabra fuerza de los derechos humanos.
Juro, con palabra libre y responsable construir la Democracia.
Lo juro por Dios y por la Patria.
Porque creo que en el principio era la Palabra de Dios.
Y que la Patria debe ser la palabra de todos los panameños.
No pude ir a la ceremonia de La Prensa porque el diario ya no cumple con la exigencia de una libertad responsable.
(ariyan@sinfo.net)

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