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¿Por qué nos cansamos tanto? II


Para que usted se sienta con más vigor, con más energía debe aprender a canalizar esa energía, tener ideales en la vida y eliminar las cosas sin importancia.
No haga mucho caso de la gente que dice estar siempre cansada, que viven quejándose del trabajo, que siempre están como agotadas. Esas personas podrían contagiarlo e irlo intoxicando con su lenguaje, con su forma de hablar, por estar siempre tirados en una cama. Estas personas suelen decir. "¡Qué cansado estoy, no puedo más, qué vida, qué trabajo, esto es de locos, voy a morirme antes de tiempo!" Pues ese cansancio es muchas veces puramente mental, no es físico. No se contagie de esas personas. Usted puede dar mucho de sí.
Tampoco crea que la vejez es sinónimo de cansancio. Nuestros patrones culturales nos hacen pensar que ya el viejo tiene que vivir siempre sentado, acostado o durmiendo y sin producir nada. Nuestra cultura se imagina siempre al hombre de la tercera edad como un simple anciano que debe arrinconarse en la vida y esperar pacientemente la muerte. ¡El hombre mayor ha perdido cierta energía, pero no tiene que sentirse tan cansado como muchas veces piensa que debe sentirse. A veces su cansancio viene por sentirse derrotado en la vida, por sentirse inútil, por sentirse que ya poco puede hacer. Va perdiendo agilidad mental, elasticidad en los músculos, se va apoltronando y quedando arrinconado en la casa; sentado todo el día sin hace nada, sin leer, sin caminar, sin trabajar. Esto es terrible y es doloroso.
¿Sabía usted que algunos hombres exitosos realizaron grandes obras después de los 60 ó 70 años? Hombres como Dahlí, Miguel Angel y otros, seguían pintando aún después de una edad avanzada. Adenhauer seguía dirigiendo Alemania; Regan dirigía a ese gran país de los Estados Unidos; Churchill dirigió a Inglaterra durante la guerra y la post-guerra; DeGaulle también dirigió a Francia en la guerra clandestinamente. Andrés Segovia, ese gran guitarrista, a sus 92 años, sigue dando conciertos hermosos por todo Europa. Juan XXIII, a los ochenta y pico de años, todavía dirigía a la Iglesia Católica en el mundo entero.
No crea usted que tener mucha edad es señal de que debe arrinconarse en la vida. Hay que tener muchísimo cuidado con la jubilación. Esto es simplemente un cambio de actividad, no un dedicarse a hacer nada. Todo hombre, toda mujer, mientras tenga inteligencia, voluntad y cierta energía física, algo puede hacer. La actividad, el trabajo mantienen joven al hombre mayor. En la antigüedad, los que llegaban a edades muy avanzadas eran muy respetados por sus contemporáneos, porque en esas edades su experiencia y sabiduría eran mayores. El hombre de la tercera edad está en la mayor edad para, de acuerdo con la experiencia, aconsejar, guiar y hasta dar mucho de sí.
Vea su organismo sano. En meditación y en oración dé gracias de Dios por tener un cuerpo sano. Generalmente nuestro organismo está sano. Cuando medite, imagínese su cerebro; véalos sano y diga: "Señor, gracias porque mi cerebro está sano, porque puedo pensar". Imagínese su estómago y diga: "Señor, te doy gracias por mi estómago, ¡qué bien funciona! Sus riñones: "Señor, qué bien siento mis riñones". Usted se los va imaginando mentalmente. "Qué organismos más perfecto tengo, todo lo de mi organismo, qué maravilla es". Imagínese su corazón, siéntalo palpitando: "Señor, qué corazón tan sano tengo". Y así usted va repasando todos sus órganos.
Esto ayuda a reconocer que Dios lo hizo a usted bien hecho; que darle gracias a Dios por sus órganos físicos es algo bueno, y le hace a usted sentirse bien. Así sus sugestiones, sus pensamientos negativos van desapareciendo. Este es un ejercicio de concentración que la ayudará después a tener una mejor concentración en la oración para alabar a Dios.
Véase sano, véase vigoroso. Todo esto influye y condiciona su organismo. Tal y como usted sea vea, así se irá sintiendo. Si usted se ve sano y vigoroso, así se sentirá. No se esté sugestionando tanto de que está enfermo. Hay una enfermedad llamada hipocondría. Los hipocondríacos son personas que imaginan estar siempre enfermos, sin el azote y el tormento de los médicos. Los aturden con dolores que supuestamente tienen, con síntomas muy raros y todo va ocurriendo a nivel mental. Estas personas al sentirse enfermas sin estarlo, se van enfermando realmente y un día adquieren una enfermedad física, porque se sugestionan inconscientemente. Generalmente estamos sanos; si tiene alguna duda vaya al médico y siga sus indicaciones. Pero si no hay duda, mírese como una persona sana y se sentirá mejor. Y no se olvide que, ¡Con Dios usted es... Invencible!.

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