¿Por qué no miramos hacia Chile?
NOTICIAS INDICAN que la fiesta de Navidad de la Asamblea Nacional fue costeada por una embajada en un fino restaurante chino; que operaciones de cataratas hechas en Cuba son un "regalo" del despilfarrador de Chávez, aunque para hacerlas se permita el ejercicio ilegal de la medicina en Panamá a oftalmólogos cubanos. Pareciera que siempre estamos pendientes de las migajas que otros países nos dan, en muchos casos de objetos que dejaron de ser útiles para ellos. Como que nos siguen gustando las cosas gratis; de esas que no se luchan por obtenerlas. Parecemos comunes pedigüeños; aprendemos sólo lo malo de los demás.
En ese sentido, las cosas pareciera que cambian cuando Panamá, con mejores destinos turísticos hasta que Costa Rica, se convierte en una potencia turística; cuando nuestra principal riqueza natural, como lo es nuestra posición geográfica, aporta al país mucho más que el mero cruce de 35 ó 40 barcos diarios. Productos nuestros como el café y el ron, encuentran nichos de venta en el exterior, que antes se adjudicaban con exclusividad otros países. De uno de los países que más debemos aprender es de Chile. ¿Por qué Chile? Es el país latinoamericano con mayor índice de crecimiento económico y con mayor disminución de los índices de pobreza; el de mayor desarrollo democrático en nuestro continente y el que más transparencia y menos niveles de corrupción le reconocen los organismos internacionales. Y en Chile, al igual que Panamá, no podemos decir que predominan los suizos o los suecos; son iguales que nosotros, con los 500 años de todo lo malo que nos pudieron enseñar los conquistadores españoles, que no eran los mejores de su época.
Durante la época de Pinochet, y con un gran trauma para los chilenos porque no estaban preparados para semejante cambio, se impuso en Chile la apertura de sus mercados; no había manera de protestar porque se vivía en dictadura. Los gobiernos democráticos desde el fin de la época militar -18 años atrás- dándole el sentido social que los autoritarios cambios económicos no tenían, han convertido a Chile en una potencia económica mayor, inclusive, que Argentina, antes de Perón, una de las más florecientes del mundo.
Los Tratados de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos (EU), China y otros países, motivan que hoy Chile hasta tejidos especiales esté exportando a China, usualmente el mayor exportador textil del mundo. El miedo que algunos chilenos tenían con la firma de un TLC con EU o con China, del cual parecen contagiarse países que ya tienen TLC, como Costa Rica y, como Panamá que aún no lo han concluido de negociar, no sólo ha desaparecido sino que les hace buscar otros TLC con otros países, seguros de que con ello su balanza comercial sustancialmente mejorara y los chilenos encontrarán más rubros para producir, con lo cual se disminuiría aún la tasa de desempleo, entre las más bajas de América Latina. Basta ver que en el 2004, con el TLC con EU, el comercio chileno con ese país subió 34%, siendo positiva su balanza de pagos. Este aumento recae principalmente en la pequeña y micro empresa, que en su conjunto exportan más del 40% de lo que lo hace la gran empresa.
El impulso a las inversiones que se da produce como resultado la consolidación del país como de bajo riesgo, con lo cual se abarata para todos el costo del dinero; se consolida un régimen de apertura financiera, de trato nacional, no discriminatorio a inversionistas extranjeros. Se acentúa la certidumbre jurídica para inversionistas tanto locales como foráneos, para lo cual se crean capítulos especiales de transparencia.
¿Requerimos de estas condiciones para nuestro país? ¿Lo podemos lograr? Yo estoy convencido que sí y, sinceramente, espero que el esfuerzo gubernamental vaya en ese sentido. Una sola cosa de las tantas que se han hecho en Chile para enfrentar el rápido crecimiento económico ha sido el aprendizaje masivo del inglés, para lo cual contrataron centenares de profesores angloparlantes europeos. Podemos comenzar a hacerlo, en momento en que en Chile ya se preparan para enseñar el mandarín masivamente. Miremos -con urgencia- lo que están haciendo en Chile.
En ese sentido, las cosas pareciera que cambian cuando Panamá, con mejores destinos turísticos hasta que Costa Rica, se convierte en una potencia turística; cuando nuestra principal riqueza natural, como lo es nuestra posición geográfica, aporta al país mucho más que el mero cruce de 35 ó 40 barcos diarios. Productos nuestros como el café y el ron, encuentran nichos de venta en el exterior, que antes se adjudicaban con exclusividad otros países. De uno de los países que más debemos aprender es de Chile. ¿Por qué Chile? Es el país latinoamericano con mayor índice de crecimiento económico y con mayor disminución de los índices de pobreza; el de mayor desarrollo democrático en nuestro continente y el que más transparencia y menos niveles de corrupción le reconocen los organismos internacionales. Y en Chile, al igual que Panamá, no podemos decir que predominan los suizos o los suecos; son iguales que nosotros, con los 500 años de todo lo malo que nos pudieron enseñar los conquistadores españoles, que no eran los mejores de su época.
Durante la época de Pinochet, y con un gran trauma para los chilenos porque no estaban preparados para semejante cambio, se impuso en Chile la apertura de sus mercados; no había manera de protestar porque se vivía en dictadura. Los gobiernos democráticos desde el fin de la época militar -18 años atrás- dándole el sentido social que los autoritarios cambios económicos no tenían, han convertido a Chile en una potencia económica mayor, inclusive, que Argentina, antes de Perón, una de las más florecientes del mundo.
Los Tratados de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos (EU), China y otros países, motivan que hoy Chile hasta tejidos especiales esté exportando a China, usualmente el mayor exportador textil del mundo. El miedo que algunos chilenos tenían con la firma de un TLC con EU o con China, del cual parecen contagiarse países que ya tienen TLC, como Costa Rica y, como Panamá que aún no lo han concluido de negociar, no sólo ha desaparecido sino que les hace buscar otros TLC con otros países, seguros de que con ello su balanza comercial sustancialmente mejorara y los chilenos encontrarán más rubros para producir, con lo cual se disminuiría aún la tasa de desempleo, entre las más bajas de América Latina. Basta ver que en el 2004, con el TLC con EU, el comercio chileno con ese país subió 34%, siendo positiva su balanza de pagos. Este aumento recae principalmente en la pequeña y micro empresa, que en su conjunto exportan más del 40% de lo que lo hace la gran empresa.
El impulso a las inversiones que se da produce como resultado la consolidación del país como de bajo riesgo, con lo cual se abarata para todos el costo del dinero; se consolida un régimen de apertura financiera, de trato nacional, no discriminatorio a inversionistas extranjeros. Se acentúa la certidumbre jurídica para inversionistas tanto locales como foráneos, para lo cual se crean capítulos especiales de transparencia.
¿Requerimos de estas condiciones para nuestro país? ¿Lo podemos lograr? Yo estoy convencido que sí y, sinceramente, espero que el esfuerzo gubernamental vaya en ese sentido. Una sola cosa de las tantas que se han hecho en Chile para enfrentar el rápido crecimiento económico ha sido el aprendizaje masivo del inglés, para lo cual contrataron centenares de profesores angloparlantes europeos. Podemos comenzar a hacerlo, en momento en que en Chile ya se preparan para enseñar el mandarín masivamente. Miremos -con urgencia- lo que están haciendo en Chile.