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Por qué participar en política


Mis estudios sobre la Enseñanza Social de la Iglesia en la Universidad Católica de Washington, D.C., donde obtuve una Maestría en Sociología, me convencieron de la importancia de la política como instrumento del bien común.
La política no es la única ni la mejor manera de servir pero, si en una democracia el gobierno es del, con y para el pueblo, ¿cómo puede el cristiano evadir su deber político de trabajar con y para el prójimo asumiendo la responsabilidad de tratar de orientar el poder público para influir en la toma de decisiones para el mejor servicio de la comunidad?
Participar en la política no es fácil. Es frustrante. Son diversas las razones que mueven a la gente a participar en política y justos pagan por pecadores. Quienes se mueven en este ámbito saben que tienen mucho que perder; se está en la mirilla del público y no importa cuán bien intencionadas sean sus actuaciones, la opinión pública tiende a generalizar la corrupción de un político a todos los demás (cosa que no sucede en otras actividades). Es el campo en el que la gente aplica por excelencia el dicho: " piensa mal y acertarás".
Algunos políticos se autodenominan "independientes" como si con ello escaparan el "estigma" que acompaña el ser "político". Lo que diferencia al "independiente" del político que funciona en un partido es que él o ella toma sus decisiones sin tener que compartirlas en grupo, es decir, se libera del proceso democrático por excelencia de tener que enfrentar puntos de vista diferentes a los suyos hasta lograr su consenso.
Hace unos días, cuando el Lic. Rubén Arosemena, presidente del Partido Demócrata Cristiano, me invitó a presentar mi candidatura para Legisladora por el Circuito 8-8, mi primera respuesta fue de rechazo. Da la casualidad (?) que esa misma tarde, el Rev. Padre R. Torres se refirió en una misa a la responsabilidad política del cristiano. Claro, el Padre se refería a todos pero lo tomé en forma personal. Yo misma había escrito un artículo ("Yo no soy política") publicado hace años en este mismo diario sobre esta responsabilidad.
¿Cómo podía negarme ahora? Hoy soy candidata a Legisladora del circuito 8-8: Ancón, Bella Vista, Bethania y Pueblo Nuevo.
Tengo una vasta experiencia de trabajo que puedo aportar a la Asamblea. Cuando regresé con mi maestría en Sociología fui contratada por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) en Bogotá, Colombia, y posteriormente participé en una investigación que sirviera de base para la reconstrucción de un pueblo destruido por un terremoto. A mi regreso a Panamá trabajé en un programa de Organización y Desarrollo de la Comunidad (Punto IV) trabajando con las comunidades urbanas y rurales de todo el país para lograr una mayor participación de la gente en la solución de sus propios problemas e ingresé como docente a la Universidad de Panamá. Posteriormente, Mons. Marcos McGrath, recién consagrado Obispo Auxiliar de Panamá me pidió dirigir el Departamento de Investigación y Acción Social de la Arquidiócesis. Trasladado Monseñor a Veraguas, pasé al Instituto de Vivienda y Urbanismo (IVU), bajo el Arq. Jorge Riba, para dirigir un estudio de las barriadas de emergencia del distrito de Panamá (y San Miguelito) que se usaría para lograr fondos internacionales que sirvieran al desarrollo urbano del Distrito tomando en cuenta la explosión demográfica de la ciudad. En 1968, poco después de terminado este estudio, fui electa Diputada del PDC por la provincia de Panamá y once días más tarde (11 de octubre) se dio el golpe de Estado militar. Allí terminó mi carrera en la Asamblea Nacional así como el futuro del proyecto de las barriadas de emergencia. Mi lucha por los derechos humanos me costó culatazos y carcelazos y me obligó a salir del país, algo que aproveché para continuar estudios obteniendo una Maestría, un Doctorado y un Postdoctorado en Psicología. En Miami trabajé con el Depto. de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Miami atendiendo a familias hispanas de pocos recursos, a la vez trabajé como consultora de Centros de Salud Mental. En 1985, me reincorporé, hasta el día de hoy, a la Universidad de Panamá como profesora de tiempo completo aunque en 1993, el Depto. De Psiquiatría de la Universidad de Miami me contrató, por unos meses, para dirigir un Entrenamiento para Desastres, orientado a profesionales comprometidos en los trabajos de rescate de personas afectadas por el huracán Andrew.
Desde mi regreso(1985) he sido miembro de: Comité Panameño por los Derechos Humanos. En 1990- 91Comisión Presidencial para la Reconciliación Nacional, bajo Mons. Marcos McGrath y Junta Técnica Nacional de Salud Mental; y hasta 1995, Representante de Panamá ante la Junta Directiva del Canal.
Posteriormente fui miembro y Presidente de la Directiva del Instituto Panameño de Desarrollo Municipal (IPADEM).
¿Por qué quiero ir a la Asamblea? Porque necesitamos una Asamblea renovada con personas responsables, con experiencia y comprometidas con el País. Yo quiero llevar mi experiencia a la Asamblea para lograr leyes que promuevan: las condiciones necesarias para la creación de trabajo; el máximo aprovechamiento y uso eficiente del Canal y de nuestro territorio como recurso para la industria de la comunicación y transporte mundial y del turismo; la participación más responsable de nuestra comunidad en su desarrollo; la adecuación de la educación a las necesidades del país y de la vida moderna; la preparación para y protección de la familia, los ancianos y los más desvalidos, así como la readecuación de la seguridad social de modo que podamos garantizar su efectividad y su futuro. Es por todo esto que considero obligante participar en la actual campaña electoral y renovar la Asamblea, lo que espero lograr con la ayuda de la comunidad.

101 años de Panamá América

 
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