¿Por qué no se preocupa más por otros?
Sabe usted por qué tantas personas padecen de neurosis o enfermedades nerviosas? En parte es, porque están demasiado preocupadas por sí mismas y sus cosas, dando vueltas a su "yo" como un perrito jugando con un hueso. El "yo" se convierte en un monstruo que tienen que alimentar a todas horas; una especie de rey primitivo al que tienen que rendir pleitesía y reverencia. Esa excesiva preocupación por sí mismo, o sea el egoísmo, es una ofensa a Dios y produce mucha neurosis.
Hay muchos hogares que se convierten en pequeños manicomios, aunque sea un palacio con toda clase de lujos o una casa muy humilde, porque la gente está ocupada convirtiendo a su "yo" en un pequeño dios y cultivando sus temores, resentimientos y rencores. Muchas personas están enfermas mentalmente, porque tienen demasiado tiempo libre y se la pasan solamente cultivando sus obsesiones y miedos. Esa pobre gente padece de egoísmo que es una enfermedad mortal del alma y está abonada por el exceso de consumismo y materialismo en que se vive. Esta sociedad, que solamente piensa en tener y poseer, lleva a los hombres a situaciones trágicas. ¡Qué dolor ver cómo el egoísmo acaba con la vida de tanta gente! ¿Padece usted de egoísmo? ¿Está demasiado preocupado por usted mismo? ¿Vive centrado en su propio "yo", rumiando su propia neurosis? ¡Pues usted puede curarse de eso! Propóngase matar el egoísmo para librarse de esa terrible enfermedad del alma. Usted no existe por y para usted mismo. El Señor lo creó para que dedique y entregue su vida totalmente a un ideal, causa, encuentro, convivencia y unión con El y el prójimo. Para salir de su neurosis y de cualquier enfermedad quizás mental que tenga, preocúpese más por los demás. Abra sus ojos, que son las ventanas del alma, mire a su alrededor y contemple el mundo y su realidad. Averigüe lo que padece, sufre y necesita su prójimo y haga asimismo un inventario de su propia vida para averiguar qué tiene para dar a los demás.
Si usted quiere ganar amigos, piense en aquello que cree que los demás desean y demuéstreles que está interesado en ayudarlos a conseguirlo. Para cultivar el buen trato, ganar amigos, convivir mejor con los demás y sentirse más feliz, preocúpese más por lo que los demás desean, ayúdeles a conseguirlo y aparezca siempre como un intérprete de los deseos y aspiraciones buenas y nobles de sus seres queridos, sus empleados, sus jefes o aquellas personas con quienes quiere entablar una relación comercial, sin comprometer sus principios espirituales y morales .
Mucha gente se sanaría de sus enfermedades nerviosas si saliera un poco más de sí mismo y se preocupara por los hambrientos y miserables que hay en nuestras ciudades y campos. Es cuestión de romper el cascarón del egoísmo para poder ver el mundo y contemplar la terrible realidad de miseria y pobreza que existe en todos los pueblos y países del mundo. Usted tiene que haber visto los innumerables casos de personas que aparecen tiradas en las calles, viviendo en casuchas miserables, pidiendo limosna o robando. Existen también problemas horrorosos de desorientación, incrementos en el consumo de alcohol y drogas y en la criminalidad. Hay que calmar estos flagelos; no podemos permanecer indiferentes. Cada persona, de acuerdo con sus posibilidades, debe integrarse en comunidades, grupos políticos, estatales, privados o empresariales para ayudar. Las comunidades cristianas y parroquiales se deben encargar de enseñar, orientar y concienciar, ofreciendo una opción en el camino y dando a tanta gente desorientada razones por qué vivir.
¡Hay tanto por hacer y usted puede ayudar! No se trata de dar más de lo que sus fuerzas y posibilidades le permitan. El Señor solamente le pide lo que usted pueda dar. Rompa ese cascarón, salga de usted mismo y conviértase en otro Cristo en la tierra. Al romper el cascarón de su propio egoísmo, podrá brindar un poco más de su amor y cariño, volcándose en aquellos que sufren hambre de amor. Piense un poco menos en sus propias cosas y comience a nacer de nuevo para que pueda ver las necesidades emocionales, sentimentales y económicas de tantas personas que sufren.
¿Sabe usted que su compañía, amistad, cariño y, sobre todo, su oración por otros puede hacer mucho bien? ¿Por qué no se preocupa un poco más por los demás? Yo le garantizo que se sentirá mejor y dejará un poco su enfermedad nerviosa. Si usted rompe el cascarón, deja su egoísmo y sale un poco de sí mismo, yo le garantizo un futuro mucho más feliz. ¡Anímese! Despierte, levántese y resurja ya de esas cenizas en las que se encuentra consumido por su egoísmo. Suba como un águila, toque las puertas del cielo y comience a amar de verdad. Confíe en el poder de Dios y podrá lograr todo lo que se proponga. El Señor lo ama y le recompensará. Recuerde que con Dios lo podemos todo, porque Con El, somos. . . ¡INVENCIBLES!
Mientras no exista la disposición de adoptar una eficaz política criminal en la que intervenga no sólo el gobierno, sino la sociedad civil, no se podrá resolver nada. Por ello debe promoverse, en todo el país, campañas educativas donde se incentiven los valores familiares, morales, sociales, culturales tan trastocados hoy día.
