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¿Por qué nos da pereza aprender?


Hay quienes desde la época de estudiantes han creído que sólo se debe aprender lo que es necesario e indispensable para desempeñar una labor profesional específica, peor aún, que no queda más remedio que hacer el mínimo esfuerzo para solventar una situación académica. Pero, ¿por qué nos da pereza aprender? Sencillamente, porque deseamos que todo tenga una utilidad práctica e inmediata (como el niño que aprende a contar y a conocer la denominación de las monedas, para comprar con la seguridad de no ser engañado); esto sin agregar el uso de la memoria, adiestrados con pesimismo y a la ligera, actuando como seres robotizados. ¡Qué falta de aspiraciones y deseos de superación personal! Y, la culpa de esto, la tienen el deficiente sistema educativo y los padres de las criaturas.
En ocasiones encontramos a personas con la habilidad de obtener conclusiones casi instantáneamente, teniendo una respuesta y explicación para cualquier asunto; en fin, como si todo lo supieran. Sin quitar mérito a las aptitudes personales, lo excepcional -y producto del aprendizaje- es la capacidad de relacionar hechos, conocimientos y experiencias para tener un criterio bien formado y dar una respuesta oportuna y acertada en cada caso. No debemos olvidar que el perfeccionamiento personal abarca la superación profesional, por tanto, debemos preocuparnos por profundizar. Terminar la universidad, comenzar una maestría, emprender un doctorado, asistir a cursos de actualización y diplomados debe ser lo natural.
No podemos olvidar que en el mundo laboral de hoy tener un título universitario ya no es suficiente. Es necesario ir más lejos si se desea un progreso real. Sin embargo, hay otras áreas que en apariencia no se relacionan directamente con nuestro trabajo: historia, filosofía, doctrina, literatura, relaciones humanas; o conocimientos técnicos y científicos: manejo de programas para ordenadores (computadoras), administración empresarial, funcionamiento del cuerpo humano, primeros auxilios, nociones de mecánica automotriz o cualquier destreza manual. Obtener conocimientos adicionales a nuestra profesión u oficio será siempre de utilidad práctica y nos brindarán un panorama más amplio de la vida.
En cierta forma podría decirse que todo comienza como un pasatiempo, quien aprende por sí mismo disfruta de la actividad sin cuestionarse el cuándo y para qué le servirá el tema en cuestión, y cada vez le es más fácil aprender, pues al igual que el cuerpo humano, el intelecto también necesita desarrollarse.
Cuando no estamos humana y profesionalmente preparados, somos incapaces de prevenir y resolver problemas: si un padre de familia no advierte la formación que sus hijos reciben en la escuela, no encontrará explicación a sus cambios de conducta; tener una empresa dejando la administración en manos de otros, no siempre es conveniente; manejar personal sin tener nociones básicas del comportamiento y naturaleza humana, nos lleva a un trato impersonal; desconocer la dignidad del matrimonio y la familia, puede tener como resultado la disfunción de la misma.
Ante la incapacidad, nos convertimos en dependientes de las circunstancias y de las personas, buscando culpables y eludiendo responsabilidades. Una persona en constante preparación, se muestra interesada en todo lo que rodea a sus semejantes porque quiere superarse y encontrar la manera de ser más útil.
Las costumbres han cambiado en los últimos 50 años; ahora se habla de calidad y liderazgo; sobre controversias actuales de la vida humana; los conflictos políticos nacionales e internacionales. Podríamos llenar de ejemplos y la conclusión sería la misma: es necesario aprender más para comprender mejor lo que sucede en nuestro país y en el mundo, para dejar de pensar que todo es obra de la casualidad o producto del empeño de unos cuantos.
Para crecer en este valor, necesitamos tener en mente que aprender algo nuevo no es pérdida de tiempo, es una forma de alcanzar la superación personal. Podríamos argumentar falta de tiempo y necesidad de descanso, pero todo es cuestión de organización y esfuerzo, tal vez en forma gradual, pero continua.
Para reforzar el valor de aprender se debe: Tener el hábito de leer al menos un libro por mes; inscribirse en un curso de actualización, maestría y un doctorado; escuchar noticieros, leer el periódico y acercarse a medios que le proporcionen información sobre la realidad actual.
gemiliani@cwpanama.net

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