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¿Por qué ser defensora del pueblo?


Mucho he reflexionado sobre el futuro de nuestra democracia. Sobre la necesidad que ella tiene de esforzarse para organizar la vida común de una forma justa y digna; sobre los importantes retos que enfrenta, pues debe aprender a conjugar, por una parte, la participación ciudadana con el necesario control del poder político y, por otra, la eficacia económica y administrativa con la voluntad común de los ciudadanos.
Estos retos exigen no sólo la discusión pública sobre el tipo de democracia que se desea y la forma de alcanzarla, sino también los mejores proyectos de los gobernantes para la continua satisfacción de los gobernados.
Hemos observado y experimentado en el pasado, una práctica distinta a la descrita. Hemos visto cómo los gobernantes tienden a usar el poder en su propio provecho. Una vez que lo han conquistado, intentan perpetuarse en él por todos los medios.
Los gobernados caemos fácilmente en la pasividad, al ver que cualquier esfuerzo sirve muy poco, y acabamos reducidos a la vida privada (familiar, de amigos...), porque resulta más gratificante. Así hemos estado los gobernados: nosotros, la fuerza productiva del país, el pueblo de Panamá.
Creo que es realmente necesario, que los ciudadanos y ciudadanas asuman la responsabilidad nacional y participen en las cuestiones públicas, critiquen objetivamente y aporten soluciones para que los gobernantes (legisladores, ministros...) recuerden que sus metas son exclusivamente la justicia y el bien de los ciudadanos.
Y es que deben mirar a cada ciudadano y ciudadana como una persona que nace con condicionamientos biológicos, psicológicos y sociales. Que cada uno es capaz, desde sus condiciones particulares, de contribuir con sus propios proyectos al bienestar y desarrollo del país, que están preparados para construir su propia historia a través de la realización de sus planes y metas. Este análisis me ha impulsado a postularme como aspirante a Defensora del Pueblo de Panamá.
Siento una gran complacencia por haber tomado esta determinación. ¿Por qué lo hago? Porque es el momento de levantar la voz y exigir que se nos escuche. De tener la oportunidad de que se recuerde, que el pueblo de Panamá, el que no escribe ni habla en los medios de comunicación frecuentemente, la clase trabajadora, piensa, opina y quiere defender su propio derecho. Momento de probar la credibilidad de aquellos a quienes elegimos para representarnos.

101 años de Panamá América

 
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