Así se evitará el aumento desmedido de la delincuencia. También es importante que los centros carcelarios cuenten con personal idóneo (psicológos, trabajadores sociales, médicos) para adoptar efectivos programas de resocialización en pro de los delincuentes.
Hay muchos hogares que se convierten en pequeños manicomios, aunque sea un palacio con toda clase de lujos o una casa muy humilde, porque la gente está ocupada convirtiendo a su "yo" en un pequeño dios y cultivando sus temores, resentimientos y rencores. Muchas personas están enfermas mentalmente, porque tienen demasiado tiempo libre y se la pasan solamente cultivando sus obsesiones y miedos. Esa pobre gente padece de egoísmo que es una enfermedad mortal del alma y está abonada por el exceso de consumismo y materialismo en que se vive. Esta sociedad, que solamente piensa en tener y poseer, lleva a los hombres a situaciones trágicas. ¡Qué dolor ver cómo el egoísmo acaba con la vida de tanta gente! ¿Padece usted de egoísmo? ¿Está demasiado preocupado por usted mismo? ¿Vive centrado en su propio "yo", rumiando su propia neurosis? ¡Pues usted puede curarse de eso! Propóngase matar el egoísmo para librarse de esa terrible enfermedad del alma. Usted no existe por y para usted mismo. El Señor lo creó para que dedique y entregue su vida totalmente a un ideal, causa, encuentro, convivencia y unión con El y el prójimo. Para salir de su neurosis y de cualquier enfermedad quizás mental que tenga, preocúpese más por los demás. Abra sus ojos, que son las ventanas del alma, mire a su alrededor y contemple el mundo y su realidad. Averigüe lo que padece, sufre y necesita su prójimo y haga asimismo un inventario de su propia vida para averiguar qué tiene para dar a los demás.
Si usted quiere ganar amigos, piense en aquello que cree que los demás desean y demuéstreles que está interesado en ayudarlos a conseguirlo. Para cultivar el buen trato, ganar amigos, convivir mejor con los demás y sentirse más feliz, preocúpese más por lo que los demás desean, ayúdeles a conseguirlo y aparezca siempre como un intérprete de los deseos y aspiraciones buenas y nobles de sus seres queridos, sus empleados, sus jefes o aquellas personas con quienes quiere entablar una relación comercial, sin comprometer sus principios espirituales y morales .
Mucha gente se sanaría de sus enfermedades nerviosas si saliera un poco más de sí mismo y se preocupara por los hambrientos y miserables que hay en nuestras ciudades y campos. Es cuestión de romper el cascarón del egoísmo para poder ver el mundo y contemplar la terrible realidad de miseria y pobreza que existe en todos los pueblos y países del mundo. Usted tiene que haber visto los innumerables casos de personas que aparecen tiradas en las calles, viviendo en casuchas miserables, pidiendo limosna o robando. Existen también problemas horrorosos de desorientación, incrementos en el consumo de alcohol y drogas y en la criminalidad. Hay que calmar estos flagelos; no podemos permanecer indiferentes. Cada persona, de acuerdo con sus posibilidades, debe integrarse en comunidades, grupos políticos, estatales, privados o empresariales para ayudar. Las comunidades cristianas y parroquiales se deben encargar de enseñar, orientar y concienciar, ofreciendo una opción en el camino y dando a tanta gente desorientada razones por qué vivir.
¡Hay tanto por hacer y usted puede ayudar! No se trata de dar más de lo que sus fuerzas y posibilidades le permitan. El Señor solamente le pide lo que usted pueda dar. Rompa ese cascarón, salga de usted mismo y conviértase en otro Cristo en la tierra. Al romper el cascarón de su propio egoísmo, podrá brindar un poco más de su amor y cariño, volcándose en aquellos que sufren hambre de amor. Piense un poco menos en sus propias cosas y comience a nacer de nuevo para que pueda ver las necesidades emocionales, sentimentales y económicas de tantas personas que sufren.
¿Sabe usted que su compañía, amistad, cariño y, sobre todo, su oración por otros puede hacer mucho bien? ¿Por qué no se preocupa un poco más por los demás? Yo le garantizo que se sentirá mejor y dejará un poco su enfermedad nerviosa. Si usted rompe el cascarón, deja su egoísmo y sale un poco de sí mismo, yo le garantizo un futuro mucho más feliz. ¡Anímese! Despierte, levántese y resurja ya de esas cenizas en las que se encuentra consumido por su egoísmo. Suba como un águila, toque las puertas del cielo y comience a amar de verdad. Confíe en el poder de Dios y podrá lograr todo lo que se proponga. El Señor lo ama y le recompensará. Recuerde que con Dios lo podemos todo, porque Con El, somos. . . ¡INVENCIBLES!
Mientras no exista la disposición de adoptar una eficaz política criminal en la que intervenga no sólo el gobierno, sino la sociedad civil, no se podrá resolver nada. Por ello debe promoverse, en todo el país, campañas educativas donde se incentiven los valores familiares, morales, sociales, culturales tan trastocados hoy día.
Así se evitará el aumento desmedido de la delincuencia. También es importante que los centros carcelarios cuenten con personal idóneo (psicológos, trabajadores sociales, médicos) para adoptar efectivos programas de resocialización en pro de los delincuentes.